SIMEONE Y SUS AÑOS EN LA SELECCIÓN: “ESTOY TRANQUILO POR LA MARCA QUE DEJÉ”

A un toque

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Parado en la banquina de la Ruta 2, Diego Simeone giraba hacia su derecha y veía a Ruggeri y Batistuta. Movía su cabeza y se encontraba con el Pájaro Caniggia. Y ahí, en medio de esos nombres de peso, también aparecía Diego Maradona. En su regreso a la Selección tras el Mundial de Italia, el Diez eterno esperaba como uno más la llegada de un nuevo micro. El ómnibus que trasladaba al plantel a Mar Del Plata había roto su aire acondicionado. Ardía el verano, se acercaba el amistoso con Dinamarca y el Cholo aprendía que el compromiso por la camiseta argentina no se negocia.

Era febrero de 1993 y el equipo que dirigía Coco Basile venía de empatar contra Brasil 1 a 1 en el Monumental. A esa altura, la hoja de ruta de Simeone ya sumaba tres vuelos entre la Argentina y España. Y faltaba uno más después del partido contra los campeones de la Eurocopa ’92. Todo, en apenas 11 días. Y cada viaje lo había realizado junto a Maradona, su compañero en Sevilla en aquel momento. “Después de ese esfuerzo que acababa de hacer Diego… ya está. A partir de eso dije: ‘Si el más grande es capaz de hacer todo esto, los que venimos después estamos doblemente obligados'”, comentó el Cholo en el libro Por amor a la camiseta, del periodista Cristian Grosso.

El Cholo Simeone, feliz tras ganar la Copa América de 1993; el último título logrado por la Selección hasta hoy.

Vaya si el ex futbolista comprendió el mensaje y destiló sentimiento por la Selección. Su currículum indica que jugó 106 partidos entre 1988 y 2002. Lo dirigieron Bilardo, Basile, Passarella y Bielsa. Estuvo en tres mundiales y logró la Copa América de Chile 1991 y la de Ecuador 1993 (el último título de la Argentina hasta hoy). Y siempre, sin pedir descanso. “Cuando jugaba en el Atlético de Madrid, los dirigentes me decían que no fuera al seleccionado, porque debía tomarme vacaciones para después rendir mejor. Y yo les preguntaba: ‘¿Quién te asegura que si me tomo vacaciones voy a jugar bien?’ Nadie”, recordó Simeone alguna vez.

En su inconsciente quedó alojado el raid de celeste y blanco. “Primero jugué la Copa América del ’91. Después me quedé fuera de los Juegos Olímpicos ’92; entonces ahí sí, en julio del ’92 fueron mis únicas vacaciones. Luego vinieron la Copa América ’93, las Eliminatorias de ese año, el Mundial ’94, la Copa América ’95, los Juegos Olímpicos ’96, las Eliminatorias ’97, el Mundial ’98, la Copa América ’99, las Eliminatorias 2000 y 2001, y el Mundial 2002. No paré. Y jamás me voy a arrepentir”, expresó el Cholo al mirar por el espejo retrovisor. ¿Qué le generó esa huella? “Más que orgulloso, estoy tranquilo por la marca que he dejado”.

 

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