Alegato a favor del futbolista

Al ángulo

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Por Santiago Tuñez

Vuelve. Después de casi 13 años, Andrés D’Alessandro está de regreso en River. Lo hace a préstamo hasta diciembre próximo, en un pase que conmovió el mercado argento. No hubo negociaciones interminables, ni culebrones entre clubes y representantes. A ritmo vertiginoso, el enganche canceló su estadía exitosa en Inter de Porto Alegre y embarcó hacia Núñez, donde se verá con Gallardo y Francescoli, los nombres que lo impulsaron a pegar la vuelta.

«Surgió una chance muy buena de jugar en la Argentina, en el equipo que debuté y gracias al cual pude hacer una carrera», explicó D’Alessandro en Brasil, mientras las lágrimas surcaban su rostro. Pasaron demasiadas escenas y tiempo desde su adiós a River. Fue la tarde en que el equipo que dirigía Manuel Pellegrini festejaba el Apertura 2003 y Leonardo Astrada se retiraba del fútbol, en medio del secuestro de su padre. Y en el Millonario también jugaba Coudet -hoy DT de Rosario Central-, que le dio nombre a La boba, su marca registrada.  

Con la vuelta de D’Alessandro, emergieron esos recuerdos y algunas voces críticas. Desde las redes sociales, recibió dardos por aquel semestre que jugó en San Lorenzo y le marcó la puerta de salida a River en la Copa Libertadores. Y se lo cuestionó, como a Saviola y Aimar, por regresar en un momento positivo del club y no en el deterioro que lo llevó hacia la B Nacional. En esa comparación, perdió por nocaut con Cavenaghi, Chori Domínguez y Trezeguet, que aceptaron desafiar las llamas y jugar en el Ascenso.

No es fácil estar en el fútbol argentino. Un mundo de histeria, desorganización y violencia. Las experiencias del regreso resultan gratas en pocos casos. Se entiende, entonces, que D’Alessandro haya preferido el relax del Inter de Porto Alegre en las últimas temporadas y demorado su vuelta a River. Quienes critican su llegada en estos días soleados del Millonario, con 34 años, no deben guiarle su viaje en el fútbol. Dentro de una década, cuando D’Alessandro ya no pise el cuero redondo, apenas será un recuerdo efímero para los hinchas. Y ni siquiera se preocuparán por su vida diaria.

 

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