LAS 10 DEL 10 (BY TRINCHE CARLOVICH)

Las 10 del 10

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Murió Tomás Felipe Carlovich, el Trinche. En verdad, lo mataron. Tenía 74 años y días atrás lo habían asaltado para robarle su bicicleta en Rosario. Los golpes recibidos en la cabeza le provocaron un derrame cerebral y derivaron en su muerte. El repaso por su currículum señala que jugó en Rosario Central, Flandria, Colón, Independiente Rivadavia, Deportivo Maipú. Andes Talleres Sport Club, Newell’s de Cañada de Gómez y Central Córdoba de Rosario; su equipo, su lugar en el mundo. Esos datos, sin embargo, quedan detrás de su historia. Su leyenda. Famoso por los caños de ida y vuelta, su noche magnífica contra la Selección en 1974 y el amor por la pesca, fue último futbolista de culto. Su talento, como las fábulas, pasó de boca en boca. Estas diez frases sirven para pintar su retrato. Ilustrar su esencia. Y entender al prócer de la pelota.

“Siempre jugué igual, con las mismas ganas. A lo mejor ir a Francia o al Cosmos, posibilidades que tuve en su momento, me hubiera cambiado la vida. Para mí, jugar en Central Córdoba fue como jugar en el Real Madrid”.

“Al fútbol lo sentía como un juego, más que como una profesión. Nací con esto, con la pelota. Cuando estaba en Central o en cualquier otro equipo, después venía y me enganchaba en los torneos del pueblo. Jugaba cinco o seis partidos un domingo en cancha de 11 o de siete”.

“En un partido con Central Córdoba me echaron. Me sacó la roja y la gente empezó a gritarle al juez. Me iba y me vino a buscar el referí. Me dice ‘no se vaya, quédese que no lo eché’”.

“Habrá sido como dice la gente, yo no me di cuenta. Vos entrás a la cancha y ves 30.000 personas y decís: ‘No puedo jugar mal, sino no tendría que estar acá adentro’. Son noches que a lo mejor te salen todas, y al otro día tal vez ni la tocás. Ese partido quedó en la historia porque fue contra la Selección”.

“Yo era muy de barrio. Cuando tuve que ir a Mendoza pensé que tenía que viajar a Chile o a Japón. Me costaba mucho acostumbrarme. Dejaba a mis afectos, a mi vieja, mi viejo y mis hermanos, y muchas cosas más”.

“Acá en Rosario se han inventado un montón de cosas acerca de mí. Pero no son verdad… A los rosarinos les gusta contar cuentos. Algún caño de ida y vuelta habré hecho, pero no es para tanto”.

“¿Qué es llegar? La verdad es que no tuve otra ambición más que la de jugar al fútbol. Y sobre todo, de no alejarme mucho de mi barrio, de la casa de mis viejos, de estar con el Vasco Artola, uno de mis mejores amigos que me llevó de chico a jugar en Sporting de Bigand…”

“Fui a la AFA con unos dirigentes de Central Córdoba y me reuní con Grondona en su oficina. Me empezó a contar que me iba a ver a jugar al fútbol con su señora y que sé yo. Cuando le firmé un par de camisetas, el viejo se largó a llorar”.

“Ando mucho en bicicleta, y la gente que me reconoce y me grita cosas. Que Maradona, que Messi. yo soy muy querido en Rosario, y para mí es un orgullo que la gente me aprecie”.

“Hubiera dado la vida por compartir una cancha con Maradona. Si en algún momento de mi carrera como futbolista me decían ‘Trinche vas a jugar con Diego 45 minutos, pero después partís arriba o abajo’ yo aceptaba y se lo firmaba, ya. ¡Qué me importa! ¡Era la ambición de mi vida!”.

 

 

 

 

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