UN DÍA EN EL PARAÍSO

Al fondo de la red

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Por Geoff Hernández (@geoffhernandez)

1- Los verdaderos reyes nunca mueren. El fútbol nos aleccionó una vez más, entregándole la gloria al portador de la fe, el talento y la pasión, y dejando relegado al multiplicador del temor. Probablemente, el pasar de los años acentuará el hito que el Barcelona logró en esta noche legendaria de Champions. La historia se basaría en creer que era posible remontar, y desde aquella despedida de Luis Enrique, cada bloque que representaba la imposibilidad cayó. Y el PSG lo sabía.

2- La primera fotografía del partido resumiría las armas que ambos equipo utilizaron. Ataque frontal blaugrana, y retraso descarado parisino. El escenario que Unai Emery promovió era claro: bajo ningún aspecto quería la confrontación directa frente a Messi. Se entiende que la intención era frenar al 10, y luego esperar los errores de construcción que ha tenido este Barcelona versión 2017, donde el ataque estático se reduce a individualidades. Y allí acertó Unai. El problema es que el fútbol no es una ciencia exacta, y hay miles de circunstancias imposibles de anticipar.

Todo es festejo, emoción y gloria. Messi y Suárez se unen a la celebración del triunfo épico del Barcelona. Foto de aurence Griffiths / Getty Images Europe / Vía Zimbio

3- Los primeros dos goles del Barcelona demostraron el surrealismo que escondía el guión de este partido. Sin estética, sin lógica, ni cadenas de posesiones largas e inteligentes. Sin una pizca de ese fútbol paciente y artístico que estremeció al mundo hace unos años atrás. Es más, fue todo lo contrario. Una representación digna de esta nueva era que propulsó Luis Enrique. Porque cuando el fútbol se esconde, apelar al corazón es imprescindible.

4- PSG inició el segundo tiempo con la esperanza de que el temblor cediese, pero ocurrió lo contrario, todo iría a peor cuando una inocentada de Meunier produjo el penal que Messi convirtió en 3-0. A partir de ese resultado, aparecería un punto de inflexión que quizá el 6×1 eclipsó. Luis Enrique fue el constructor de la remontada histórica, golpear eso sería una estupidez. Pero el partido pedía la inserción de Alba y retomar la línea de cuatro, y así buscar el gol con más orden en las tres zonas.

5- El técnico culé no lo hizo, y prefirió mantener la dinámica del golpe a golpe, que le permitió al PSG tener su segunda y tercera ocasión clara de gol, gracias a un pivot tremendo de Kurzawa –ganándole la posición defensiva a Rakitic- y una resolución de Cavani que exaltó la definición de Menotti: “A Edixon hay que construirle espacios y dejarlo que defina de primera”. 3-1, minuto 62 y eliminatoria definida. O quizás no.

6- Los minutos posteriores al gol de Cavani fueron una terapia psicológica para el Barcelona. El primer paso para los históricos diez minutos finales fue dado por el público. Los 100 mil espectadores se mantuvieron firmes a pesar de tener todo en contra, como si creyesen que el fantasma de 1999 merodearía el Camp Nou de nuevo. El reloj seguiría su curso, y el PSG terminaría de suicidarse al fallar dos mano a mano que hubiesen liquidado la eliminatoria.

7- A partir del minuto 88, es muy difícil intentar analizar lo ocurrido desde lo futbolístico, pues el encuentro se convertiría de forma dramática en una historia de García Lorca. Un relato épico que las siguientes generaciones seguirán recordando con una sonrisa.

8- Neymar Junior nunca dudó. Y su fe sobrenatural abrazó a sus compañeros cuando estos comenzaban a bajar los brazos. Messi entendió que el penal lo debía cobrar el brasileño, que en ese momento del partido no jugaba, levitaba. Madurez y grandeza. Y el punto final sería ese enganche sutil antes de centrar con el pie izquierdo para abarrotar de gloria a Sergi Roberto. Terminando así el guión inaudito que se escribió en los lugares celestiales del fútbol. Cuando la calidad colectiva parecía imposible, allí estuvo Neymar. El despegue de un gigante. Del sucesor en el trono. Del mejor amigo de Leo.

Y 9- PSG pagó muy caro sus demonios. La inocencia y la poca experiencia en escenarios tan turbulentos le permitieron al Barcelona más aguerrido de la década convertir una tormenta, en un día hermoso en el paraíso.

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