Ecos que no volverán…

A un toque

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Los rostros de Sabella y Messi retratan la frustración argentina tras la derrota contra Alemania. Foto de Jamie McDonald/Getty Images South America / Vía Zimbio

Los rostros de Sabella y Messi retratan la frustración argentina tras la derrota contra Alemania. Foto de Jamie McDonald/Getty Images South America / Vía Zimbio

Por Geoff Hernández (@geoffhernandez)

1- Si tan solo hubiese entrado esa, Pipa. Si tan solo hubieses sido vos, Leo. Si tan solo la torpeza de Palacio se hubiese tomado un día libre. Sin tan solo. Lo más curioso de todo fue que el mejor partido de la Argentina llegó contra el rival más fuerte. Otra teoría acertada. Mientras más fuerte fuese el rival, mejor responderían. A Los hermanos del norte no se los perdona, ni se lps deja vivo. Te aniquilan si lo haces, y así ocurrió. Los alemanes terminaron exigidos al máximo y apelando a la frescura física para poder derribar un muro de esperanzas y de buen funcionamiento liderado por el eterno Mascherano. Goetze, de no ser nada ni nadie, a serlo todo.

2- La lesión de Khedira lo cambió todo. Alemania, sin el 6, es otra máquina no tan perfecta. Kroos fue el que más sintió la ausencia de su socio. Tomó responsabilidades más altruistas, realizando movimientos que liberaran a un imperial Schweinsteiger, que fue el héroe del día. Toni no tuvo espacios. Toni no participó. Bastian lideró a los dirigidos por Joachim Löw, se trajeó de Muller, y se convirtió en Capo. Los hizo jugar a todos, desnudó a Rojo y a Biglia. Él solo. El culpable de la paciencia teutona fue él. Partido que jamás olvidará.

Goetze ingresó por Klose y marcó el gol que le dio la Copa del Mundo a Alemania. Foto de Matthias Hangst/Getty Images South America / Vía Zimbio

Goetze ingresó por Klose y marcó el gol que le dio la Copa del Mundo a Alemania. Foto de Matthias Hangst/Getty Images South America / Vía Zimbio

3- Sabella quedó eliminado hace tiempo en este Mundial. Sus decisiones desdeñaron la esencia y lo que pedía el partido. Las emociones terminaron por reemplazar a la lógica, y esto se paga con sangre en una final. Lavezzi dictó cátedra en los primeros 45 minutos. Tomó el legado de Di María. Intentó ser introducción y nudo, dentro de un equipo que sin Ángel, no es lo mismo. Metió, apretó, regateó, apoyó al marcador de punta derecha, y le incomodó la vida a un Hummels que no le costó un gol a Alemania de milagro. La excusa de querer ganar el partido en los ’90 es una demostración de lo lejos que está de ser un genio. Esa nadie se la cree, Sabella. Era Lavezzi hasta el final.

4- Messi se sacrificó él mismo por el equipo. Nunca puso el deseo personal antes del triunfo colectivo. Al carajo seguramente mandó el MVP del torneo. Él no quería eso. Él quería ganar. Hacer historia. ¿No me cree? Revise el punto de partida de Leo. Siempre tenía que saltarse dos y tres líneas con cuatro leones trajeados de blanco a su alrededor. Mordiéndole el alma. Pellizcándole el espíritu. Leo fue tan noble que evitó el camino que probablemente lo hubiese glorificado a él. Mantenerse junto a Higuaín y esperar alguna chance frente al área. No lo hizo. Jugó para el equipo y a la luz de la verdad, no muchos hicieron esto en el Mundial. Me niego a dudar de ti, Leo. Volverás, sé que volverás.

5- Los hermanos del norte eran superiores, pero en el Maracaná no lo fueron. Las espaldas de sus laterales casi los liquidan. Boateng terminó siendo un omnipresente maravilloso. Un clutch. Un cerrador. Un protector del genio que mide casi dos metros y está en la portería. Ozil inició divino y luego se diluyó entre tanta garra por el medio. Agüero, lo único que hizo bien, fue referenciarlo a Schweinsteiger en los primeros 15 minutos del segundo tiempo. A partir de allí, todo se le hizo más espeso a Alemania. Y allí es cuando hay que aplaudir el gen de Guardiola en este equipo. Pacientes elaboradores que no le temen al tic del tiempo. Aprovechaban cada espacio y reformulaban cuando tenían que hacerlo. Cero rigidez. Todos se movían. Todos trabajaban. Y por eso. Todos ganaron.

Rizzoli no cobró un claro penal de Neuer sobre Higuaín. Foto de aurence Griffiths/Getty Images South America / Vía Zimbio

Rizzoli no cobró un claro penal de Neuer sobre Higuaín. Foto de aurence Griffiths/Getty Images South America / Vía Zimbio

6- Fue penal sobre Higuaín. Debió ser expulsado Mascherano. Rizzoli influenció en el partido. Pero más influenció en la Argentina las formas cómo llegó a esta final. Dependiendo plenamente de Messi, un chico que tuvo que emigrar para poder desarrollarse. Porque no lo querían. Espejismos ilusorios vivió la Selección. Un trofeo hubiese sido una bocanada de aire por varios años más para los indolentes que lideran la AFA, los mismos que extinguieron el semillero, por tanta corrupción, e ignorancia. Da la sensación que apenas empieza la tragedia. Cuando se mira por encima del hombro de Messi, Kun, Pipa y Di María, no se observa a nadie detrás. No hay generación de relevo. Y duele. Porque tanta maldad producida por los políticos de la AFA en algún momento iba a dar sus frutos. Argentina está en caos.

7- Esta Alemania es la antítesis. La demostración de que la constancia y el buen trabajo siempre ganará. Hombres expertos en fracasos que hoy besaron la gloria. La idea de que esta era su última oportunidad – Lahm, Bastian, Klose – los potenció al máximo. Y en diferencia con el gris futuro de la Argentina, Alemania tiene una fábrica que no cesa de producir grandes jugadores. La revolución fue interna. En las bases. Transformaron todo con la plena intención de dominar el mundo. Y lo lograron. Trabajaron casi siete años sobre una idea y casi la lesión de Khedira lo desordenaba todo. Aunque no lograron acostumbrarse al caos, tuvieron los recursos necesarios para ganar.

… y 8- Tan cerca y a la vez tan lejos. La Argentina demostró ser el campeón mundial en el instinto de supervivencia. Y casi le es suficiente para derrotar al gigante. Fueron transcendiendo en el torneo sin temor, sin ínfulas ni complejos. Entendieron sus debilidades para afincarse en las virtudes. De no ser por esa máquina perfecta que ejecutan ‘Los hermanos del norte’, podría haber sido todo distinto. Todo lo que diga no sanará la herida de 40 millones de argentinos que deseaban la gloria. De una u otra manera, el final demostró que la coherencia siempre vencerá a la improvisación. Alemania, los nuevos reyes del mundo. Sin nada que reprochar.

 

 

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