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	<title>Alejandro Duchini &#8211; DE FÚTBOL SOMOS</title>
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		<title>EXTRACTO DE &#8216;MI DIEGO&#8217;, UN RETRATO PERSONAL Y REVELADOR DE MARADONA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[defutbolsomos]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Aug 2021 13:56:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura hecha pelota]]></category>
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		<category><![CDATA[Argentinos Juniors]]></category>
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		<category><![CDATA[Libro Mi Diego]]></category>
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					<description><![CDATA[<img width="2560" height="1703" src="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2021/08/casamuseomaradona-scaled.jpg" class="attachment-small size-small wp-post-image" alt="" style="margin-bottom:10px;" decoding="async" fetchpriority="high" srcset="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2021/08/casamuseomaradona-scaled.jpg 2560w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2021/08/casamuseomaradona-300x200.jpg 300w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2021/08/casamuseomaradona-1024x681.jpg 1024w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2021/08/casamuseomaradona-768x511.jpg 768w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2021/08/casamuseomaradona-1536x1022.jpg 1536w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2021/08/casamuseomaradona-2048x1363.jpg 2048w" sizes="(max-width: 2560px) 100vw, 2560px" />Por Alejandro Duchini (@aleduchini) Es viernes 5 de diciembre de 2020. Hace poco más de una semana que murió Diego Maradona. Me contacto con César Pérez. Ahora es el propietario de la primera casa que tuvo Maradona en Capital Federal. Es la que le dio Argentinos Juniors en 1978 como parte de pago. En 2008 &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<img width="2560" height="1703" src="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2021/08/casamuseomaradona-scaled.jpg" class="attachment-small size-small wp-post-image" alt="" style="margin-bottom:10px;" decoding="async" srcset="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2021/08/casamuseomaradona-scaled.jpg 2560w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2021/08/casamuseomaradona-300x200.jpg 300w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2021/08/casamuseomaradona-1024x681.jpg 1024w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2021/08/casamuseomaradona-768x511.jpg 768w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2021/08/casamuseomaradona-1536x1022.jpg 1536w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2021/08/casamuseomaradona-2048x1363.jpg 2048w" sizes="(max-width: 2560px) 100vw, 2560px" /><p><strong>Por Alejandro Duchini (@aleduchini)</strong></p>
<p>Es viernes 5 de diciembre de 2020. Hace poco más de una semana que <a href="https://www.defutbolsomos.com.ar/los-hijos-de-nuestros-hijos-preguntaran-por-el/">murió Diego Maradona</a>. Me contacto con César Pérez. Ahora es el propietario de la primera casa que tuvo Maradona en Capital Federal. <a href="https://www.youtube.com/watch?v=fnOOlV-3iGA">Es la que le dio Argentinos Juniors en 1978 como parte de pago</a>. En 2008 la compró su padre, Alberto, dirigente de aquellos tiempos y que figura como referente del club en la firma del contrato. Cuando se fue Diego de ahí, a fines de 1980, vendió la casa a una familia de apellido Almeida, que a su vez la vendió a otra, Grajales, que instaló una fábrica de carteras. La casa, grande y antigua, estaba bastante dañada cuando los Pérez la adquirieron.<span id="more-15543"></span></p>
<p>Ahora no sólo es un museo a días de reabrir al público, sino un santuario. Flores, botellones plásticos sin pico, plegarias en papeles, figuras de santos, fotos de fanáticos con sus familias y del propio Diego, alguna camiseta y una bandera conmueven desde el escalón anterior a la puerta. Una lata de cerveza Quilmes. Una botella de vino. Un porro tirado. Parece un lugar de veneración. Podría ser para el Gauchito Gil o la Difunta Correa. <a href="https://www.youtube.com/watch?v=UIY8NP4p0sg">O hasta para Rodrigo, el cantante fallecido en un accidente en el año 2000</a>, cuando estaba en lo mejor de su popularidad y <a href="https://www.youtube.com/watch?v=xHsZkHnlvgs">se había hecho amigo de Diego</a>. Pero no: es por Maradona. Alguien pegó un escudito de All Boys, rival barrial de Argentinos. “Gracias por tanto, Diego. Hasta siempre”, escribió a mano otro sobre un papel blanco. Una familia le escribió que lo iban a extrañar. Hay un dibujito que parece hecho por un chico en el que se ve a Maradona con la camiseta de Boca. “Gracias por estar junto al pueblo”, se lee también.</p>
<p>“En esta casa vivió Diego Armando Maradona”, dice la placa que colocó la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en octubre de 2016, a 40 años de <a href="https://www.defutbolsomos.com.ar/el-diego-que-yo-vi/">su debut en Primera</a>.</p>
<p>César Pérez está a cargo de la propiedad y me invita a recorrerla. Estacionados frente a la casa, y es lo primero que me muestra, hay dos autos viejos. Un Fiat 125 rojizo, desgastado, y un Ford Taunus de los 80. Son las réplicas de los autos que tuvo Maradona cuando vivía ahí. Dos personas, una de ellas con un tatuaje de Marcelo Gallardo, el director técnico y emblema de River, los están arreglando. “Son hinchas de River pero se ofrecieron a restaurarlos porque aman a Diego”, me dice César. La idea de los hinchas de River era llevarse los coches a su taller para trabajarlos mejor. Pero acordaron hacer todo en el lugar para no dañarlos al moverlos. No tienen motor y sólo sirven de réplica.</p>
<p>Me siento en los años 70 y 80. No sé si es bueno. Pero si está Maradona, no será un recorrido tranquilo. La casa-museo está ambientada como cuando vivían los Maradona. Después de otros escalones, a la izquierda está el enorme living comedor que funciona como la primera estación de esta máquina del tiempo. Los muebles son de época. Sillón, radiograbador, televisor blanco y negro grande, fotos familiares, un tocadiscos, una mesa ratona y detrás una mesa enorme con sillas. Hay cuadros y recortes alusivos a Diego. No falta el ciclomotor Zanella tan canchero de entonces. “Cada cosa que ves acá la fuimos comprando con mi viejo imitando lo que tenía Diego en esa época”, me explica César, ex futbolista del Club Parque e hincha de Argentinos.</p>
<h2>&#8220;Me quedo con el Maradona que me dio todas las alegrías y con el que me cuentan algunos que lo conocieron, que era un tipazo, que siempre buscaba momentos de tranquilidad, lejos de las cámaras, para tomarse unos mates con vecinos. Y eso me lo humaniza más aún. Por eso, en el libro no lo juzgo, lo cuento”, dice Alejandro Duchini, autor de <em>Mi Diego</em>.</h2>
<p>En el hall, nos recibe un Maradona enorme y lleno de rulos. Obvio, no le falta la pelota. Es una estatua que tiempo atrás descubrió Jorge Mario Olguín, campeón del mundo del 78 y símbolo como jugador y técnico de Argentinos Juniors. En otro mueble hay una tapa de <em>El Gráfico</em> con Diego y la camiseta blanca suplente de Argentinos y otra edición en la que comparte portada con Beckenbauer. Aquel fue un encuentro memorable gestionado por el periodista Guillermo Blanco, quien se transformaría en su jefe de prensa en los tiempos de Barcelona. “Maradona y los millones de dólares”, invita a leer la revista <em>Gente</em> desde otra tapa en la que también está Diego, pero con la roja de Argentinos.</p>
<p>Este Diego retro le debe una gran parte de su existencia a la artista plástica Liliana Rosa Dursi. Es la madre de César y falleció en 2014. “Me hubiera gustado mucho que ella vea cómo quedó la casa”, lamenta César en la recorrida. Dursi fue parte de un grupo de artistas vecinos encargados de pintar murales por el barrio. Desde el actor <a href="https://www.youtube.com/watch?v=qPAY_FXohSQ">Héctor Carella</a> al <a href="https://www.youtube.com/watch?v=z263vKDXmLM">Bichi Borghi</a>, pasando por Francis Cornejo y unos cuantos de Maradona, el emblema barrial. Ella fue la coordinadora del Mural Homenaje a los 100 años de A.A.A.J. y al barrio, en San Blas y Boyacá.</p>
<p>“Todo esto nos atraviesa familiarmente”, dice César mientras me invita a firmar el libro de visitas. Al fondo de la enorme planta baja hay un sector que impresiona: en la cocina, que parece aún más detenida en el tiempo que el resto de la casa, hay una mesa a la que está sentado Diego junto a sus padres. de tamaño natural, son obras artísticas que de tan logradas causan impresión: atravieso la puerta y los veo, sonrientes, como en la suya. Ni me prestan atención. Conversan como si yo no existiera. Es imposible no sentir que están vivos. ¿Qué sentirá cada uno de los visitantes ante ese instante de pasado que da un cachetazo? ¡Diego está vivo!, asalta la sensación. Lleva puesta una vieja remera de Argentinos con una franja blanca. Está firmada por Los Cebollitas. Sus padres lo miran. Es lo más parecido a esa imagen tan difundida en las redes sociales cuando murió Diego en la que se lo ve llegando al cielo recibido por ellos. Si van, atájanse antes de asomar las narices en la cocina.</p>
<p>Desde una de las paredes, la foto sepia de la familia custodia la escena. La mesa es blanca, las sillas son negras. Hay una cafetera de tecnología ochentosa. Mesada de mármol. Hasta no hace mucho, cuando no estaban las réplicas de Diego y sus padres, los visitantes se sentaban a intentar sentir vaya uno a saber qué. Pero se sentaban. Ahora eso se complica: sería como interrumpir un momento familiar. Mejor mirar desde afuera. Más educado, parece. “Trato de no venir de noche”, dice César.</p>
<p>El baño es una de las reliquias que más tienta a los visitantes, sonríe César. Tiene una cinta para que sólo pueda verse desde afuera. César cuenta que suele darse el fenómeno de que la gente quiera sentarse en el inodoro. Por eso impidieron el ingreso a ese espacio tan íntimo de paredes rosadas, tan de los setenta. La decisión de cerrarlo al público la tomaron desde que un fanático napolitano se alejó de un grupo de visitantes y fue encontrado -literalmente- sentado sobre el inodoro, solo y meditabundo. Eso sí, con los pantalones puestos.</p>
<p><strong>* Fragmento del libro &#8216;Mi Diego&#8217;, de Alejandro Duchini, Lince Ediciones, Barcelona, 2021.</strong></p>
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		<title>&#8220;El fútbol fue el medio de comunicación con mi papá&#8221;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[defutbolsomos]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Dec 2015 17:15:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A un toque]]></category>
		<category><![CDATA[Alejandro Duchini]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Casciari]]></category>
		<category><![CDATA[Libro La pelota hecha palabra]]></category>
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					<description><![CDATA[<img width="2405" height="1073" src="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/casciari-e1470946118495.jpg" class="attachment-small size-small wp-post-image" alt="" style="margin-bottom:10px;" decoding="async" srcset="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/casciari-e1470946118495.jpg 2405w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/casciari-e1470946118495-300x134.jpg 300w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/casciari-e1470946118495-1024x457.jpg 1024w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/casciari-e1470946118495-768x343.jpg 768w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/casciari-e1470946118495-672x300.jpg 672w" sizes="(max-width: 2405px) 100vw, 2405px" />En su libro La palabra hecha pelota, el periodista Alejandro Duchini interroga a 14 personajes de distintos ámbitos culturales sobre su relación con el fútbol. Uno de ellos es el escritor Hernán Casciari, que recuerda a su padre, ya fallecido, con quien lo unía el amor por Racing. &#8220;El fútbol, en particular, fue mi medio &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<img width="2405" height="1073" src="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/casciari-e1470946118495.jpg" class="attachment-small size-small wp-post-image" alt="" style="margin-bottom:10px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/casciari-e1470946118495.jpg 2405w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/casciari-e1470946118495-300x134.jpg 300w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/casciari-e1470946118495-1024x457.jpg 1024w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/casciari-e1470946118495-768x343.jpg 768w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/casciari-e1470946118495-672x300.jpg 672w" sizes="auto, (max-width: 2405px) 100vw, 2405px" /><p>En su libro <em>La palabra hecha pelota</em>, el periodista Alejandro Duchini interroga a 14 personajes de distintos ámbitos culturales sobre su relación con el fútbol. Uno de ellos es el escritor Hernán Casciari, que recuerda a su padre, ya fallecido, con quien lo unía el amor por Racing. &#8220;El fútbol, en particular, fue mi medio de comunicación con él&#8221;, asegura el creador de la editorial Orsai. Y con el corazón pintado de celeste y blanco, vuela hacia 2001 y cuenta cómo vivió el título de la Academia desde España. Pasean y lean un extracto de la entrevista a Casciari que se publica en <em>La palabra hecha pelota</em>.<span id="more-9094"></span></p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</p>
<p><strong>Por Alejandro Duchini (@aleduchini)</strong></p>
<p><strong>-¿Cómo te vinculás con el fútbol?</strong><br />
-Mi vínculo con el deporte fue absolutamente paterno. Mi viejo era aficionado al deporte. Hacía de todo. Incluso Turismo Carretera. Era arquero de fútbol. Era bueno para el bástquet. Jugaba al vóley. Su mejor deporte era el tenis. Y después el paddle. Posiblemente el único tema de conversación que podía tener con él era ése: así que el fútbol fue un medio de comunicación para llegar a él. Y para tener conversación todos los días. No me costó nada. A los 7 u 8 años me gustaban los deportes, miraba todo. Incluso jugué a todo eso. Y el fútbol en particular fue mi medio de comunicación con Roberto. A poco de su muerte, escribí varios textos bajo el título “150 de mortadela” y en uno hablaba de él. En julio de 2008 murió y a fines de ese año miraba el fútbol y todavía tenía el automatismo de que al terminar un partido interesante, de la Selección o de Racing, sonaba el teléfono en casa o llamaba yo. Me costó mucho al principio aprender que no iba a pasar. Me costó reconciliarme con el fútbol.</p>
<div id="attachment_9101" style="width: 639px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/loeschebor.jpg" rel='prettyPhoto'><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-9101" class="size-large wp-image-9101" src="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/loeschebor-1024x671.jpg" alt="Loeschbor festeja el gol que le dio el título a Racing en 2001. Un campeonato que Casciari vivió a la distancia. Foto de la agencia NA" width="629" height="412" srcset="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/loeschebor-1024x671.jpg 1024w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/loeschebor-300x197.jpg 300w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/loeschebor-900x590.jpg 900w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/loeschebor-1280x839.jpg 1280w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2015/12/loeschebor.jpg 1701w" sizes="auto, (max-width: 629px) 100vw, 629px" /></a><p id="caption-attachment-9101" class="wp-caption-text">Loeschbor festeja el gol que le dio el título a Racing en 2001. Un campeonato que Casciari vivió a la distancia. Foto de la agencia NA</p></div>
<p>El fútbol tuvo mucho que ver con los lazos con mi viejo. Y me tuve que reencontrar con el fútbol por otro lado. Pero más acá en el tiempo llegaron los encuentros con Horacio Altuna, que me ubican en un lugar. Lo conocí en 2010 y enseguida, como una buena yapa de la vida, me encontré en un lugar muy paternal de su parte. Es de la misma época que mi viejo, es de Racing, es de un pueblo, Lobos. Y es muy futbolero. Pero no de recitar de memoria la formación de un equipo, sino futbolero como me gusta a mí. Utilizamos el fútbol como excusa para hablar de otras cosas. Tiene una bondad, una ternura y una inteligencia muy emotivas, parecidas a la de mi viejo. Me reencontré con cosas que no me pasaban. Como, por ejemplo, mandándole un tweet a las 3 de la mañana sabiendo que está durmiendo para que se entere de que Racing ganó. A veces le digo “no puede ser que no mires un Barcelona-Real Madrid porque te agarra taquicardia”. Lo invito a que venga a casa a verlo en alta definición. Una relación así, muy de comentar las cosas… esas cosas de estar en contacto con alguien de la generación de tu padre. El fútbol está siempre rondando en las charlas. Eso no me pasa con absolutamente nadie en España.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>-Escribiste una crónica sobre lo que significó llorar por el Racing campeón de 2001 y no tener a tu papá para compartir ese llanto.</strong><br />
-Creo que nunca, en el caso del futbolero, cuando llorás por algo que tiene que ver con el fútbol, estás llorando por el fútbol en sí. En ningún caso. Sino por todo lo que eso significó y significa en tu vida. Cuando me empezó a agarrar un ataque de llanto al momento en que Racing salió campeón en 2001, me di cuenta de que no lloraba en absoluto por eso. Lo que me agarraba era como una especie de vergüenza de cómo carajo es posible que en ese momento mi viejo y yo no estemos juntos. Que él esté en Argentina y yo en España. Si tantas veces, desde que tenía 5 o 6 años, el tipo me había prometido que alguna vez iba a pasar, ¿cómo no iba a estar ahí? ¿Cómo justo el destino me hizo pegar un volantazo un año antes y vivir a 12 mil kilómetros? ¡Qué ridiculez! Lloraba de vergüenza. Y estaba triste. ¡Y Racing había salido campeón! Y qué poco tenía que ver el fútbol con todo eso. Era otra cosa. Era otra cosa.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Y todas las veces que me pasó eso de llorar de tristeza o alegría no tenía que ver con el fútbol sino con pensar en Argentina desde otro lado. Te ponés muy puto cuando vivís en otro lado y escuchás el Himno. Muy puto. Muy puto. Pensás en muchas cosas. Porque también tu infancia es tu patria. Entonces cuando llorás, llorás también la muerte de la juventud. Hace 13 o 14 años que me vine y, cuando sueño, las escenografías son las de siempre. No hay escenografías españolas cuando sueño. Mis sueños son en mi casa, en Mercedes, en las calles de Buenos Aires. No sueño con acá, en España. Ya debería estar soñando sin delay. Pero no. Y me parece que no va a pasar nunca, porque los sentimientos están permanentemente en otro lado. El fútbol lo que hace es contrastar todo eso. Ponerlo en blanco sobre negro. Generar una metáfora simple y básica en donde el cerebro y el corazón empiezan a pensar en otra cosa inmediatamente. Entonces, en 2001, fue puntualmente eso lo que lloré. No poder cumplir. En mi casa, en ese momento, había un sillón vacío y eso no estaba previsto. No estaba previsto. En absoluto estaba previsto. Fue como llorar esa ausencia del destino que no te permite estar donde tenés que estar en determinado momento.</p>
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