La masacre de Munich

A un toque

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Por Geoff Hernández (@geoffhernandez)

1- Hace un año escribí sobre la caída del dictador de Europa en aquellos tiempos, el Barcelona, en manos del nuevo Rey, el Bayern de Heynckes, y mostré la facilidad con la que los alemanes supieron aprovechar cada espacio cedido por los azulgranas, haciendo del contragolpe y la pelota parada el antídoto perfecto para el juego posicional, destruyendo un modelo fantástico, pero que como modelo al fin tenía fecha de caducidad. Aquel Bayern en Alemania fue una trituradora, un plantel sediento de honor, de venganza futbolística. Una exposición de solidaridad en defensa y una orquesta perfecta en el juego aéreo. Ese Bayern del Triplete fue este Real Madrid versión 2014.

Foto de Odd Andersen / AFP

Ramos se toma revancha del penal fallado en 2012 y festeja su primer gol ante el Bayern. Foto de Odd Andersen / AFP

2- El primer compás del partido destruyó todos los análisis y las profecías previas. Ni el madridista más utópico, ni el muniqués más pernicioso imaginaría que en 20 minutos la masacre tomaría forma. Tiñendo de Merengue a Lisboa. Ni yo, al escribir esto, puedo creer aún la irresponsabilidad anímica con la que el Bayern salió a la cancha. Pareciera que no se jugaba el pase a la final, sino un simple juego de pretemporada. Estos son los partidos en los que los jugadores recompensan, o le pasan factura a los DT. Las posesiones largas y horizontales se convertían en la autopista más corta al suicidio para los alemanes. Ancelotti volvió a ganar, esta vez con una diferencia aún más amplia de la que mostró el marcador. Hizo una apuesta arriesgada sentando a Isco, que venía dando la pausa necesaria al momento de las contras en las últimas fechas, y colocó a Bale; no el Bale enfermo de la semana pasada, sino el Bale responsable, el Bale que se convirtió en el mejor amigo de Carvajal en todo el encuentro, y que con elegancia y finura participó en dos de los goles merengues.

Ancelotti y Cristiano Ronaldo festejan el triunfo en Alemania. Foto de John McacDougall / AFP

Ancelotti y Cristiano Ronaldo festejan el triunfo en Alemania. Foto de John McacDougall / AFP

3- En los planes arquitectónicos de ese Ser superior, este día estaba creado para la consagración eterna en los corazones merengues de Sergio Ramos. El deporte, como la vida misma, tiene esa hermosa costumbre de colocarte frente a frente a ese monstruo que te avergonzó una vez, y será tu decisión vencerlo o mantenerte atado a su yugo con la cadena invisible de la decepción. En Alemania, Ramos arrojó a los infiernos la cruz que llevaba en su espalda desde que erró ese penalti en 2012 frente al Bayern que sacó al Madrid de la final. Insisto: el fútbol es una eterna paradoja. Ramos anotó dos goles, y sin desazón alguna rompió, cortó e incineró cualquier acechanza del Bayern, contando con la ayuda de su yunta preferida, de ese odiado por todos, que cuando ordena el desastre que habita en su cabeza, se convierte en uno de los cuatro mejores centrales del mundo. Sí, hablo de Pepe.

4- No tendría sentido repasar las estadísticas u ofrendar horas frente a la tv buscando el motivo de esta masacre. La respuesta es bastante sencilla. El acierto de Ancelotti aunque se ve en la cancha, no está ahí, está en el día a día, en la batalla constante de todo el cuerpo técnico para regresarle esa confianza al trastocado elenco blanco. Ese deseo de demostrarles que tienen los recursos en sus manos, y que la décima está frente a sus ojos. No hicieron nada extraordinario, y con sabiduría y mucho orden supieron triturar en pedacitos al actual campeón. [pullquote]El Dortmund dio el primer aviso y el Madrid terminó de confirmarlo en las semifinales de la Champions League.[/pullquote]

5- La diferencia más notable entre un equipo y otro fue la competitividad, y de allí es donde nace la pregunta más complicada de toda esta ecuación: ¿Habrá sido dañino haber ganado la Bundesliga con tanta facilidad y antelación? No es una locura ponerlo sobre la mesa, el Real Madrid sigue tras la caza del Atlético, lo que convierte sus fines de semana en constantes finales, mientras que el Munich, pasea sin mucho ánimo en toda Alemania esperando el día de la celebración.

6- Lo que creó el Dictador, ahora lo disfruta Ancelotti. Una locomotora de contragolpes que tiene la facilidad de convertir una ocasión de peligro contrario en un gol merengue. Benzemá, Ronaldo y Modric siguen siendo los máximos exponentes de la teoría del dictador: “Me encantan los equipos que secuestran la pelota, suelen dar muchos espacios”, y a esto apostó el Real Madrid en esta Champions. Criticado al principio, quizá por la falta de señorío mas no por el coraje. En Alemania superaron a Goliat, y esperan al dictador o al cholismo en Lisboa.

Di María y Robben pelean por la pelota. Foto de John McacDougall / AFP

Di María y Robben pelean por la pelota. Foto de John McacDougall / AFP

7- Las fortalezas del pasado suelen volcarse en las carencias del hoy. La efectividad en el juego aéreo muniqués se convirtió en su ataúd. Es inevitable que el futuro de este proyecto de Guardiola en Alemania sufrirá un vuelco interesante. El juego de posición/posesión está en sus horas más bajas, y su mayor representante actual tiene la responsabilidad de refrescar conceptos y destruir la rigidez semántica. Pep, quizá no sea el mismo a partir de esta derrota, es fácil criticar cuando lo ves sufrir esta masacre, y aunque evidentemente, la culpa de la horrible defensa a balón parado la tiene él. Sería muy mediocre juzgar el trabajo de todo un año por lo que pasó en esta semifinal de Champions League. ¿Vendrá la reestructuración del Bayern el año que viene? ¿Rescindirá Pep de los intocables para darle la forma que necesita esta revolución del juego posicional o terminará teniendo razón Beckenbauer y Rummenigge?

Y 8- El Madrid está consciente y lúcido de lo que significó el día de hoy. La décima está a la puerta, y aunque la consigan, quizá por mucho tiempo prevalezca en la memoria de los blancos, esta masacre hecha en el corazón de Munich.

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