<br />
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	<title>Italia 1990 &#8211; DE FÚTBOL SOMOS</title>
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	<title>Italia 1990 &#8211; DE FÚTBOL SOMOS</title>
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		<title>BILARDO, SU CONTRATO CON EL SELECCIONADO Y EL EFECTO DE LA INFLACIÓN</title>
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		<dc:creator><![CDATA[defutbolsomos]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Jan 2022 22:30:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A un toque]]></category>
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					<description><![CDATA[<img width="1810" height="1158" src="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2022/01/bilardocontrato1-e1642874723531.jpg" class="attachment-small size-small wp-post-image" alt="" style="margin-bottom:10px;" decoding="async" fetchpriority="high" srcset="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2022/01/bilardocontrato1-e1642874723531.jpg 1810w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2022/01/bilardocontrato1-e1642874723531-300x192.jpg 300w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2022/01/bilardocontrato1-e1642874723531-1024x655.jpg 1024w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2022/01/bilardocontrato1-e1642874723531-768x491.jpg 768w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2022/01/bilardocontrato1-e1642874723531-1536x983.jpg 1536w" sizes="(max-width: 1810px) 100vw, 1810px" />Por Santiago Tuñez -¿Qué te gustó? -La hidalguía de los muchachos que, a pesar del dolor que sentían en ese momento, se quedaron para aplaudir a los alemanes. Eso me hizo sentir orgulloso. -¿Tenías fe? -Sí, pero era difícil. El equipo se venía cayendo. Entre lesionados y suspendidos quedamos muy disminuidos. Demasiado para una final &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<img width="1810" height="1158" src="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2022/01/bilardocontrato1-e1642874723531.jpg" class="attachment-small size-small wp-post-image" alt="" style="margin-bottom:10px;" decoding="async" srcset="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2022/01/bilardocontrato1-e1642874723531.jpg 1810w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2022/01/bilardocontrato1-e1642874723531-300x192.jpg 300w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2022/01/bilardocontrato1-e1642874723531-1024x655.jpg 1024w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2022/01/bilardocontrato1-e1642874723531-768x491.jpg 768w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2022/01/bilardocontrato1-e1642874723531-1536x983.jpg 1536w" sizes="(max-width: 1810px) 100vw, 1810px" /><p><strong>Por Santiago Tuñez</strong></p>
<p><strong>-¿Qué te gustó?</strong><br />
-La hidalguía de los muchachos que, a pesar del dolor que sentían en ese momento, se quedaron para aplaudir a los alemanes. Eso me hizo sentir orgulloso.<br />
<strong>-¿Tenías fe?</strong><br />
-Sí, pero era difícil. El equipo se venía cayendo. Entre lesionados y suspendidos quedamos muy disminuidos. Demasiado para una final del mundo.<br />
<strong>-¿Y ahora qué?</strong><br />
-Ya te dije: no dirijo más.</p>
<p>El 8 de julio de 1990, Carlos Salvador Bilardo vivió su último partido como DT de la Selección. <a href="https://www.youtube.com/watch?v=9IPNfCBcCyQ">La derrota contra Alemania 1 a 0</a>, en la definición del <a href="https://www.defutbolsomos.com.ar/todo-esta-guardado-en-la-memoria-4/">Mundial de Italia</a>, marcó el punto y aparte de su libro en celeste y blanco. De ahí en más, no hubo otras ediciones con su firma. No. En la biblioteca futbolera había dejado una obra magnífica. De principio a fin, sus páginas incluyeron <a href="https://www.youtube.com/watch?v=CHNwvkAmjRc">momentos exitosos</a>, resistencia con sus convicciones e <a href="https://www.youtube.com/watch?v=hlZ4Wz4n4CA">innovaciones tácticas</a>. Una historia de autor.<span id="more-15993"></span></p>
<p>En la revista <em>El Gráfico</em>, Bilardo repasaba su ciclo con la Argentina y, de cara al día después, se animaba a proponer el nombre de su sucesor. “A mí debe reemplazarme alguien que siga la línea. Nadie como Pachamé (su ayudante de campo) para interpretarla. Creo que él debe ser la cabeza de un cuerpo técnico integrado por hombres consustanciados con nosotros”, le comentaba al periodista Aldo Proietto. Y luego iba más allá en ese análisis: “La otra noche le dije a Víctor Hugo que me gustaría que se respetara esta línea, porque es la indicada y la que podemos imponer para siempre”.</p>
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="550" data-dnt="true">
<p lang="es" dir="ltr">&quot;Me pongo mal cuando escucho la canción de Julio Iglesias &#39;Me olvidé de vivir&#39;. Mi vida la dediqué al fútbol y a la medicina para estar arriba, para estar arriba, para estar arriba&quot;, dice el Doc Bilardo. Y ahí se metió un gas lacrimógeno en los ojos&#8230; <a href="https://t.co/bZ9RwsqZWC">pic.twitter.com/bZ9RwsqZWC</a></p>
<p>&mdash; De Fútbol Somos (@defutbolsomos) <a href="https://twitter.com/defutbolsomos/status/1370175253075406849?ref_src=twsrc%5Etfw">March 12, 2021</a></p></blockquote>
<p><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script></p>
<p>Nada de eso ocurrió. En su lugar llegó Coco Basile. Y con los años hubo otros nombres en el seleccionado, como Passarella, Bielsa, Pekerman, Bauza y Sampaoli. También estuvieron Maradona y Checho Batista, dos íconos del ciclo de Bilardo. Acaso, su mayor punto de contacto desde la línea táctica haya sido Sabella, a quien acompañó como director de selecciones nacionales.</p>
<p>Aquella entrevista con Bilardo transitaba temas de coyuntura. Decía sobre el triunfo contra Italia en la semifinal de la Copa del Mundo: “Jugamos bien, mejor que ellos, pero esa definición por penales fue una locura. Nunca sufrí tanto, nunca gocé tanto”. Contaba sobre la clave de su trabajo diario: “Subirse a los aviones, ir a ver fútbol y volver al día siguiente, pasar la vida mirando equipos y jugadores, tratando de evolucionar, por ahí pasa la verdad”. Y también, mencionaba un tema que, tres décadas más tarde, sigue vigente en el país. ¿Cuál? La inflación.</p>
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="550" data-dnt="true">
<p lang="es" dir="ltr">9/7/90. La selección vuelve al país y fue a la casa rosada dónde los esperaba una multitud.<br />Estos segundos retratan a la perfección la humildad y valores de Bilardo, que estaba siendo vitoreado por toda la plaza y él prefirió desviar el foco de atención y gritar por ARGENTINA! <a href="https://t.co/75UAw6mgcu">pic.twitter.com/75UAw6mgcu</a></p>
<p>&mdash; Bilardo Eterno (@BilardoEterno) <a href="https://twitter.com/BilardoEterno/status/1413504485708730379?ref_src=twsrc%5Etfw">July 9, 2021</a></p></blockquote>
<p><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script></p>
<p>Bilardo se enfocaba en este índice, al recordar el contrato que había sellado con la Selección en enero de 1983. “Firmé por menos plata de la que ganaba en Estudiantes, me importaba dirigir a Argentina. Pero eso no fue nada”, advertía en la nota. Y seguía sobre ese acuerdo: “Pusimos una indexación del 75% cada tres meses; o sea, más del 20% mensual. ¿Sabés que inflación hubo? El primer mes, 100%; el segundo, 120%; y el tercero, 140%. ¿Hace falta agregar más? A los dos años, la AFA me dijo: &#8216;Bilardo, con lo que usted gana no puede comer&#8217;”.</p>
<p>En su respuesta a Grondona y compañía, Bilardo eligió dejar a un lado la cuestión económica y el índice inflacionario que había devorado su contrato. “Les contesté que no me interesaba, que ése era el acuerdo y que si me tocaba perder, perdía”, aseguraba el ex DT de la Selección. Eso sí, algo lamentaba de ese contexto que aún pega fuerte en la Argentina: “Lo peor es que arrastré conmigo a Pachamé, el profe Echeverría y el doctor Madero”.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>MARADONA, LA GIRA PREVIA AL MUNDIAL &#8217;90 Y EL SUICIDIO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[defutbolsomos]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 May 2020 20:29:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[#LecturaRecomendada]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Arcucci]]></category>
		<category><![CDATA[Italia 1990]]></category>
		<category><![CDATA[Maradona]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial de 1990]]></category>
		<category><![CDATA[Ramón Díaz]]></category>
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					<description><![CDATA[<img width="1069" height="652" src="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2020/05/maradonagira1990-e1588617285481.jpg" class="attachment-small size-small wp-post-image" alt="" style="margin-bottom:10px;" decoding="async" srcset="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2020/05/maradonagira1990-e1588617285481.jpg 1069w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2020/05/maradonagira1990-e1588617285481-300x183.jpg 300w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2020/05/maradonagira1990-e1588617285481-1024x625.jpg 1024w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2020/05/maradonagira1990-e1588617285481-768x468.jpg 768w" sizes="(max-width: 1069px) 100vw, 1069px" />*Por Daniel Arcucci A esa hora, poco después del mediodía, tras el almuerzo, la mayoría de los jugadores de la Selección Argentina dormían la siesta o, por lo menos, permanecían en sus habitaciones. El hotel que ocupaban ellos y nosotros, los periodistas que seguíamos la gira en el increíble pueblito de Thun, muy cerca de &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<img width="1069" height="652" src="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2020/05/maradonagira1990-e1588617285481.jpg" class="attachment-small size-small wp-post-image" alt="" style="margin-bottom:10px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2020/05/maradonagira1990-e1588617285481.jpg 1069w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2020/05/maradonagira1990-e1588617285481-300x183.jpg 300w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2020/05/maradonagira1990-e1588617285481-1024x625.jpg 1024w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2020/05/maradonagira1990-e1588617285481-768x468.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1069px) 100vw, 1069px" /><p><strong>*Por Daniel Arcucci</strong></p>
<p>A esa hora, poco después del mediodía, tras el almuerzo, la mayoría de los jugadores de la Selección Argentina dormían la siesta o, por lo menos, permanecían en sus habitaciones. El hotel que ocupaban ellos y nosotros, los periodistas que seguíamos la gira en <a href="https://www.youtube.com/watch?v=09_LW0N6iKE">el increíble pueblito de Thun, muy cerca de los Alpes suizos</a>, estaba encajonado entre una tranquila ruta que serpenteaba hacia las montañas y un lago abajo que parecía pintado. No había mucho más que hacer allí que admirar el paisaje, mientras se dejaban pasar las horas hasta que llegara el día del partido contra Suiza, de preparación antes del <a href="https://www.youtube.com/watch?v=N2ANAqO1TLs">Mundial de Italia &#8217;90</a>, en la cercana ciudad de Berna.<span id="more-14066"></span></p>
<p>En eso estaba, haciendo nada o, en todo caso, agradeciéndole a mi profesión el estar allí, cuando desde uno de los ascensores, en la otra punta del salón, donde yo estaba plantado frente a los ventanales, apareció Maradona. Insólitamente solo. Cuesta explicar por qué puede resultar extraño ver a un hombre caminando solo, sin nadie alrededor, sin nadie hablándole, sin nadie pidiéndole, sin nadie saludándolo. No cuesta tanto si se aclara que a quien se está viendo se llama <a href="https://www.defutbolsomos.com.ar/jugar-con-maradona-era-como-que-lennon-te-cantara-imagine/">Diego Armando Maradona</a>: esa escena puede ser incunable.</p>
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<p>Cruzó el lobby y salió por la puerta principal. Lo seguí indiscretamente, como para no romper el encanto de esa imagen tan poco vista y, más que nada, para no interrumpir algo que, supuse, él estaba disfrutando. Pero cuando llegué al jardín de la entrada, él se había parado de frente al hotel, casi en el borde de la ruta por donde pasaban buses rojos silenciosos, las manos tomadas detrás de la cintura, la pera alta, la mirada arriba, como tratando de pasar por encima del edificio para ver el lago, del otro lado. Apenas tuvo que bajar la vista para verme, enmarcado por la puerta del hotel, a no más de 20 metros de distancia. &#8220;¿Qué hacés?&#8221;, me saludó. &#8220;¿Vamos a caminar un rato?&#8221; Por supuesto, fuimos.</p>
<p>La caminata -hacia arriba, alejándonos de Thun y metiéndonos entre casitas de montañas- fue matizada por varios comentarios de Diego que podrían haber sido título de tapa. &#8220;A este equipo le falta gol&#8230; ¿Sabés quién podría salvarnos? <a href="https://www.youtube.com/watch?v=XvXytlPqYgY">El Pelado Díaz</a>&#8220;, me dijo, por ejemplo, y eso justo cuando en Buenos Aires se especulaba con que el riojano no estaba en la Selección porque Maradona no lo quería. Pero nada de lo que pueda haber expresado fue más trascendente y llamativo que lo que sucedía a su alrededor.</p>
<p>Muchas gente caminaba por allí. Pocos turistas, muchos suizos. Con algunos nos cruzábamos en las estrechas veredas de piedra, casi rozándonos o, incluso, cediéndonos el paso. Nadie lo detuvo. Nadie le pidió un autógrafo ni una foto. Quienes lo reconocían, muchos, lo miraban de reojo, con tanta discreción que él ni se daba cuenta. Quienes no, varios, por supuesto, ni le dedicaban una mirada a ese hombre vestido con un jogging turquesa y una remera blanca.</p>
<p>A él no parecía llamarle la atención esa tranquilidad: con las manos siempre cruzadas detrás de la cintura, seguía hablando, caminando sin apuro. Subimos todo lo que pudimos, siempre entre la ruta y el lago, y después emprendimos la vuelta. Volvimos a cruzarnos con gente y nada cambió.</p>
<p>Cuando llegamos al hotel había pasado casi una hora y Diego empezaba a bostezar. Antes de que se fuera para su habitación, y como él no hacía comentarios, se me ocurrió decirle: &#8220;Diego, la verdad, este sería un buen lugar para vivir&#8230; Caminamos una hora y no te molestó nadie, te tratan con un respeto increíble, tenés la montaña y el lago. Tenés todo. Habría que conseguir un equipo, nomás&#8221;. Antes de contestarme nada, Diego espió el lago por el costado del hotel. Justo llegaba un barco de paseo, atestado de gente tostándose al sol en la cubierta. Enseguida, observó la ruta, como siguiendo uno de esos buses rojos silenciosos que subía por los mismos lugares donde antes habíamos caminado. Entonces, sí, me contestó: &#8220;¿Estás loco, vos? A los dos días me suicido&#8221;.</p>
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<p><strong>*Fragmento del libro Conocer al Diego, Relatos de la fascinación maradoniana, escrito por Daniel Arcucci y publicado por Editorial Planeta</strong></p>
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