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A un toque

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Escribió Diego Latorre, antes del comienzo de la Copa América, en el diario El País: “Argentina tiene necesidad de Pastore. Un hombre creativo con despliegue en mitad de la cancha, capaz de romper líneas y darle ritmo al juego. Alguien que libere a Messi de cargas que limitan su acción por debajo del radio de 30 metros del arco rival”. Y al cabo, el futbolista de París Saint Germain cristalizó esas palabras. Una pincelada suya, con pase pulverizador de líneas incluido, fue vital para el triunfo de la Selección contra Uruguay. Respaldado por Tata Martino, el cordobés se hizo cargo de la pelota y generó juego. Y en algunos movimientos, desempolvó las fotografías de Juan Román Riquelme. Claro, Pastore es admirador serial del ex 10 de Boca. En las inferiores de Talleres, según relató el periodista Cristian Grosso en el libro Futbolistas con historia (s), viajó a Villarreal para participar de un scouting y en su inconsciente había una sola obsesión: posar junto a Riquelme. Lo logró, finalmente, y esa imagen habitó durante varios años en el portarretratos de su familia. Y en 2009, luego de un partido en la Bombonera, el ex enganche de Huracán recibió la camiseta número 10 xeneize en el vestuario. Nada es casual, entonces, en los firuletes y los pases de Pastore. En su cuerpo habita un gen. El gen riquelmista.

Pastore y su fina estampa para soltar el pase ante la marca del uruguayo Alvaro Pereira. Foto de Martín Bernetti / Agencia AFP

Pastore y su fina estampa para soltar el pase ante la marca del uruguayo Alvaro Pereira. Foto de Martín Bernetti / Agencia AFP

 

 

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