Antagonistas de la perfección

A un toque

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Todos los abrazos son para Higuaín, autor del gol contra Bélgica. Foto de Matthias Hangst/Getty Images South America / Vía Zimbio

Todos los abrazos son para Higuaín, autor del gol contra Bélgica. Foto de Matthias Hangst/Getty Images South America / Vía Zimbio

Por Geoff Hernández (@geoffhernandez)

1- Lo anticipábamos en la nota Asesinos de la agonía: Lucas Biglia sería el antídoto para el caos que se creaba al momento de compactar el bloque defensivo en el mediocampo argentino, facilitándole el trabajo a Mascherano. La inclusión del volante, y la de Demichelis por Fede Fernández, mostraría un rostro totalmente distinto y necesario para un seleccionado que, a trompicones, circunstancias, y aprovechamientos de detalles, está entre los cuatro más grandes del mundo. A partir del orden llegaría todo, lo dijo Sabella, y eso ocurrió. Higuaín revivió, y se cargó a un Kompany que cuando debe enfrentarse al uno contra uno y a las expansiones de los espacios amplios, deja de ser un superdotado. El Pipa está, y cuenta. Con espacios asesina, ante cerrojos, le cuesta. Lee Sabella.

2- En cuartos vimos la parte oscura de Bélgica. Su inocencia en esta instancia se notó y en demasía. Doy un golpe a la mesa y le añado la culpa a Wilmots, más que a sus jugadores. Es verdad que el técnico no ejecuta, pero sí tiene la obligación de obturar todos los caminos y recrear las circunstancias que hay en un partido, para explotar al máximo las cualidades de su plantilla. No lo hizo. Desperdició el inicio de una hermosa generación. Wilmots fue el sector más débil de Bélgica, tanto como Witsel y Fellaini. Ningún pasador europeo tenía el mínimo conocimiento de donde estaba su compañero, mientras levantaban la cabeza para ubicar a uno de los suyos, Mascherano y Biglia le rompían cualquier circuito asociativo. Al final, terminaron arrimando a la Argentina, a través de la desnaturalización de su esencia. El revoleo grosero y la apuesta plena al error del rival. Una estupidez, cuando tienes a Fellaini, Mertens, Hazard y Witsel en tu zona de elaboración.

[pullquote]Aunque sigan lloviendo críticas a su juego, el seleccionado argentino se metió en semifinales tras 24 años de espera.[/pullquote] 3- La Argentina abraza la sabiduría. No le tiene temor a defenderse con repliegue y menos al despliegue. Entiende que no está para la perfección y, a partir del reconocimiento de las estaciones existentes dentro de un partido, nace todo su éxito. No brilla como el sol, ni enamora como Dylan, pero basta que falles una vez, y aparezca el todopoderoso Messi, y te inicie la jugada correcta y te lea el espacio perfecto para asesinarte. Esto es el seleccionado argentino, un conjunto de elementos entendidos y creyentes a una filosofía que parte del esfuerzo más que de la estética.

4. La lesión de Di María le quita la introducción y el nudo a esta Argentina. Se desgarró. No va más. Maxi Rodríguez era el cambio lógico. Pero la lógica sigue siendo secundaria para Sabella, y lo añadió a Enzo Pérez, de brillante presentación. Junto a Lavezzi le taparon la salida a Alderweireld y eliminaron del partido al flojito Mirallas. Es una cuestión de esfuerzo. Los recorridos del Pocho eran de lateral-delantero y no de volante-delantero como se esperaba. José María Basanta también agradeció el altruismo de Lavezzi y Enzo. Basanta estuvo correcto. No tan incisivo en ofensiva como Rojo, pero al superponer las marcas, nunca falló una. Protegió la punta izquierda con su vida, y lo potenció plenamente a un Micho que no volverá a ver la banca en el resto del Mundial.

Ezequiel Garay sacó todo por arriba y fue la figura. Foto de Matthias Hangst/Getty Images South America / Vía Zimbio

Ezequiel Garay sacó todo por arriba y fue la figura. Foto de Matthias Hangst/Getty Images South America / Vía Zimbio

5. Fue el partido más cómodo hasta el momento para La Argentina en el Mundial. Se retrasó porque era el plan, no hubo frustración porque el guión del partido estaba bien repasado antes del pitazo inicial, y terminaron pidiendo la hora, porque aunque entregaron muy poco en ataque, se creyeron que lo podían aguantar. Fe. Jugaron con fuego, pero salieron adelante.

6- Ezequiel Garay fue el man of the match. Multiplicado, entregado, con los sensores de ubicación en perfecto estado. Por arriba sacó todo, por bajo con estética y sin estética se encargó de facilitarle el trabajo al terror Romero. Si terminan siendo los Reyes del Mundo tendrán que hacerle una estatua en el Monumental y otra en La Bombonera. El vivo ejemplo que a partir del esfuerzo y la concentración nace todo. Hasta la ilusión de ser de los mejores cuando en realidad no lo eres.

…y 7- Enamorarse de las carencias. Multiplicar las virtudes. Mantener la fe intacta y reflejar en la cancha que en estos torneos la concentración y la definición lo son todo. La Argentina de Messi, sin oler a perfección, se sacudió los demonios y entró en el cuadro de honor. La gloria está muy cerca, como para rendirse.

 

 

 

 

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