La leyenda (no) continúa

A un toque

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En su vida futbolera, Juan Román Riquelme lloró tres veces ante la mirada de los hinchas y los focos de las cámaras. La primera, allá por noviembre de 2001, cuando Boca despistó contra Bayern Munich y astilló su sueño en la Copa Intercontinental. Hace un año, nomás, la tristeza volvió a surcar su rostro, al convertirse en un hombre estatua. Y esta madrugada, las lágrimas perforaron, otra vez, su semblante y su voz. Ocurrió en el anuncio de su despedida de Boca, justo después de la derrota contra Corinthians 2 a 0. ¿Cuáles son las razones ocultas de su adiós inesperado? Se dice que los chispazos continuos con Julio Falcioni y las diferencias con los dirigentes. Lo cierto es que la decisión de Riquelme impacta en Boca por varios motivos. A saber: se aleja un símbolo de la calidad futbolera, con el valor agregado de 350 partidos vestido de azul y amarillo. El nombre viviente de los buenos viejos tiempos del club. El tótem de los hinchas. La leyenda, en fin, que abrió la puerta de salida con estas frases contundentes. Desde sus vísceras. Desde el corazón.

Amo a este club. Voy a estar agradecido por siempre con la gente de Boca. Le dije al presidente que el compromiso que tengo con el club es muy grande y que me siento vacío, que no tengo más nada para darle al club”.

“Yo no puedo jugar a la mitad. Llevo 16 años en el fútbol, he vivido para el fútbol, vivo para el fútbol y vuelvo a repetirles a todos ustedes: no tengo más nada para darle al club, me siento vacío. Hoy llegué a lo máximo”.

“Amo a este club y tengo que entregar las 24 horas a este club. Soy bostero, voy a morir bostero u quiero mucho a todos los hinchas de Boca”.

“He sido claro con mis compañeros, con el cuerpo técnico, con los dirigentes. Para lo que necesiten siempre voy a estar a disposición, pero yo ahora necesito irme a mi casa, estar con mi familia, con mis amigos y ver qué es lo que quieren que haga”.

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