Gestionar personas, gestionar egos

Literatura hecha pelota

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Por Jordi Urbea y Gabriel García de Oro

Cuenta el periodista Guillem Balagué dentro del reportaje Informe Robinson, palabra de Mourinho, que cuando el portugués era entrenador del Chelsea, en una fiesta, el de Setúbal se acercó a Terry, capitán del equipo en aquel momento, y le dijo que Lampard decía que no estaba fuerte, que debía trabajar más, que se le veía flojo. A su vez, Mou se acercó a Lampard y le dijo exactamente lo mismo que supuestamente le había dicho Terry.

A lo largo de la noche, los dos jugadores bebieron y se empezaron a calentar, con lo que comenzaron a discutir. En el momento álgido de la discusión, cuando estaban todas las cartas sobre la mesa, Mourinho confesó que todo era mentira. ¿Por qué lo hizo? Para comprender cómo reaccionaban dos de sus jugadores más importantes y con más peso en el vestuario en momentos de crisis. No esperó a que apareciera la crisis, la provocó. Y gracias a ello, a una buena pelea, se ahorró valiosas horas de observación e interpretación psicológica.

Es posible que a algunos les pueda resultar exagerado recurrir a ciertas estrategias para estar al corriente de tus compañeros de trabajo, pero la labor de conocimiento del otro es vital para solventar muchos conflictos; al final y al cabo, nos relacionamos con personas. Pero las personas tienen egos. Mourinho opina en una entrevista realizada por el periodista Juan Cruz en El País, que actualmente el entrenador debe estar mucho más preparado que antes: «No es tan sólo entrenar bien, jugar bien, decidir y ganar. Es mucho más; ha de ocuparse de la gestión de los egos, de las emociones. Los entornos hacen ahora nuestro trabajo mucho más complejo, muy bonito, pero también muy difícil».

Y Guardiola nos aseguró que para él «primero es la persona, eso ante todo, y con todo lo que es la persona; sus problemas, sus complejos, su ego…» Pese a su enemistad en el campo, Mourinho y Guardiola tienen grandes similitudes con respecto a la utilización de la inteligencia emocional.

Ambos coinciden en la importancia de saber canalizar la energía de los egos individuales en beneficio del grupo. Los métodos pueden ser distintos, pero el resultado es el mismo, o muy parecido. Y es que al final, ambos saben que el ego es un arma de doble filo. Por un lado puede aportar ese punto de superación personal y de compromiso, pero por otro también puede ser una fuente de conflictos que afecte al rendimiento del grupo. Conocer al grupo es conocer a los individuos que lo forman y eso significa conocer los egos de cada uno y conseguir que trabajen en un mismo objetivo.

*Extracto del libro Éxito, las once claves de la motivación, el triunfo y el liderazgo vistas por los mejores entrenadores del mundo.

 

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