Volver a vivir

No te olvidés

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“Quería verte de nuevo sobre el rectánculo verde, donde mueren las palabras, tu zurda le habla a la gente”, cantaba Julio Lacarra en un micrófono. Y desde una placa con malabares de su botín izquierdo, Crónica TV marcaba el conteo regresivo. Tres, dos, uno… Y al fin, el cielo futbolero se abrió aquel 30 de septiembre de 1995. Allá, en el Lejano Oriente, Diego Maradona volvía a vestirse de jugador. Había pasado la tormenta de los 15 meses de suspensión por el doping en EE.UU. 94. De nuevo, el Diez estaba en el césped. Y con la camiseta de Boca adherida al cuerpo. La leyenda continuaba.
Por los parlantes del estadio de Seúl, escapaba Tratar de estar mejor, de Diego Torres. Música para sus oídos antes del partido con Corea del Sur. Y a su lado, aparecían nombres de peso, como Navarro Montoya, Caniggia y el Manteca Martínez. Maradona era la luz de brillo del Boca versión 95. Y no sólo desde su juego, sino también desde su pelo. Ahí, donde aparecía un mechón amarillo furioso, con un mensaje: todo en repudio…
“En repudio a los caretas, a los cabeza de termo, a los que le toman la leche al gato, a los que se le escapa la tortuga, a los que le decían a mi vieja que era la madre de la efedrina, a los poderosos que hacen lo que quieren olvidándose de la gente, a los que me habían dejado, una vez más, 15 meses sin poder hacer lo que más quiero, lo que me representa: jugar al fútbol”, recordó Maradona en su libro Yo soy el Diego.
Al estilo del Diez, el amistoso contra Corea del Sur tuvo personajes contradictorios en la platea. Entre ellos, el ex presidente Carlos Menem -con quien se había reconciliado tras duros cruces-, el Flaco Menotti y Carlos Bilardo. Sobre el cierre, Boca ganó el partido 2 a 1. Y al cabo, Maradona gozó con su regreso: “Fue el mejor de todos, seguro: porque anduve como no había andado en ningún otro y porque yo, cuando juego bien, me divierto. Aquella noche me divertí como loco”.

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