EL GOL QUE HIZO HISTORIA

No te olvidés

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Por Santiago Tuñez

¿Destino, suerte o casualidad? En una calle de Limón, la capital de la cultura afro-caribeña de Costa Rica, un hombre de piel cobriza sonríe en el mano a mano con el habitante común. Le recuerdan aquel jaque mate en el arco, escuchan sus palabras en la cornisa de la emoción y lo abrazan con agradecimiento, orgullo, satisfacción. Los más chicos, tímidos y extrañados, cumplen el pedido de sus padres y saludan al dueño de la escena con un apretón de manos. Entienden, por el relato, que no es alguien más. Hay historia a su alrededor. Leyenda. Juan Cayasso se siente feliz con la proyección del pasado y el reconocimiento del presente. Es un combustible en su cuerpo. Por eso, enciende el motor y camina por la ciudad costera, pero algo incomoda su recorrido. Es aquella pregunta que lo persigue desde hace largo rato. Desde un verano italiano.

La incógnita no se disuelve, al igual que una tarde sin fecha de vencimiento: lunes 11 de junio de 1990, en el estadio Luigi Ferraris, de Génova. Por primera vez en su historia futbolera, Costa Rica sale a escena en un Mundial. Lo esperan el glamour del torneo y las cámaras de las cadenas internacionales, un año después de golear a El Salvador 4 a 2, ganar las Eliminatorias de la Concacaf y sacar el ticket en vuelo directo a la Copa del Mundo. Varios fantasmas, sin embargo, inquietan al seleccionado. El ojo ajeno lo contempla como un equipo débil, con ciertos desajustes y sin experiencia, en un grupo que también integran Brasil, Suecia y Escocia, su rival en el estreno. No hay ilusiones de derribar la pared en su entrenador, Bora Milutinovic, ni en los futbolistas.

 

“Sólo tenemos que soñar con dar lo mejor en la cancha. Estar en un Mundial ya es algo histórico”, piensa Cayasso, la noche anterior al debut, en una habitación que aloja nervios y expectativas por no desentonar en la mesa de examen. Su charla con Milutinovic, en la última práctica, busca arriesgar más fichas sobre el tablero verde. “Tengo dudas de su planteo. No vamos a jugar Medford y yo solos contra siete defensores escoceses”, le expresa el delantero. El DT lo escucha y, en tono de preocupación, confiesa no sentirse el guía espiritual y táctico del plantel. A 9.477 kilómetros de ese encuentro, Roberto García, periodista del diario La Nación de Costa Rica, realiza en San José un análisis sobre lo que le espera al seleccionado: “La derrota es, más o menos, un hecho anunciado. De acuerdo a la lógica, el equipo tendrá dificultades para llegar al arco de Escocia. Hay que aspirar a realizar un papel decoroso en el debut y el resto de los partidos”.

Cayasso siente, en medio de esas pinceladas, el miedo escénico del primer paso en el Mundial y el malestar por el planteo de Milutinovic. Y sobre todo, el murmullo desconfiado de una parte futbolera del país. Es la hinchada de Liga Deportiva Alajuelense, donde ha tenido su bautismo en Primera allá por 1983, obtenido dos títulos locales y un subcampeonato en la Copa Interamericana de 1987 (derrota ante River 3 a 0) y dicho adiós cuatro años más tarde, en un conflicto con los dirigentes. Y las llamas de ese incendio se han potenciado más aún por su llegada al Deportivo Saprissa, eterno enemigo de Alajuelense, al que le marca un gol en el primer clásico. De ahí, la mirada y los sonidos críticos de esa hinchada, que no soporta verlo en el seleccionado. Lo aguijonean en cada partido, mientras el delantero blinda cualquier reacción ante los cuestionamientos y canta –orgulloso- Lo daremos todo, el himno del plantel para la Copa del Mundo.

 

A la hora señalada, finalmente, comienza la obra sobre el escenario de Génova. Escocia y su letra aprendida en seis mundiales (los últimos cuatro, a partir de Alemania ’74, en forma consecutiva). Costa Rica, junto a su desconocimiento de las tablas internacionales. Y en el medio, el árbitro argentino Juan Carlos Loustau. La intención de los Ticos es clara: clausurar espacios y proteger su lado del telón en cada ataque de los escoceses. Objetivo logrado en los primeros 45 minutos, con el empate 0-0. Y de pronto, todo cambia al principio del segundo tiempo. Desde la mitad de la cancha, la historia avanza a velocidad normal en la voz del relator. Toma el micrófono y explica: “Jorge Castro entregando para Jara y Jara para José Carlos (Chaves). Este para Chavarría, le entrega la pelota a Marchena, que se fue con el esférico; el equipo nacional al frente. Marchena quita y se va elegantemente, entrega la pelota para Claudio Jara, el taco para Juan Cayasso…”

En el inconsciente del delantero, las escenas son un flash. Alguien aprieta fast forward. Y la cinta va más rápido aún cuando recibe la perla de Jara cerca del área chica y tiene cara a cara al arquero Jim Leighton. “Ahora la cuchareo”, imagina como primera opción. El uno se acerca cada vez más, cubre varios huecos y cambia el plan. “Le doy al primer palo”, elige, al cabo. Hacia allí viaja su definición de zurda y la pelota, más allá del roce en el cuerpo de Leighton, tiene destino de red. Es el 1 a 0. El primer grito de Costa Rica en un Mundial. El gol más festejado en la historia del país. El recuerdo histórico en la vida del delantero. “Una vivencia intensa, maravillosa”. La inmortalidad.

«Hay mucho de destino en la jugada. Yo era cuestionado por los hinchas de Alajuelense, lo que me costaba soportar, y tenía temores por el debut. Pero algo había en el destino. Estaba marcado que debía hacer el primer gol de Costa Rica en un Mundial», piensa Cayasso sobre aquel grito ante Escocia.

Quedan 41 minutos y el descuento en el partido. El rodaje, finalmente, no tiene alteraciones. Costa Rica vive su apocalipsis futbolero. El comienzo de una nueva era: la era después del gol de Cayasso. En San José, miles de cuerpos le ponen fin al día laboral, llenan el asfalto y festejan el triunfo contra Escocia. Son varias horas de celebraciones. Beben el champagne de la gloria y ni el choque de las copas puede perforar las burbujas del goce. Hay gritos de victoria en el Parque Central. También en la Avenida Segunda. En una casa, el corazón de Roberto García, el periodista que conoce a Cayasso desde sus primeras pisadas y slaloms en Alajuelense, comienza a galopar con tranquilidad. Mira a su alrededor y entiende las travesuras de Javier, su hijo de año y medio, no registradas durante el juego. Como puede, escribe una columna del gol y el triunfo. Se trata del tema del día en la redacción de La Nación y otros medios de prensa. En las calles. Desde San José a Limón. De Limón a otros destinos. En los 51.100 kilómetros cuadrados de territorio costarricense.

Es el principio de una ruta mundialista que continúa con la derrota ante Brasil 1 a 0 y la victoria contra Suecia 2 a 1, que lleva a Costa Rica a los octavos de final del Mundial de Italia. Derribada la pared de la primera fase, va por más contra Checoslovaquia, pero pierde 4 a 1 y la goleada imprime el ticket de regreso a San José. Cayasso vuelve con la satisfacción del gol. Los abrazos de un pueblo. Y las palabras del presidente Rafael Ángel Calderón. “Hemos esperado más de 30 años para esto y nos han dado lo más maravilloso que ha ocurrido en la historia de nuestro país (…), lo más grande que nos ha dado Dios”, asegura el jefe de Estado.

El delantero lo escucha y disfruta la trama real de la película. Junto con sus compañeros, sube a una carroza preparada por el Gobierno y la celebración sigue en el Estadio Nacional. Recibe el saludo de Calderón, la primera dama y todos los ministros del gabinete. Suena el revoloteo de las banderas. Y los caminos del fútbol trazan una nueva ruta de vuelo en el mapa del futbolista. Vuelve a carretear por la pista y aterriza en Alemania, donde juega en el Stuttgarter Kickers, de la Segunda División, con el que asciende a la Bundesliga. Siente aplausos en la cancha. Observa miradas despectivas fuera del césped. “Hay una realidad en torno al color de la piel. Allí viví la bendición de sentir lo que pudo haber sufrido un ser de mi etnia. Fue duro, pero me hizo crecer espiritualmente”, reflexiona sobre aquellos tiempos. Vuelve dos años más tarde al Saprissa y le pone fin a su carrera en Carmelita.


“El gol de Italia 90: destino, suerte o casualidad”. El título y la tapa del libro retratan la jugada que recuerdan un futbolista y un pueblo. El pie izquierdo de Cayasso acaba de darle las mejores coordenadas a la pelota en Génova. Se viene el estallido en un país y las cuerdas vocales del hombre nacido en Limón. Es su obra cumbre. Su obra personal, como las páginas del libro lanzado hace algo más de dos años. De futbolista a escritor. «¿De qué se trata? Tiene un poco de todo. Es un poco de autoayuda, porque habla de cómo conseguir el éxito en los sueños; para mí, Italia ‘90 fue un sueño. Es historia, porque habla de algo que pasó hace rato. Hasta tiene un poco de periodismo, porque tuve que entrevistar a gente que estuvo conmigo para ir armando el libro», comenta Cayasso. Y el contenido, lógicamente, le hace espacio a su festejo contra Escocia. Opina de ese grito: «Es un gol que no se ha olvidado, un recuerdo de todos los días. Me invitan a conferencias para hablar de aquella jugada y sigo comprobando que está en la memoria del pueblo. No alcanza el tiempo de agradecimiento de padres e hijos. Cuando las personas me reconocen en la calle, siento algo bonito, sobre todo si me sonríen, porque interactuar con los demás es lo que realmente me gusta».

El contacto con el habitante común es de igual a igual. Cayasso no muestra las credenciales del goleador que fue en otros tiempos. Ya no lleva puesta camiseta ni botines de futbolista, pero sí la ropa de la educación y humildad. Se percibe en la charla telefónica. Lo ratifica Roberto García, uno de los periodistas que más veces lo ha entrevistado en Costa Rica. “La humildad de Juan -sostiene- hace que se roce con todo el mundo, que camine por las calles como cualquier ciudadano de este país, sin que exista en su personalidad sentido de superioridad». Y describe una escena que se filma desde hace años: “Es un dios terrenal que va con su maletín al hombro y su evidente renguera por las lesiones constantes en su rodilla izquierda. Saluda a todos los que notan su presencia, habla con ellos y tarda eternidades en avanzar una cuadra por tanta gente que se le acerca y le sigue recordando su gesta en Italia ’90. Es un ser humano común por lo que veo y cuento, pero no corriente. Juan posee una inteligencia brillante y una sensibilidad exquisita”.

 

La vida diaria encuentra a Cayasso en Limón, la tierra donde nació hace 52 años. Su lugar en el mundo. Lejos del césped, es el director deportivo del Comité Cantonal Deportivos. Dice disfrutar de ver a los chicos que van detrás de una pelota cuando llega a alguna comunidad. «Corren como lo hacía yo», se emociona el ex delantero del seleccionado. Y ahí, entre los niños y adultos, vale saber qué significa su figura a más de 20 años del gol más festejado en la historia del país. «Es un símbolo para todos nosotros. un hombre con virtudes y defectos, que tocó el cielo con las manos en sus tiempos de gloria y que, también, ha vivido épocas realmente difíciles en los planos personal y familiar. Pero sigue dando ejemplo de integridad y entereza moral, en cualquiera de sus actos, por cotidianos que estos sean», señala García desde el diario La Nación.

-¿Destino, suerte o casualidad?-, es la pregunta que emerge, inevitablemente, antes del punto final de esta historia. Ya se conocen la vida de Cayasso, el detrás de escena del gol memorable a Escocia, las letras impresas sobre las páginas de su libro. Sólo falta saber, en definitiva, cuál de esas tres palabras impulsó a la leyenda costarricense antes del cara a cara con el arquero y su definición contra un palo en un verano italiano. Llega la respuesta. Y el delantero deja de sentirse incómodo en su caminar.

-Hay un poco de suerte y casualidad, porque justo estaba en esa posición favorable. Antes de que la pelota le llegara a Jara, empecé a tomar distancia, porque los dos estábamos muy pegados. Y cuando nadie lo esperaba, él hizo ese taquito que me dejó solo con Leighton. Fue todo muy inesperado. Pero, sobre todo, hay mucho de destino en la jugada. Yo era cuestionado por los hinchas de Alajuelense, lo que me costaba soportar, y tenía temores por el debut como el resto del equipo. Pero algo había en el destino. Estaba marcado que debía hacer el primer gol de Costa Rica en un Mundial. Tenía que hacerlo.

*El texto fue publicado en el libro Un picado en el Maracaná, de AuGol

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