Okupa

Al fondo de la red

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Antes de mirar desde fuera el Mundial Sub 20 de Egipto en 2009, perder el tren futbolero hacia los Juegos Olímpicos de Londres y no estar entre los habitantes del próximo Mundial Sub 20 en Turquía, los seleccionados juveniles eran una fábrica exitosa. Los futbolistas argentinos sumaban conceptos, brillaban en los torneos y volaban directo a los ciclos mayores. Aquella curva era perfecta, soñada. Nada de esa producción, sin embargo, queda en el predio de Ezeiza. De 2007 a estos días, la estructura se muestra deteriorada. Y con un criterio de elección frustrante, a cargo de personaje con apellido de peso y escasas credenciales.

Grondona

Se trata de Humberto Grondona, el subdirector de selecciones nacionales, que dinamitó la obra diseñada por Pekerman y Tocalli. Los juveniles argentinos ya no deslumbran con su juego y, menos aún, piden espacio en la Selección. Los últimos nombres en dar el salto fueron Sergio Romero, Banega, Di María y Kun Agüero, después de ganar el Mundial Sub 20 de Canadá. Eran días de Tocalli en el banco. Otros tiempos. Otra historia, que de ahí en más encadenó frustraciones con chicos de bajo vuelo futbolero y técnicos sin cartel de especialistas en juveniles.
La llegada de Humberto Grondona -junto con Bilardo- permitió el aterrizaje de Checho Batista, José Luis Brown, Olarticoechea, Garré, Perazzo y Trobbiani, entre otros nombres. La mayoría de ellos, pertenecientes a la Generación del 86 y faltos de rodaje como DT de juveniles. Algo que quedó en claro en el juego y los resultados de estos seleccionados. La última escena negativa fue la eliminación del Sub 20 en la fase inicial del último Sudamericano. «Me voy porque tengo dignidad, orgullo y principios», justificó Trobbiani en su despedida.
La derrota del Sub 17 contra Ecuador, con Humberto Grondona en el banco, volvió a evidenciar el deterioro en la estructura de los juveniles. Y sobre todo, la ineptitud del subdirector de selecciones. El hombre que, inexplicablemente, se comparó con Pekerman. Así lo relató en una entrevista con El Gráfico: «En 1994, era Pekerman o yo. En realidad, era yo, pero como nos había ido mal en el Mundial de Estados Unidos y mi apellido es Grondona, di un paso al costado». La tarea y los resultados de cada protagonista se ven con claridad. Hay méritos y capacidad en Pekerman. Y nada de eso, en Grondona hijo. El okupa de la Selección.

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