UNA SONRISA EXACTAMENTE ASÍ

A un toque

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Domingo 12 de junio de 2011. Faltan unos minutos para que empiece la final de vuelta del Torneo Apertura. Al otro lado de la cordillera, un país hunde sus ojos en esta definición. La Universidad de Chile perdió 2 a 0 en la ida y necesita ganar por tres goles para pintar una noche épica. Hay semblantes rígidos en su vestuario del Estadio Nacional. Músculos tensos. Mensajes de concentración. Sus futbolistas necesitan salir pronto al cuadrilátero verde.

De pronto, una mano aprieta play y comienza a proyectar un video cerca de los jugadores. Se ven imágenes de la final del Mundial 1950 entre Brasil y Uruguay: el Maracanazo. Una voz grave les aporta palabras a las escenas. Es la de Alejandro Apo. “El primer tiempo termina cero a cero pero es casi lo mismo, porque el empate le sirve a Brasil. Y empieza el segundo y a los dos minutos Friaça marca un gol para Brasil (…) Los uruguayos ya tenían que meter dos goles y, en realidad, lo más probable era que Brasil les metiera otros cuatro antes de que esos pobres muchachos consiguieran llegar a la otra área”, cuenta el periodista argentino.

Beccacece inspiró al plantel con el cuento de Sacheri y consiguió el efecto deseado. La U de Chile logró el título desde la épica.

Los futbolistas de la Universidad de Chile miran con interés cada imagen del video. Escuchan el relato de Apo. “Pero los once celestes sí parecen tenerlo claro. Tan claro que siguen jugando como si nada. Como si, más allá de las líneas de cal, se hubiese acabado para siempre el mundo. Tal vez por eso, porque están decididos ni más ni menos que a jugar al fútbol, desborda la camiseta celeste de Ghiggia por derecha, envía el centro y Schiaffino la manda guardar en el arco de Barbosa. ¡Gol de Uruguay!”, continúa la narración.

A esa altura, el cuerpo de los jugadores toma aún más temperatura. Se acerca el viaje al césped. “Faltan diez, nueve minutos para que Brasil sea campeón con el empate. Pero Ghiggia se la toca a Pérez, que se la devuelve profunda, como en el primer gol, por la derecha, hacia el área. El puntero celeste lo encara a Bigode y lo deja de seña, aunque se acerca peligrosamente al fondo y eso lo deja sin ángulo de disparo. Lo lógico es que Ghiggia tire el centro…”, describe el periodista.

Y con su voz a pleno, pone el broche al relato: “Esa sonrisa fue toda para Ghiggia, para alentarlo a lograr lo que en apariencia no podía salirle: sacar el balinazo al primer palo, meter el balón entre Barbosa y el poste (…) Si hubiese ganado Brasil nadie se acordaría demasiado del 16 de julio de 1950. Lo normal no se recuerda casi nunca. Pero ganó Uruguay, un partido que si se hubiese jugado mil veces Uruguay debería haber perdido novecientas cincuenta y empatado cuarenta y nueve. Pero de las mil alternativas Dios quiso que cayera esta: Uruguay da el batacazo más resonante de la historia del fútbol y más de medio siglo después yo me acerco a tu mesa y te lo cuento”.

Se ve un final mensaje en la pantalla: “Hay que creer y saber que es posible. Ya lo hemos hecho”. Quedan pocas palabras para agregar en el vestuario del Estadio, mientras el video devuelve triunfos de aquella temporada. Ya está. Sebastián Beccacece, el ayudante de campo de Jorge Sampaoli, acaba de acertar con su idea. Una sonrisa exactamente así, el cuento escrito por Eduardo Sacheri y leído por Apo, logra el efecto necesario en la U de Chile. Es el revulsivo perfecto para conseguir la hazaña contra la Universidad Católica, que tiene a Juan Antonio Pizzi como DT y Lucas Pratto en el ataque.

El plantel de la Universidad de Chile celebra su éxito en el Apertura 2011, después de una noche para el recuerdo.

Al cabo, escribe líneas históricas en la definición del Torneo Apertura: con tres goles del argentino Gustavo Canales, gana 4 a 1 y se consagra campeón. Resuena su grito sagrado. Su alarido de felicidad por el 14° título de su historia. De alguna manera, el equipo vive su Maracanazo.

“Utilizar mis cuentos fue una idea de Beccacece, que me contactó luego de escuchar y ver algunos de mis relatos futboleros. Él seguía mis libros, me pidió un cuento especializado para entregárselo al plantel de la U de Chile y lo utilizó con buenos resultados. Me siento muy orgulloso de poder ayudar”, dirá Sacheri tiempo después, tras recalcar que algunos jugadores de aquel equipo también se inspiraron fuera del césped con sus historias.

A ocho años de aquella definición en Chile, Beccacece avanza sus primeros metros como DT de Independiente. El club del que Sacheri es fanático y al que le dedicó varios cuentos. Aún no se sabe cómo motivará al rosarino a su nuevo plantel. Eso sí, en su rostro hay algo en claro. Se lo ve con una sonrisa. Una sonrisa exactamente así.

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