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	<title>Bombonera &#8211; DE FÚTBOL SOMOS</title>
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		<title>BUENA SUERTE Y HASTA LUEGO</title>
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		<pubDate>Sat, 11 May 2019 12:09:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[No te olvidés]]></category>
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					<description><![CDATA[<img width="1200" height="675" src="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2019/05/riquelmebocaultimopartido.jpg" class="attachment-small size-small wp-post-image" alt="" style="margin-bottom:10px;" decoding="async" fetchpriority="high" srcset="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2019/05/riquelmebocaultimopartido.jpg 1200w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2019/05/riquelmebocaultimopartido-300x169.jpg 300w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2019/05/riquelmebocaultimopartido-768x432.jpg 768w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2019/05/riquelmebocaultimopartido-1024x576.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" />Por Diego Tomasi (@diegostomasi) Domingo 30 de marzo de 2014. Boca y River se encuentran en la Bombonera. Juan Román Riquelme juega (y no lo sabe todavía) su último superclásico. El partido termina dos a uno para el equipo visitante. Cuando Ramiro Funes Mori convierte el segundo gol, Riquelme ya no está en el campo. &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<img width="1200" height="675" src="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2019/05/riquelmebocaultimopartido.jpg" class="attachment-small size-small wp-post-image" alt="" style="margin-bottom:10px;" decoding="async" srcset="https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2019/05/riquelmebocaultimopartido.jpg 1200w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2019/05/riquelmebocaultimopartido-300x169.jpg 300w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2019/05/riquelmebocaultimopartido-768x432.jpg 768w, https://www.defutbolsomos.com.ar/wp-content/uploads/2019/05/riquelmebocaultimopartido-1024x576.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><p><strong>Por Diego Tomasi (@diegostomasi)</strong></p>
<p>Domingo 30 de marzo de 2014. Boca y River se encuentran en la Bombonera. Juan Román Riquelme juega (y no lo sabe todavía) su último superclásico. El partido termina dos a uno para el equipo visitante. <a href="https://www.youtube.com/watch?v=hxo-Hf2dCzk">Cuando Ramiro Funes Mori convierte el segundo gol</a>, Riquelme ya no está en el campo. Ha sido reemplazado unos minutos antes. Ya ha manejado los tiempos del partido. Ya ha convertido, tal vez, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Ek0aoSsz8TA">uno de los mejores goles de tiro libre de su carrera</a>. Ya ha logrado que algún hincha, en la tribuna popular, se abrace por primera vez a una persona que no conoce. Ya ha hecho que el mismo hincha llore en una cancha, también por primera vez.<span id="more-12942"></span></p>
<p>Después del partido, el periodista Julián Scher escribió una nota cuyo título era “Sobra el tiro libre”. Allí argumentaba: “Sobra el tiro libre para explicar <a href="https://www.youtube.com/watch?v=SlMpZf-LnSA">por qué Riquelme fue el mejor jugador del superclásico</a>. Sobra el tiro libre porque, si no hubiera ocurrido esa obra de arte que terminó en el ángulo superior derecho de Baravoro, habría que estar diciendo lo mismo. Riquelme fue el mejor porque mostró que no hay mejor recurso para jugar al fútbol que jugar bien al fútbol. Y, en un fútbol que tantas veces aburre por lo opaco, en un fútbol que tantas veces descansa por la sobreabundancia de imprecisiones, Riquelme hizo lo que debería ser fácil de hacer: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=5mroXKDOTC8">puso siempre la pelota contra el piso</a>, se la dio a los compañeros la mayoría de las veces y, por lo general, en lo que suele ser su mayor virtud, eligió bien los tiempos y los espacios que demandan las jugadas.</p>
<p>Unos párrafos más adelante, Scher usó palabras que definieron, de algún modo, no sólo ese partido, sino la suma de la carrera futbolera de Riquelme: “Además de la efectividad con la que Riquelme cargó sobre sus hombros el protagonismo, su sentido estético del juego estuvo también presente e iluminó los mejores momentos del encuentro. Pisadas, giros y gambetas, siempre entendiendo que la elegancia debe estar puesta en función de las necesidades colectivas y no ser un fin en sí mismo, lo fueron volviendo el eje indiscutido desde el que partieron las mejores acciones de la tarde”.</p>
<p>El 27 de abril, Boca enfrentó a Arsenal por la fecha número 16 del Torneo Final. Podía ser <a href="https://www.youtube.com/watch?v=PD_-SddhLFI">uno de los dos últimos partidos de Riquelme en Boca</a>. La sensación generalizada era que el club no tenía intenciones de renovar el contrato del número diez, pero de todos modos había encargado encuestas en los alrededores del estadio para cotejar sus intenciones con la opinión de la hinchada.</p>
<p>Cuando Alejandro Gómez, la voz del estadio de Boca, comenzó a enumerar la formación del equipo, la sensación era inequívoca. Se esperaba el momento en que el locutor nombrara al número diez. Una vez que Gómez mencionó a Nicolás Colazo, volante por izquierda, era el turno del capitán. El murmullo se convirtió en griterío. Los aplausos, en cantos hasta romper la garganta. La emoción, en lágrimas. Pero Alejandro Gómez no nombró al diez. Simplemente dejó que el estadio fuera el que recuperara el viejo canto popular: “Riqueeelme… Riqueeelme…”. Y la formación se completó en los parlantes y el partido empezó y Riquelme jugó un partido brillante.</p>
<p>“No hacía falta nombrarlo –dice Alejandro Gómez-. Antes de entrar al estadio me había comido un sándwich, y por la calle estaba el periodista Leandro Aguilera. Los muchachos del puesto que vende bondiolitas le preguntaban cosas, y él contó que las encuestas estaban dando diez a uno a favor de la renovación del contrato de Riquelme. Con esa información, entré al estadio. Se decía que podía ser uno de los últimos partidos de Román en la Bombonera, y se sabía que el público iba a pedir por su continuidad. Entonces, estaba nombrando a los demás, y decidí no nombrarlo. ¿Cómo lo voy a nombrar? A veces, los silencios dicen más que cualquier palabra”.</p>
<p>Juan Román Riquelme jugó su último partido en Boca, ante Lanús, el 11 de mayo de 2014. Ese día, un estadio lleno lo celebró y lo abrazó y lo amó. Del mismo modo, Riquelme devolvió tanto afecto con un juego lleno de belleza, de compromiso con el balón, y con un puñado de jugadas lujosas que resultarán imborrables. Las geometrías de la cancha le pertenecieron. Pasó la pelota y la pidió como si fuera el último partido de su vida (y en parte lo fue). <a href="https://www.youtube.com/watch?v=JJx4mIVvn3w">En los últimos minutos hizo un caño sin tocar la pelota, sólo un amague</a>, y un rato después, en su jugada final, dejó solo al delantero Claudio Riaño con un pase para coleccionar. Aunque la pelota no terminó en gol, y haciendo una burla a las estadísticas, puede decirse con toda justicia poética que la última jugada de Juan Román Riquelme con la camiseta de Boca fue una asistencia.</p>
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<p><strong>*Extracto del libro El Caño Más Bello del Mundo, de editorial Hojas del Sur y Planeta</strong></p>
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		<title>La leyenda del gol</title>
		<link>https://www.defutbolsomos.com.ar/la-leyenda-del-gol/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[defutbolsomos]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Jun 2011 18:29:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A un toque]]></category>
		<category><![CDATA[Boca]]></category>
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					<description><![CDATA[Es el día después de la despedida de Martín Palermo en la Bombonera. El día en que rostro, surcado de lágrimas, domina las pantallas de los canales. El día, en fin, en que su nombre se hace tinta y papel en diarios de la Argentina y la aldea global. A su estilo, cada uno de &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://defutbolsomos.files.wordpress.com/2011/06/palermo.jpg" rel='prettyPhoto'><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-3540" title="Argentina Soccer" src="http://defutbolsomos.files.wordpress.com/2011/06/palermo.jpg" alt="" width="262" height="195" /></a>Es el día después de <a href="http://www.youtube.com/watch?v=Td29_H67yn4">la despedida de Martín Palermo en la Bombonera</a>. El día en que rostro, surcado de lágrimas, domina las pantallas de los canales. El día, en fin, en que su nombre se hace tinta y papel en diarios de la Argentina y la aldea global. A su estilo, cada uno de ellos elogió al Titán. Con anécdotas, fotos del pasado e historia desconocidas. Desde este blog, les dejo extractos de un artículo publicado en <em>El País</em>. La pluma de Diego Torres sintetizó, de la mejor manera, el recorrido de Palermo por el mundo futbolero. Un camino distinto. Inigualable. Unico.<span id="more-3539"></span><br />
&#8220;(&#8230;) En 2000, Palermo era conocido como El Loco. Era un chico excéntrico al que nadie parecía tomar muy en serio. 11 cursos después, con 37 años, es una leyenda viviente del fútbol argentino. Un futbolista misterioso, tan vulgar fuera del área como sensible para interpretar con genio creativo los caminos que conducen al gol. Ayer por la noche, en La Bombonera, después del partido contra Banfield (1-1), Palermo se despidió del fútbol. La hinchada de Boca participó entregada de uno de los homenajes más bellos que se han vivido en una cancha argentina&#8221;.</p>
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		<title>El sabor de la primera vez</title>
		<link>https://www.defutbolsomos.com.ar/el-sabor-de-la-primera-vez/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[defutbolsomos]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 May 2011 13:38:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A un toque]]></category>
		<category><![CDATA[Boca]]></category>
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		<category><![CDATA[River]]></category>
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					<description><![CDATA[Domingo 20 de septiembre de 1931. La fecha está tatuada en la piel del superclásico. Nada puede borrar su tinta. Ni siquiera el recorrido de casi 80 años. Ese día, Boca y River jugaron su primer duelo del profesionalismo. Ocurrió en el “field de Brandsen y Del Crucero”, tal como se escribía en aquellos días. &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://defutbolsomos.files.wordpress.com/2011/05/bocariver1931.jpg" rel='prettyPhoto'><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-3284" title="bocariver1931" src="http://defutbolsomos.files.wordpress.com/2011/05/bocariver1931.jpg" alt="" width="253" height="168" /></a>Domingo 20 de septiembre de 1931. La fecha está tatuada en la piel del superclásico. Nada puede borrar su tinta. Ni siquiera el recorrido de casi 80 años. Ese día, Boca y River jugaron su primer duelo del profesionalismo. Ocurrió en el “field de Brandsen y Del Crucero”, tal como se escribía en aquellos días. Y terminó en escándalo. La hecatombe total. “El clásico defraudó a los espectadores”, fue el título de la crónica de <em>El Gráfico</em>. Que, ya en ese entonces, se asombraba del “ambiente irregular y desagradable en que se desarrolla el fútbol”. Increíble, pero cierto.<br />
El periodista de la revista dejó un texto inolvidable. Letras de quejas y advertencias, en una tarde que había empezado con la <span id="more-3283"></span>suspensión del partido de Reserva por una pelea entre ambos equipos: “Queda dicho con lo que antecede que, a nuestro juicio, el único culpable casi exclusivo de estas anormalidades es el ambiente creado por la falta de tacto y energía de los directores del deporte. Los desmanes de los hinchas son amparados por los dirigentes. Los actos de indisciplina y falta de respeto a la autoridad de los referees, son también protegidos por los dirigentes. Y de esa impunidad y aliento al más pequeño núcleo primero y al más grande después, de los espectadores y players incorrectos, ha nacido el ambiente de desagrado, de acritud, intolerancia y desborde de apasionamiento, que hace crisis a a cada momento en los fields y determina la irregularidad en la marcha del fútbol”.<br />
En el partido de Primera, River se puso en ventaja con gol de Peucelle. Y luego, Boca llegó al empate en una jugada que despertó el caos y una escandalosa escena, que terminaría con triunfo xeneize en el fallo de la AFA. Así concluyó la pluma de <em>El Gráfico</em>: “Por un claro foul de Balvidares a Varallo, en circunstancias que éste se dirigía en impresionante dribbling hacia el goal de River, el referee Escola acordó un penalty, reglamentariamente biena acordado, no obstante lo cual fue protestado en forma airada por varios jugadores visitantes. Luego, el pentalty-kick se ejecutó y necesitó Varallo tres tentativas para vencer la magnífica resistencia de Iribarren. Acordado el goal, el referee fue otra vez rodeado por los jugadores de River Plate, que pedían su anulación en mérito a imaginarias infracciones. Ahí terminó el match, en forma bien anormal por cierto, pues el árbitro se dirigió a la casilla y ya no volvió a salir de ella”.</p>
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