A un toque
El dueño de la pelota
Dijo no querer hablar sobre Carlos Bianchi, a quien hace unos meses sentía “como un padre”. También elogió a Bichi Borghi y, en un viaje vertiginoso, lo llevó arriba de todos los técnicos de la Argentina. Y en tono convencido, soltó frases de agradecimiento a Argentinos por haberle dado el pan de cada día a su familia. Juan Román Riquelme volvió al hogar de sus inferiores y, el recorrido de diferentes nombres, mencionó a Carlos Balcaza. Un personaje que colaboró en el horneado de su talento. Lo dirigió en la Octava y Séptima del Bicho, en aquellos días en que JR enfocaba sus ojos en Fernando Galetto y José Luis Villarreal. Lejos de pensar en adherir el 10 en su espalda, le fascinaba moverse como volante central. Era un 5 de alta costura. El dueño de la pelota.
“Algunos me decían que lo tenía que poner de enganche, porque le faltaba marca. Pero lo ponía de volante central porque desde ahí manejaba el partido y obligaba al diez rival a que lo marcara a él. Era un cinco como Gorosito en sus primeros años de River, un cinco lujoso que cambiaba de frente, metía pases de gol y se cansaba de tirarle pelotazos exactos a los delanteros“, recordó Balcaza, tiempo atrás, en la revista Mística. Y con los ojos en el pasado, aportó otra fotografía de Riquelme en las inferiores de Argentinos: “En la final de un torneo que jugamos en Italia, nos enfrentamos al Borussia Dortmund, que tenía una dinámica bárbara. Ahí lo puse de diez, pero enseguida empezó a hacerme señas para volver a jugar como cinco. Retomó su posición y marcó el gol que fue clave para que saliéramos campeones”.
Ecos que no volverán…

Los rostros de Sabella y Messi retratan la frustración argentina tras la derrota contra Alemania. Foto de Jamie McDonald/Getty Images South America / Vía Zimbio
Por Geoff Hernández (@geoffhernandez)
1- Si tan solo hubiese entrado esa, Pipa. Si tan solo hubieses sido vos, Leo. Si tan solo la torpeza de Palacio se hubiese tomado un día libre. Sin tan solo. Lo más curioso de todo fue que el mejor partido de la Argentina llegó contra el rival más fuerte. Otra teoría acertada. Mientras más fuerte fuese el rival, mejor responderían. A Los hermanos del norte no se los perdona, ni se lps deja vivo. Te aniquilan si lo haces, y así ocurrió. Los alemanes terminaron exigidos al máximo y apelando a la frescura física para poder derribar un muro de esperanzas y de buen funcionamiento liderado por el eterno Mascherano. Goetze, de no ser nada ni nadie, a serlo todo.
2- La lesión de Khedira lo cambió todo. Alemania, sin el 6, es otra máquina no tan perfecta. Kroos fue el que más sintió la ausencia de su socio. Tomó responsabilidades más altruistas, realizando movimientos que liberaran a un imperial Schweinsteiger, que fue el héroe del día. Toni no tuvo espacios. Toni no participó. Bastian lideró a los dirigidos por Joachim Löw, se trajeó de Muller, y se convirtió en Capo. Los hizo jugar a todos, desnudó a Rojo y a Biglia. Él solo. El culpable de la paciencia teutona fue él. Partido que jamás olvidará. Continue Reading
La obsesión de siempre
-¿Una meta?
-Ganar muchos títulos.
-Ganar le gusta mucho…
-Cuando ganás, estás contento; cuando perdés, estás siempre mal y pasás el tiempo pensando dónde y cómo has fallado. A mí nunca me gustó nada perder, desde bien chiquito.
-¿Un sueño?
-Ser campeón del mundo con la Argentina.
La última respuesta, a cargo de Lionel Messi, fue certera. Una definición de honestidad brutal. La soltó hace seis años, en una entrevista con el periodista italiano Luca Caioli, para su biografía El niño que no podía crecer. Y en este tiempo, la Pulga convivió con esa obsesión en su envase de 1,69 metro. Fue un coleccionista de éxitos con Barcelona, en el que festejó -entre otros títulos- seis ligas de España, tres Champions League y dos mundiales de Clubes. Es más, la temporada 2012-13 lo encontró como un gran perforador de redes, con 91 goles en total, un hito en la historia del fútbol. Y el Balón de Oro llegó a sus manos cuatro veces consecutivas (2009-2012). Sin embargo, la fantasía de lograr un Mundial, vestido de celeste y blanco, sigue alojada en su inconsciente. Late todo el tiempo. Ni siquiera le quitaron intensidad el Mundial Sub 20 conseguido en 2005 y la medalla de oro obtenida en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Messi sueña un sueño posible. La fecha, y su ilusión, dan vueltas y vueltas. Domingo 13 de julio de 2014. El día que, en el pensamiento de Messi, puede ser un gran día.
Cambio de trama
Cada selección tiene su libro de aventuras. En sus páginas pueden leerse capítulos de introducción, esos que permiten conocer a los protagonistas y su estado de ánimo por los resultados. Y de pronto, todo cambia en la trama. La obra se mueve hacia otras coordenadas. La Argentina entiende de este tipo de obras vertiginosas y, a la espera del final de las ventas, recuerda la página en que modificó su argumento. Ocurrió el 15 de noviembre, en el calor de Barranquilla. Después de la derrota contra Venezuela en Maracaibo y el empate ante Bolivia en el Monumental, Sabella redactaba con preocupación. Un sudor frío recorría su cuerpo por ambos resultados y, para colmo, la Selección perdía con Colombia 1 a 0 al cierre del primer tiempo. Entonces, el DT cambió la línea del libro celeste y blanco. Entre los gritos de dolor de Nicolás Burdisso por la rotura de ligamentos, movió fichas en su tablero verde: afuera Cholo Guiñazú, adentro Kun Agüero, y José Sosa unos metros más adelante. Y en ese momento, el tomo del ciclo Sabella asomó en las principales editoriales.
Un dolor infinito
Sólo compartí un año de redacción con Jorge López. Ese tiempo, corto e intenso, sirvió para descubrir y admirar su capacidad de trabajo. Tomaba el teléfono y apretaba sus números a toda velocidad para lograr entrevistas con Saviola, Aimar y Ortega, los nombres difíciles de contactar en River, allá por fines de los ’90 y principios de 2000. En la vida del Topo, no había notas imposibles; siempre eran reales. Y pronto, retrataban las páginas de Olé con su firma. Nos reencontramos en octubre de 2005, por un partido de Eliminatorias de la Selección, en Montevideo. Recuerdo su saludo, como si me hubiera visto pocos días atrás, cuando, en realidad habían pasado varios años. No había olvidado algunas coberturas en dupla en las canchas del Ascenso. Hablamos de nuestros caminos por el periodismo y de Messi, su debilidad. Aquel juvenil que había descubierto en Barcelona, mientras trabajaba en el diario Sport, y ahora pedía pista en el seleccionado con el acelerador a fondo. Verlo en la foto que retrata este post, y leer que sólo tenía 38 años, una esposa y dos hijos, impacta con fuerza en el ánimo. Se fue uno de los buenos del periodismo. Uno de los talentosos que tenía ese fuego sagrado para encontrar y teclear historias de alto vuelo, como lo recordó Nicolás Berardo en su columna de Olé. La vida abrió una herida que duele en Buenos Aires y Barcelona. Pasan los días y cuesta entender que tres delincuentes le cortaron sus sueños. Es un dolor infinito. Una tristeza insoportable.
En el Arena de San Pablo. Hay que volver el 9 de julio! pic.twitter.com/itjj3X7C5d
— Jorge Lopez (@jorgetopolopez) junio 30, 2014
Orgullo, pasión y gloria…

Maxi Rodríguez ya convirtió su penal y los jugadores argentinos empiezan a festejar el pase a la final. Foto de Matthias Hangst/Getty Images South America / Vía Zimbio
Por Geoff Hernández (@geoffhernandez)
1- Detenerse en el análisis por un momento y sonreír, porque el fútbol ha demostrado una vez más que los números, las letras y los matices previos al pitazo inicial son sólo eso. Intangibles intrascendentes. Porque lo que se logra con el corazón, ni el más perfecto de los sistemas tácticos lo puede romper. Argentina es la ilusión de un sueño atrasado. Es la esperanza de 40 millones de personas que están fatigados de tantos fracasos, de burlas y de ver cómo al mejor jugador de la historia se le alejaba la cita con el destino, pero la justicia, ese ángel celestial que aunque muchos duden de él, existe, le regaló a esta generación una oportunidad única, de enfrentarse a la perfección e intentar coronarse como reyes del mundo.
2- Mascherano es la representación del pueblo latinoamericano. Su orgullo, su coraje, su limpieza en los movimientos y, sobre todo, su don inefable de corregir cada micro fallo que tengan sus compañeros lo hace un héroe. Jamás en la vida se podrá olvidar esa barrida milagrosa sobre Robben casi finalizando el partido. La línea invisible entre la gloria y la desgracia. Esa es la síntesis de una Argentina que sin él no tendría sentido. Se encargó de fusilarle la vida a Robin van Persie, de ser escudo de los marcadores de punta cuando las situaciones del juego lo exigiesen, y de ejecutar con precisión los primeros pases. Con él a la cabeza es imposible no mantener la ilusión hasta el final. Continue Reading
Entre la soberanía y la destrucción

Kroos festeja su primer gol, el tercero de Alemania en el histórico triunfo contra Brasil. Khedira y Klose se suman al grito. Foto de Buda Mendes/Getty Images South America / Vía Zimbio
Por Geoff Hernández (@geoffhernandez)
1- Porque jamás en mi vida vi algo tan maravilloso. Un acontecimiento que sólo el transitar de los años podrá descifrarnos lo que realmente ocurrió. Soberanos y señores, así se plantearon los futbolistas alemanes, fieles creyentes a una evolución que viene in crescendo desde las bases de las derrotas, y que fundamenta su esencia en la perfección, la necesidad de superar los límites de la competitividad y la firme intención de adueñarse del mundo. Resta un solo paso. Aniquilaron y trituraron sin piedad a la historia y a toda una nación, que en sus adentros se conocía inferior pero que jamás, ni en sus más tétricas pesadillas, imaginaría sentir en sus pieles el fuego de la destrucción.
2- Toni Kroos y Sami Khedira, los arquitectos de lo perfecto, de lo sublime, de lo increíble. Secuestraron el mediocampo sin pedir rescate alguno, sacaron el cuaderno de apuntes y le dieron una lección de lucidez y de correctas toma de decisiones a un pobre Fernandinho, que sólo corría y corría y lo único que veían sus ojos eran el ‘6’ y el ‘18’. Kroos levantaba la cabeza y percibía el caos brasileño; cuando le cedes espacios a un asesino como Toni, todo está perdido. Jugó a placer. Yendo, viniendo, permutándose, orientando al equipo, y multiplicando los esfuerzos de Khedira. Entre los dos firmaron una sinfonía que Keamen y Mozart con seguridad celarán. Las ejecuciones son el resultado del pensamiento. Y el pensamiento nace con la convicción y el conocimiento pleno de tus habilidades. Continue Reading
Una estrella argentina opacada por Maradona y Messi
Por Gabriel Tuñez (@gabtunez)*
Alfredo Di Stéfano pudo haber sido el gran ídolo del fútbol argentino de no haber aparecido en escena Diego Maradona, a finales de la década de 1970, y Lionel Messi, a mediados de la de 2000. En cualquier estadística, siempre estuvo entre los mejores del mundo junto a Pelé, Johan Cruyff, Garrincha o Michel Platini. Sin embargo, en la Argentina no consiguió el grado de popularidad de Maradona, convertido en un Dios de la pelota, y de Messi, en estos años en que la estrella de Barcelona brilla gracias por sus goles, de repercusión inmediata gracias a la tecnología y las redes sociales.
La Pulga, incluso, superó a Di Stéfano como máximo goleador en los clásicos Barcelona-Real Madrid cuando en marzo de 2014 logró tres tantos en el 4-3 conseguido por el equipo catalán en el Santiago Bernabéu. Sólo los más veteranos, los que lo vieron en las viejas canchas, sostienen a La Saeta Rubia entre los más grandes de todos los tiempos en tierras argentinas.

En 2009, Di Stéfano, Messi y Maradona, los tres mejores futbolistas argentinos de todos los tiempos, fueron reunidos por el diario Marca para la entrega de un premio.
Di Stéfano, que murió hoy en Madrid a lo 88 años por un paro cardíaco, nació en hogar de inmigrantes europeos -su padre era hijo de italianos y su madre, de ascendencia francesa e irlandesa- que arribaron a Argentina en el siglo XIX en busca de un nuevo destino. La casa estaba ubicada en el barrio de Barracas, en la zona sur de Buenos Aires y muy cerca del puerto, una de las más pobres de la ciudad y donde se empezó a jugar al fútbol, importado por los marineros británicos.
De niño jugaba en las calles y en los potreros de la zona. “Usábamos los árboles y las paredes como portería. Teníamos una pelota de goma que valía veinte guitas (pesos). Jugábamos hasta que venía el carrito de la policía y salíamos huyendo”, recordó en su biografía Gracias Vieja. Continue Reading

