Destinos cruzados

A un toque

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Apenas tenía cinco años, cuando un adolescente de pelambre rubia se estrenaba con la camiseta de Estudiantes en su cuerpo. Era julio de 1992 y Lucas Viatri correteaba con su guardapolvo de pre-escolar en Loma Hermosa. Los sueños de goleador todavía no poblaban su inconsciente. Y menos aún, habitaban en una cancha. Todo lo contrario de estos días. Ahora se lo ve crecido y contundente en la zona de fuego. Y con el gol como palabra dominante en su vocabulario. La misma que tantas veces soltó Martín Palermo, su compañero de ataque. Todo al doble nueve.
“Al fin”, pensó Viatri al ver sistema elegido por Borghi. Otra vez, tenía espacio entre los titulares. Como en el Apertura 2008, cuando tomó la 9 tras la rotura de ligamentos de Palermo. Ahí, Viatri devolvió la gentileza de Ischia con ocho goles en 20 partidos y tuvo un lugar destacado en el podio de ese título. El regreso del Titán, sin embargo, lo obligó a sumar minutos desde el banco con Basile y Alves. Sólo Bichi apostó por la convivencia de los goleadores. Y Lucas retribuyó ese pleno en la red. Marcó cuatro goles en cinco partidos; la misma cifra que en los 22 encuentros acumulados en los últimos dos campeonatos.
“Con Martín nos vamos entendiendo cada vez mejor. Se hace fácil jugar a su lado”, aseguró Viatri. Y del lado de Palermo, también se escucharon elogios. “Lucas encontró su lugar, se ha consolidado. Lo demostró con goles, sacrificio y juego. Después de que me retire, Boca tiene nueve para rato”, pronosticó el Titán. Así, el doble nueve funciona a la perfección. A los 36 años, Palermo está donde debe estar. Y a la hora señalada. Viatri, en tanto, busca seguir su huella. El mismo amor, la misma historia… el gol.

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