EL CANTO DE LAS SIRENAS

A un toque

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Por Geoff Hernández (@geoffhernandez)

1. Meneo académico. Una ceremonia futbolística total dio la Argentina ante Polonia asegurando la clasificación y el primer puesto del Grupo C. Como aquellos que pagan una entrada para disfrutar del arte en el teatro o la música, así fue la noche furiosa de la Selección. Una sinfonía de 90 minutos donde nos paseó con exactitud por todo el repertorio disponible en el grandioso equipo de Scaloni que lleva iluminando el mundo del fútbol desde hace tres años y medio.

2. Dijo Henry Hudson en 1608 que su embarcación pudo avistar la presencia de una Sirena que atormentaría su mente por muchos años, y que lo más increíble de este ser mitológico era su voz. Un sonido inigualable, hermoso, mágico y capaz de doblegar la voluntad de los hombres. Contra esa voz incesante Argentina debía luchar. Porque Polonia no tenía planes de jugar al fútbol, nunca lo ha hecho y nunca lo hará. El canto dirigido por Czeslaw Michniewicz era una invitación a los laterales a llenar de centros cruzados el área resguardada por Glik y Kiwior.

3. Nahuel Molina y Marcos Acuña de lejos oían esa voz, esa sugestión de ver cómo por dentro la circulación era atractiva, intensa y con dinámica, pero sin referente de área lo mejor era finalizar desde el costado con un centro. Y aquí Argentina tuvo su primer pequeño triunfo. No cayó nunca en la trampa propuesta por Polonia. Muteó El Canto de la Sirena, y se mantuvo rígida en sus convicciones. Circular el balón de adentro hacia afuera, y viceversa las veces que fuese necesario hasta que quedara un hombre libre.

4. Enzo Jeremías Fernández, tal cual como lo anticipamos en aquella señal de un nuevo tiempo, llegó para quedarse. Amo y señor del puesto cinco, y protegido por dos bestias competitivas como Alexis Mac Allister y Rodrigo De Paul. Enzo leyó la partitura del juego como si fuese Gustavo Dudamel. Anticipaba cuando sus espaldas estaban cubiertas, progresaba la posesión hacia las bandas sin comprometer a Di María o a Acuña, y pisaba el área después de diagnosticar el retroceso inevitable de Bielik y el flojísimo Krychowiak. La mediacancha es su laboratorio y de allí se promueve una versión espectacular de esta Argentina.

5. Paciencia, profundidad y precisión. La triple ‘P’ donde se asentó el plan de Scaloni, y donde también se recostarán muchas de las batallas que están por venir. Cuti Romero y Nicolás Otamendi son dos murallas infranqueables. Sea Lewandowski, Jiménez, Richarlison o quien usted desee, tendrán que rozar la perfección para girar a los centrales, y quedar de cara a Emiliano Martínez. En 95 minutos en el Estadio 974 el enorme Robert Lewandowski no ganó ni un solo duelo ante estas fieras indomables.

6. Argentina sostenía el balón. Se adueñaba de los espacios, y hacía retroceder a la doble línea de cuatro de Polonia. Los minutos pasaban. Leo Messi se afirmaba en su zona de autoridad, tres metros detrás de la medialuna, estiraba la batuta y destrozaba la pizarra de Michniewicz con fútbol. No recuerdo la última vez cuando Leo sometiese a placer un planteo rival de esta manera. Acuña hacía lo que sus capacidades le permitía, pero como extrañó el 10 a un Jordi Alba por la izquierda. A la espalda de Bartos Bereszynski había un Tomorrowland esperando por ser disfrutado con aquellas colgaditas del Capitán.

7. Gracias al cielo Leo falló ese penal inexistente a los 40 minutos. Hubiese sido un lunar injusto en el análisis del desarrollo de una película rodada con perfección por la Argentina en todo el primer tiempo. Los odiadores de Messi y de esta Selección tendrán que seguir acobijados, pues donde reina el fútbol con conceptos y valentía no cabe ni un momento la suspicacia o la duda.

8. El fútbol y la justicia, como he dicho alguna vez, son universos contrapuestos. Es más común la injusticia visitando este deporte, pero hay días donde los sensores que rigen esta disciplina deciden unirlos, y no hay un mejor ejemplo que el gol de Alexis Mac Allister. Luego de sufrir en VIP un derroche absoluto de talento por parte de Wojciech Tomasz Szczęsny, muchos tuvieron miedo. Y es normal. Las paradas sobre los remates de Messi, Julián Álvarez, Di María, y cía, además del penal de Leo podía promover el temor colectivo, y la segunda aparición del Fantasma de la Ópera en este Mundial. El Canto de la Sirena se hacía intenso, pero más pudo el poder de la idea.

 

9. Cristian Gabriel Romero con ese nuevo rasgo que está adhiriendo a su amplio repertorio, el pase vertical profundo en salida, logra conseguir 20 metros adelante a Di María, quien va cocinando la jugada hasta que ve el desdoble de Molina Lucero, este centró de manera rasa y le llegó a Mac Allister, para concretar un remate mordido pero con el suficiente veneno en las venas como para derrocar la tiranía del arquero de Polonia.

10. A partir de ese gol, Argentina encendió su habano, puso a Paul Buchanan en el tocadiscos, sirvió una copa de whiskey a las rocas y empezó a finalizar el guión de un largometraje que nos producirá sonrisas y emociones por muchos años. El meneo académico que destrozó a Polonia.

11. Mención honorífica a Los niños de River: Julián dio tantas cosas con balón y sin balón que se me complica no imaginarlo en la alineación titular ante Australia. Su presencia le otorgó segundos y metros valiosos a Leo Messi para que estirase su cetro y atormentase a Polonia. La Argentina de los mediocampistas está viva, y mira como son las cosas, en sólo una semana se recuperaron los conceptos, las sensaciones, los goles, y los intérpretes correctos para seguir avanzando en esta Copa del Mundo.

12. Rodrigo De Paul, el regenerado, dijo en el pospartido: ‘Me quedo con la respuesta del equipo después del penal de Leo, porque nunca nos confundimos acerca de cuál era el camino hacia el triunfo’. Y si has estado prestando atención desde el inicio de este relato, el camino era claro e innegociable: desempolvar la partitura que les dio una Copa América y una Finalissima, y especialmente ignorar El Canto de las Sirenas que pretendía seducirlos en Qatar.

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