Yendo de la cama a River

A un toque

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Una noche de mayo de 2005, envuelto en la camiseta de Quilmes, le dijo adiós a la pelota. Y ni siquiera la propuesta de retirarse en River, su lugar en el mundo futbolero, movió sus vísceras. Junto a su esposa y sus tres hijas, quería disfrutar de la vida diaria. Allí, donde pronto las horas comenzaron a correr entre la soledad y la depresión. Todo lo contrario de este momento en que Matías Almeyda devuelve satisfacción con su traje de gladiador de 36 años. Y en el que las sesiones de terapia tienen un valor fundamental.
¿Qué recuerda al mirar por el espejo retrovisor? «Iba al campo, en Azul, lunes y miércoles; y los demás días estaba sin hacer nada. Llevaba a mis hijas al colegio, volvía y me acostaba. De la mejor manera que me sentía era acostado y con los ojos cerrados», contó en diciembre de 2009 en El Gráfico.
Las sesiones de terapia rescataron a Almeyda de ese colchón de tristeza. «Pensé en el daño que les estaba haciendo a mis hijas y fui. Al principio hablaba con la psicóloga y no encontraba nada, hasta que me empezó a gustar expresarme, que me escuchen y tener mi lugar», destacó el Pelado en esa entrevista. Y al cabo, tras los partidos de Showbol y el Súper 8 con River, volvió al césped. Sí, cuatro años después: el 30 de agosto de 2009.
Hoy, Cappa y cía. lo elogian por su producción. «Su labor es gigantesca», opinó el DT tras el triunfo ante Independiente. Y Almeyda se siente pleno. «Me da mucha bronca los cuatro años que regalé no sólo de fútbol, sino de vida. Lo importante, igual, es pude salir gracias a la terapia. Y arreglar mi cabeza”.

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