Desde el cielo te voy a alentar

A un toque

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Cuentan que esta esta vez no desfiló con la interminable caravana azulgrana, tal como lo hizo aquel domingo 25 de junio de 1995, cuando apenas pudo acomodar su cuerpo en el Gigante de Arroyito y, por primera vez en su vida, se dio el gusto de ver campeón a San Lorenzo. Tampoco que avanzó en una cola desordenada en el Nuevo Gasómetro, al igual que esa tarde freezada del 10 de junio de 2001, en la que gozó con el título obtenido por el equipo de Manuel Pellegrini en su sprint ganador.
Ahora, su rito fue distinto al de cualquier hincha del Ciclón que se pasea entre los mortales. Dicen que no llegó temprano a la esquina de San Juan y Boedo, ni tampoco hizo equilibrio en las sillas del bar de Homero Manzi para ver alguna imagen del partido. A paso calmo y lejos de los empujones que resistió en varios estadios, asomó sobre la hora en el cielo tormentoso de Liniers. Y en soledad, desde arriba de todos, contempló la cancha de Vélez. Hasta se animó a ponerle la voz a los hits que cantaban algunos hinchas visitantes en la tribuna angosta.

SanLorenzo

Se lo vio radiante durante la tarde-noche, confiaron aquellas almas que lo observaron muy de cerca. Hasta estiró las manos junto con Torrico en la volada gloriosa. Y en el final del partido, cuando quedó firmada la consagración de Pizzi y cía en este Torneo Inicial, estalló en un grito único. De alto volumen. El mismo que hizo vibrar y repercutir los corazones de quienes conocimos su pasión azulgrana. Porque en este domingo 15 de diciembre de 2013, el título de San Lorenzo nos devolvió la imagen inolvidable de Darío Verde.
Ese personaje apreciable que se despidió en la Navidad de 2003, a los 32 años, cuando nadie imaginaba una partida tan inmediata. Y con su sentimiento intenso por el Ciclón, sigue presente en nuestro recuerdo. Ahora. Y siempre.

 

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