Conociéndote

Literatura hecha pelota

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Se abre el cajón del Mundial ’90 y los recuerdos gratos dominan el archivo del seleccionado argentino. Hay fotografías, audios y escenas eternas. El corazón vuelve a galopar con el slalom maradoniano contra Brasil y la gambeta deliciosa de Caniggia. Las lágrimas abren un surco de emoción con su cabezazo goleador ante Italia y las manos de acero de Goycochea en los penales. La boca vuelve a soltar insultos con el Diez en los silbidos al himno y el penal dudoso para Alemania. Y detrás de esos recuerdos, asoma un momento más íntimo. Un instante lejos de un state italiano. El encuentro de la literatura y la pelota. En la concentración de Trigoria, Osvaldo Soriano tuvo su primer cara a cara con Maradona. Quiso mirarlo de costado, pero el talento del capitán fue más fuerte. Con un balón en sus plantas y los dedos sobre un teclado, el Gordo le puso títulos y letras a ese mano a mano. Es la hora de leer Cuando te conocí. Un relato delicioso, tierno, brillante…

Al comienzo fingí no interesarme en él con el propósito de lastimar su orgullo y ganarme su atención. Entonces, para impresionarme, se puso una naranja sobre la cabeza y la hizo bailar por todas las curvas del cuerpo sin que se cayera ni una sola vez. Por fin la atrapó y sin fijarse en mí le preguntó a su amigo Gianni Minà, que me había llevado con él: ‘¿Qué tal?, ¿cuántas veces la toqué con el brazo?”. Yo estaba embobado. ‘¡Nunca”, respondimos a coro. Maradona sonrió y dijo con voz de pícaro: ‘Sí, una vez, pero no hay referí en el mundo que pueda verme’. Tenía tanta razón que me fui corriendo al hotel y escribí un cuento sobre el hijo de Butch Cassidy, cowboy, filósofo y árbitro de fútbol.

Soriano

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