CUANDO NADA QUEDE

Al fondo de la red

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Por Geoff Hernández (@geoffhernandez)

1. Cuando nada me quede, aún seguiré teniendo en mis bolsillos noches como estas, donde la virtud y el fulgor del pasado se unen con la ilusión y el temor del presente. Porque a veces se intenta separar lo emocional de la élite del deporte y es, quizás, el apartado más importante. Hoy la furia de aquellas veladas históricas de Barcelona regresó a Sevilla por 45 minutos y bastó para triturar a una versión del Athletic gris, triste y aún melancólica por ese sello que dejó la derrota ante Real Sociedad.

2. Ronald Koeman se graduó este año de arquitecto. No le tembló nunca el pulso para jugar con distintos modelos a pesar del inicio hórrido en la Liga. Y como quien cimenta su futuro en la fe, sostuvo esas rotaciones hasta encontrar la zona de autoridad en su equipo. En el 3-5-2 y el 4-3-3 plasmó la idea principal del partido en esta final de la Copa del Rey. Revivir el Barcelona de los laterales, y situar a Busquets más cerca de Messi en fase ofensiva. Les costó, pero al lograrlo, el Athletic se derrumbó como un castillo de naipes.

3. Perder contra Real Sociedad fue un sacudón que en 14 días no se supera. Los jugadores tienen memoria corta, dicen en cada esquina los futboleros, pero la realidad es que hay derrotas que marcan una temporada. Y Marcelino, además de lidiar con los efectos secundarios de esa batalla (tocados Muniain, Yeray y Williams), pretendió salir campeón conjurándose a los milagros de Unai Simón y al mano a mano en la contra de Iñaki contra el infiltrado Piqué.

4. El problema es que no imaginó que Piqué, con la rodilla repleta de analgésicos, tiranizaría la zona de Williams y Raúl García. Si ese plan ofensivo fallaba, no había nada más. Tanto fue el vacío en el proyecto de juego de Marcelino, que Barcelona mantuvo la pelota en su posesión el 86% del tiempo en la primera parte. No hay una muerte más angustiante y lenta en el fútbol que correr todo el partido detrás de la pelota.

5. Y Barcelona tampoco estuvo fino en el primer tiempo. Mientras las piernas les alcanzaron al Athletic, Berenguer y De Marcos neutralizaron a un Serginho Dest que sigue sufriendo cuando no tiene espacio libre y pase en profundidad. Y en el otro lado, Balenziaga y Unai López se encargaron de frenar a una versión estridente de Jordi Alba que no paraba nunca de irse a la raya.

6. Así transcurrieron los primeros 45 minutos, con el empate 0 a 0. Pero había un claro mensaje oculto en La Cartuja: si Barcelona anotaba una vez, el huracán no pararía. Y vaya que así ocurrió.

7. El segundo tiempo del Barça fue un homenaje para las cenizas del mejor equipo de la historia que aún de vez en cuando aparecen en España. Leo Messi, el tirano, consiguió en Frenkie de Jong un socio trajeado de Alves. El neerlandés le pivoteó, se asoció, lo habilitó, y se encargó de abrirle los espacios necesarios para que el Rey extendiese su cetro todas las veces que quiso.

8. En ocho minutos se resquebrajó la falsa oposición de Athletic. Del 60 al 68, fue el Barcelona de Luis Enrique, pero sin Neymar ni Luis Suárez. Y este es el mejor halago que existe para este Barcelona. Careciendo de un 9 de verdad, y con un Messi con más kilómetros encima, logró golpear sin piedad cuando la pelea se lo permitió.

9. Mención honorífica para dos guerreros silenciosos que casi nunca tienen los flashes encima: Oscar Mingueza y Antoine Griezmann. El primero es un ejemplo para quienes deseamos alcanzar la gloria en cualquier disciplina u oficio. Porque después de recibir la oportunidad de su vida en el primer equipo, cambió su dieta. Mejoró su sueño. Duplicó el entrenamiento, contrató a un psicólogo, y se alistó para jugar como el mejor central-lateral del mundo, sin estar ni cerca de serlo. Y lo logró.

10. Antoine sigue siendo un misterio. Y como dijo Tácito, Todo lo desconocido se supone maravilloso. El francés es un ente no identificado que siempre sonríe, que marca diagonales sin importar si le pasan o no el balón. Un obrero que ayuda en las transiciones defensivas, y que en esta Copa del Rey guió a Barcelona a un campeonato que parecía imposible luego de tantos tropiezos. Es admirable ver como la humildad de un campeón del mundo le ha permitido conseguir un espacio nuevo para él, pero de gran importancia en la pizarra de Koeman.

11. Para Busquets guardo el final. Es ese reloj de arena que a veces te engaña creyendo que dejó de funcionar, y cuando menos te lo espera, ahí está. Interceptando, ganando el 95% de los duelos en el campo. Lanzando el 100% de efectividad en balones cruzados. Tocando la pelota en 93 ocasiones, y sólo fallando un pase, y conquistando el mediocampo rival con cerebro más que con piernas. Sacando al irrepetible Messi, Sergio es y siempre será la Magnum Opus de la cantera del Barcelona.

12. Cuando nada me quede, espero tener en mis memorias las fotografías de los triunfos de mi vida que llegaron en la hora más oscura. Porque las victorias tienen un sabor totalmente distinto al conseguirse después de escapar del infierno. Y el Barcelona del 2-8, de Bartomeu, de Anfield, y del 1-4, alzó su primer título, compite por el segundo y se atrevió a trajearse del profeta Elías en la franela de campeones: ‘La primera de una Nueva Era’.

13. Que sea el destino una vez más el juez de esta generación.

 

 

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