Cuando la cabeza manda

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La pelota viaja a la red y Tevez le da la Selección el pase a las semis de lla Copa América. Es tiempo de revancha. Foto de Luis Acosta / Agencia AFP

La pelota viaja a la red y Tevez le da la Selección el pase a las semis de lla Copa América. Es tiempo de revancha. Foto de Luis Acosta / Agencia AFP

Por Santiago Tuñez

Anochece en Fuerte Apache. La melodía de una cumbia musicaliza el primer piso de la Torre 1. Una familia se acerca a la mesa y comparte el menú austero. El final del día parece traer relax, hasta que la banda de sonido cambia de ritmo. Se oyen corridas, gritos desesperados, disparos… Segundo Tevez y Adriana Martínez toman de la mano a sus hijos y uno de sus sobrinos. Escapan a una de las habitaciones del departamento, mientras el fogonazo de las balas relampaguea en la oscuridad. Al rato, el temor se disuelve y la rutina vuelve a galopar con tranquilidad. La escena queda alojada en uno de los chicos. Templa su carácter para siempre.

“La vida era así en el Fuerte. Aunque supieras que no era normal, ni estaba bien, te acostumbrabas a eso”. Carlos Tevez recuerda, años después, esa fotografía de la infancia junto a sus tíos maternos. No hay casualidad en la elección. Las dificultades, como aquellos días en el complejo habitacional, inflan su ánimo. Ya no tiene los pies descalzos, ni patea piedras en una cancha sin pasto, pero su esencia mantiene aquella pureza. Nada lo hunde en los momentos turbulentos. El delantero se fortalece hasta llegar al triunfo personal. Es, en efecto, un corazón rebelde.

Hay una saga de ejemplos que demuestra el temple de Tevez en la adversidad. Uno de los últimos puede ubicarse en su presentación como nueva cara de Juventus. Lo reciben con la camiseta número 10 de Alessandro Del Piero y le recuerdan sus goles, los títulos, el legado en el club. “Es un placer usar su camiseta y asumo la responsabilidad, pero yo me puse la 10 que Maradona usó en Boca”, devuelve Carlitos. Hoy, mientras prepara su regreso a Boca, pide un lugar en la vidriera de la Vecchia Signora, después de haber logrado dos títulos locales y llegado a la final de la Champions League contra Barcelona. El fantasma de Del Piero, como tantos otros, sobrevuela lejos de su mente.

El Apache festeja su segundo título  local con la Juventus. Fue figura sus dos temporadas en el club. Foto de Valerio Pennicino / Getty Images Europe  / Vía Zimbio.

El Apache festeja su segundo título local con la Juventus. Fue figura sus dos temporadas en el club. Foto de Valerio Pennicino / Getty Images Europe / Vía Zimbio.

A cada desafío, una respuesta. “No sé de qué juega Tevez”, lo aguijonea Carlos Bianchi, al comenzar su segundo ciclo como DT de Boca. Es más, no lo incluye en el plantel que juega la primera fase de la Libertadores 2003. La réplica del delantero es furiosa. Le convierte un gol a Cobreloa en cuartos de final, tres a América de Cali en las semis y uno a Santos en la definición. Cinco gritos en duelos de alto voltaje. Un sprint que lo retrata abrazado a Bianchi, con la Copa en sus manos. Nada más. Nada menos.

Lo espera, a principios de 2005, el aterrizaje en el fútbol brasileño. Corinthians, un plantel dividido por los millones de dólares de su contrato y la presión mediática del presidente Lula Da Silva prometen croquetearle la cabeza y dañar su ánimo. Nada de eso, sin embargo, deja en terapia a Tevez. El cartel de la película vuelve a tenerlo como protagonista principal. Se queda con la capitanía, gana el Brasileirao y la bandera celeste y blanca ondea en manos de la torcida. Sí, en la tierra de Pelé, Ronaldo y Ronaldinho, un argentino lleva la corona futbolera.

Para los que se ilusionan con que mi ciclo en la Selección está terminado, no se olviden que vengo de un lugar donde decían que triunfar era imposible”, escribió en Twitter después de quedar fuera del Mundial de Brasil. En la esencia de esa frase, está la razón de sus éxitos en el fútbol.

A la conquista del torneo brasileño, le sigue la llegada a la Premier League tras el Mundial 2006. Primero evita el descenso con West Ham, Alex Ferguson lo observa de cerca y pide su contratación. Ni las seis fechas sin goles bloquean el ánimo de Tevez. De a poco, suma rodaje, festeja la Champions contra Chelsea y cierra 2008 con la vuelta en el Mundial de Clubes. Eso no frena su impulso por seguir entre los titulares y la contratación del búlgaro Berbatov lo enfrenta al mito: “Me sentí triste y menospreciado después de darlo todo por el equipo y ver cómo el DT no era capaz de decirme nada. Ferguson me engañó”.

Es una factura verbal. El puñal llega más tarde y se cristaliza con su llegada al Manchester City. La rivalidad, con críticas e insultos incluidos, encienden el motor de Tevez. Entra en combustión con dos goles al United y festejos desafiantes ante Ferguson. Y desplanta, también, a Roberto Mancini, su DT de turno, tras negarse a entrar ante Bayern Munich. “Conmigo no juega más”, avisa el italiano. A su mesa lo llaman y, meses después, el argentino termina entre los titulares que le dan el City el título de la Premier League después de 44 años.

Aquella escena de Fuerte Apache lo impulsa en la vida diaria. Hoy disfruta del penal convertido a Colombia y el pase de la Selección a las semis de la Copa América. Allá a lo lejos quedó el tiro fallado ante Uruguay, la eliminación de la Argentina y su ausencia en el ciclo de Alejandro Sabella. Volvió Tevez. El futbolista con barro en el rostro y bisturí en los botines. El hombre con cabeza de acero. Y corazón rebelde.

 

 

 

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