EL CAPITÁN ETERNO

No te olvidés

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El avión está en la pista y le pone temperatura a sus motores. Faltan pocos minutos para el despegue hacia el Mundial de Brasil. Y en una sala del aeropuerto de Montevideo, los corazones de un plantel aceleran sus latidos. Hay objetivos, ilusiones, sueños. Entonces, Obdulio Varela pone un freno a la expectativa y exige a sus compañeros que saluden a Matías González, el defensor que rompió la huelga organizada meses atrás por los futbolistas. “Si no hay unidad pueden jugar los mejores once del mundo que no le ganan a nadie”, dirá tiempo después Obdulio. El capitán uruguayo en el Mundial ’50. El capitán del Maracanazo. El capitán eterno.

Esta semana se cumplieron 100 años del nacimiento del centrojás legendario de la Celeste. Y en ese mensaje se entiende su compromiso y liderazgo grupal. Más allá de su carácter y su épica ante 200.000 cuerpos brasileños, siempre se negó a celebrar la victoria en la final. “Ganamos porque ganamos, nada más. Nos llenaron de pelotazos, fue un disparate. Jugamos 100 veces y sólo ganamos esa”, recordó alguna vez. Los más grandes escritores de fútbol le dedicaron a Obdulio textos de alto vuelo. Aquí, uno de ellos. Pasen y lean.

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Por Eduardo Galeano

Yo era chiquilín y futbolero, y como todos los uruguayos estaba prendido a la radio, escuchando la final de la Copa del Mundo. Cuando la voz de Carlos Solé me transmitió la triste noticia del gol brasileño, se me cayó el alma al piso. Entonces recurrí al más poderoso de mis amigos. Prometí a Dios una cantidad de sacrificios a cambió de que Él se apareciera en Maracaná y diera vuelta el partido.

Nunca conseguí recordar las muchas cosas que había prometido, y por eso nunca pude cumplirlas. Además, la victoria de Uruguay ante la mayor multitud jamás reunida en un partido de fútbol había sido sin duda un milagro, pero el milagro había sido más bien obra de un mortal de carne y hueso llamado Obdulio Varela. Obdulio había enfriado el partido, cuando se nos venía encima la avalancha, y después se había echado el cuadro entero al hombro y a puro coraje había empujado contra viento y marea.

Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Obdulio Varela, histórico capitán de Uruguay campeón del mundo en Maracaná en 1950.

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Al fin de aquella jornada, los periodistas acosaron al héroe. Y él no se golpeó el pecho proclamando que somos los mejores y no hay quien pueda con la garra charrúa:

-Fue casualidad- murmuró Obdulio, meneando la cabeza. Y cuando quisieron fotografiarlo, se puso de espaldas.

Pasó esa noche bebiendo cerveza, de bar en bar, abrazado a los vencidos, en los mostradores de Río de Janeiro. Los brasileños lloraban. Nadie lo reconoció. Al día siguiente, huyó del gentío que lo esperaba en el aeropuerto de Montevideo, donde su nombre brillaba en un enorme letrero luminoso. En medio de la euforia, se escabulló disfrazado de Humphrey Bogart, con un sombrero metido hasta la nariz y un impermeable de solapas levantadas.

En recompensa por la hazaña, los dirigentes del fútbol uruguayo se otorgaron a sí mismos medallas de oro. A los jugadores les dieron medallas de plata y algún dinero. El premio que recibió Obdulio le alcanzó para comprar un Ford del año 31, que fue robado a la semana.

 

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