EL FANTASMA DE LA ÓPERA

A un toque

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Por Geoff Hernández (@geoffhernandez)

1- Los mundiales de fútbol son el Everest de las competiciones deportivas profesionales. Un homenaje constante a la concentración, al sentido colectivo y a la capacidad de ajustarse en minutos a los distintos escenarios que puedan desarrollarse dentro de un partido. La percepción de invencibilidad cada vez se reduce más entre las selecciones y lo que se vivió en Lusail fue un recordatorio que la grandeza del ayer no es más que una mera anécdota.

2- “Fácil, fácil”, decía Dibu Martínez en un video que circuló por las redes sociales, cuando en el sorteo apareció el nombre de Arabia Saudita. Y por supuesto que esto se recordó ayer luego de la derrota 2 a 1. Argentina viajó a Qatar con un aura de perfección y de invulnerabilidad que no concordaba con la actualidad física y futbolística de muchas de las piezas que iniciaron en el once titular. Porque la albiceleste habitó con más comodidad cuando no tenía puesta esa camisa de fuerza del favoritismo desbordado.

3- Rodó la pelota en Lusail y el ambiente era de festival musical. A los dos minutos, Messi aprovechaba una secuencia rocambolesca de rebotes para disparar cruzado y provocar la primera parada de uno de los hombres del encuentro: mister Mohammed Al-Owais. Un par de momentos después se produjo el penal más extraño que he visto en mucho tiempo, y Leo convirtió su primer gol en la Copa del Mundo. Y como quien tiene el superpoder de adivinar el futuro, todo estaba servido para un triunfo que fortaleciese el autoestima de una alineación que llegaba golpeada desde lo físico. El asunto es que el fútbol, además de caprichoso, puede ser muy cruel.

4- Los primeros 45 terminaron 1-0. Tres goles en offside, un par de detenciones de Al-Owais y una Arabia Saudita que empezó el partido evitando ser goleada, luego mutó a entender que podía competir. Y su DT, Herve Rénard, planteó un mano a mano físico, intenso, de transiciones muy rápidas, y de cortes constantes. Leandro Paredes fue el que más lo sufrió. El reloj de la Argentina no está en forma. El ritmo alto de juego lo dejaba en medio de un tiroteo del que no pudo salir, y si le sumamos a esto la versión más Atlético de Madrid posible de Rodrigo De Paul, entendemos la orfandad posicional, táctica y de juego que había en los volantes albiceleste.

 

 

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5- Por eso, cuando arrancó la segunda parte, Arabia Saudita -de la mano de Mohammed Kanno, un huracán insoportable y de Salem Al-Dawsari-, mutó sus intenciones en el juego. Ya no se trataba ni de evitar salir goleados, ni de competir. El DT Rénard les hizo creer que había posibilidades de llevarse los puntos, porque Argentina dudaba de sí mismo. Y en cinco minutos funestos, dos golazos probablemente irrepetibles activaban de manera oficial la tragedia de Lusail.

6- Lionel Scaloni es un tipo muy honesto y consecuente con su manera de ver al fútbol. Entre líneas dejó saber hasta el último día que varios jugadores estaban al límite desde lo físico. No hizo falta ni ver más de 20 minutos para asegurar que Cristian Romero, Leandro Paredes, y Nahuel Molina no se encuentran en un ritmo futbolístico óptimo. Y el Mundial castiga a quien no lo esté. En el 1-1 de Al-Shehri se vio la carencia de explosividad y de cobertura de espacios por parte del Cuti, que por cierto son sus dos rasgos diferenciales que lo ubican en el top 5 de centrales del mundo.

7- …Y qué podemos decir del hermoso, absurdo e improbable gol de Al-Dawsari que concretaba el 1-2. A partir de allí, todas fueron malas noticias en la Selección. Líneas desordenadas, posesiones carentes de sentido ofensivo. Leo Messi ahogado por la intensidad de la jauría árabe, Di María chocando como en los viejos tiempos una y otra vez con el lateral rival, y un Julian Álvarez mucho más ceñido a la banda izquierda de lo que me gustaría.

8- Cada partido tiene su propio idioma e identidad. Te va hablando. Si estás atento o atenta sabrás interpretar esas señales inequívocas que van recalcando cuál podría ser el desenlace. Y aunque faltaban más de 40 minutos después del 1-2 de Arabia, uno podía intuir que sería una tarea titánica en Argentina conseguir las llaves que abriesen los portales al triunfo. Y en buena parte esto se debe a la concentración absoluta del conjunto dirigido por Rénard. Estamina al máximo, presión post-pérdida, y la valentía necesaria que requiere jugar con las líneas muy adelantadas. Muchos decían que era un suicidio la ubicación de los defensas árabes, pero fue todo lo contrario. Se convirtió esto en un tormento para la Argentina que nunca consiguió la precisión al filtrar balones en cortada.

9- Enzo Fernández y Lisandro Martínez estabilizaron las primeras dos zonas del esquema de Argentina, y seguramente serán titulares ante México el próximo sábado. En estos tres años del ciclo Scaloni, si hay una característica fija en el cuerpo técnico es tener la capacidad de reconocer los errores, y corregir de inmediato. El empate de México y Polonia fue oxígeno puro en la interna del equipo, pero al final será la postura ante una complicada selección de Martino lo que dictaminará cuál es el verdadero rumbo en el Mundial.

10- Y cierro con esta reflexión. El traje de favoritos extremos es insoportable. Leo Messi y compañía dieron noches inolvidables siempre con la vestimenta de guerra. Porque la Argentina de Scaloni funciona en colectivo. Cuando hay tres o cuatro elementos desconectados, están siempre más cerca de la cornisa. Quizá la derrota sirva como ruta aleccionadora. Regresar a las raíces es innegociable, y sólo puede ocurrir con 11 jugadores al tope de sus capacidades físicas, porque a México le gusta correr, romper, apostar al achique y aunque ante Polonia no desplegó mayor ataque, en el retroceso y el corte son la Paraguay del Tata en 2010.

11- Argentina tiene una cita en Lusail. El mismo sitio donde se trajeó esta histórica tragedia contra Arabia Saudita. La campeona de América tendrá la chance de exorcizar la atmósfera, y redirigir a la selección rumbo a los octavos de final. Porque el fantasma de la ópera que ya arruinó millones de sueños en 2002 parece estar dispuesto a revolotear los cielos de Qatar y lo único que puede evitarlo es recordar el guión que los ubicó en lo más alto: Valentía, presión, solidaridad y concentración en los 90 minutos de partido.

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