SEMBRAR PARA RIVER DE VERDAD

A un toque

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Por Diego Borinsky (@diegoborinsky)

Proyecto Infanto-Juvenil. La expresión suena pomposa, tiene aroma a propaganda política, pero si nos sumergimos un poco descubriremos que rebosa de contenido.

En River cayó una bomba atómica durante la presidencia de Daniel Passarella. No sólo fue el descenso. También la desidia y la ignorancia para poder ver un poquito más allá de la apremiante actualidad. El viejo y querido semillero riverplatense voló por los aires. Y aquí no hay que confundirse, porque durante su mandato debutaron juveniles formados en el club. El gran problema fue la captación.

La edad de los futuros cracks reclutados por los clubes bajó considerablemente. Si hay un pibe que anda bien a los 13 años, ya está fichado. Hoy es imprescindible empezar esa búsqueda lo más pronto posible: a los siete, ocho, diez años. Rastrillar todo el país. Y luego ofrecerles una estructura digna y una metodología clara. Estos chicos saltarán a Primera dentro de cinco a diez años. No los van a disfrutar D’Onofrio ni Gallardo. Allí reside aún más la grandeza de este proyecto, que es sembrar para el futuro y no para un beneficio propio e inmediato. Sembrar para River de verdad.

Un par de datos nos grafican con claridad el cambio de paradigma. El club pasó de tener tres captadores en la era Passarella a 20 hoy, de contar con 14 categorías para entrenar en dos canchas de césped sintético en el club y de prestado en GEBA y en Ciudad Universitaria a que cada división posea una cancha de césped natural entre Hurlingham y Ezeiza. Pasó de no brindarles desayuno y merienda a los chicos a dárselas todos los días. Hoy dispone, además, del entrenador de la Primera dispuesto a juntarse periódicamente con todos los DT del fútbol juvenil e infantil para intercambiar ideas, monitorear la línea de trabajo e interesarse por la evolución de los chicos. Casi nada (…)

“Es penoso con lo que nos encontramos, todo está muy por debajo del nivel al que River estaba acostumbrado. Se perdieron cuatro años, y eso se recupera en seis u ocho. ‘Mirá que este no es el River que conocemos. No son los pibes que vos tenías’, me había alertado Marcelo apenas volví al club, porque él ya lo veía como padre, acompañando a Nahuel. Y tenía razón”. El que evaluó el panorama a poco de regresar a River como coordinador de inferiores fue Gabriel Rodríguez, el mismo que le tomó la primera prueba al Muñeco en 1988 y que fue el encargado del semillero durante 15 años, en los ’80 y luego durante la segunda presidencia de Aguilar. Passarella lo echó.

“Con las infantiles bien armadas tenés el 80% del éxito”, razonaba el mismo Gabriel Rodríguez, resaltando cómo se había perdido la captación, en especial en el Baby de FAFI -la Federación más fuerte- y en ligas del conurbano. Cuando hablamos de infantiles nos referimos a chicos menores de 12 años.

River pasó de tener tres captadores en la era Passarella a 20 hoy, de contar con 14 categorías para entrenar en dos canchas de césped sintético en el club y de prestado en GEBA y en Ciudad Universitaria a que cada división posea una cancha de césped natural entre Hurlingham y Ezeiza.

Cuando D’Onofrio asumió en diciembre de 2013, el club estaba prendido fuego en lo económico. La prioridad era sacar a River de ese rojo financiero, equilibrar los números mientras se competía en Primera con un equipo respetable –un equipo que ya fue campeón en el primer semestre de la nueva gestión– y, apenas se despejara un poco el panorama, ir al ataque para recuperar tesoros perdidos como el semillero.

El punto de quiebre, en ese sentido, podríamos explicarlo a partir de tres hechos puntuales que se retroalimentan. Es una simplificación, pero sirve para comprender el cambio medular que implicó el famoso proyecto Infanto-Juvenil de River:

  • El involucramiento de Gallardo en el plan general (ideas y presencia).
  • La incorporación de Gustavo Grossi como director integral.
  • La adquisición del predio de Hurlingham y la ampliación de Rivercamp. Todo, por supuesto, avalado por el presidente y el director deportivo del club, Rodolfo D’Onofrio y Enzo Francescoli, respectivamente (…)

Gustavo Grossi se sumó a River en marzo de 2016. Ya en ese momento, y recuerdo haberlo charlado con Francescoli en 2015, cuando lo entrevisté para Gallardo Monumental, el club buscaba un lugar para que se entrenaran los juveniles. En River sólo hay dos canchas de sintético, que compartían, además, con otras actividades, como el fútbol femenino. El sintético, aparte, es nocivo para las articulaciones y no tiene nada que ver con el césped natural. No son deportes distintos, pero más o menos. Los chicos debían entrenarse en la semana en el sintético y los fines de semana jugaban en pasto. Tenían que cruzar a Ciudad Universitaria o ir hasta GEBA, y cuando llovía, era un caos total, se suspendían muchas prácticas; en Ezeiza aún no había suficiente espacio para todos. Estamos hablando de 14 categorías: seis del fútbol juvenil, y ocho entre infantiles y preinfantiles.

El sitio que encontraron en Hurlingham fue una bendición: un predio municipal, con espacio para siete canchas de 11 y una conectividad gigante (15 líneas de colectivos, dos estaciones de tren, autopista). Estaba abandonado, con el pasto que llegaba hasta las rodillas. Ahí entró a jugar la muñeca política de D’Onofrio: firmó una alianza estratégica con el intendente de Hurlingham y, a cambio de poner todo en condiciones y mantenerlo, River pasaba a utilizar cinco de esas canchas y compartía dos con el Municipio. No pagaba el alquiler. Firmaron por dos años, con renovación por dos más y luego por otros seis. Hurlingham, además, se ubica en pleno conurbano oeste bonaerense, un enclave fundamental para captar muchísimos chicos de la zona, que antes tenían la Villa Olímpica de Vélez como única alternativa de la A. Vélez ya no está solo ahora.

Durante todo 2017 hubo que sacar árboles, nivelar, cortar el pasto, sembrar, construir bancos de suplentes, poner alambrados y parapelotas. La idea original era inaugurarlo antes de fin de ese año; es decir, antes de las elecciones en el club. No se llegó. Tampoco le hizo falta a D’Onofrio, que arrasó con el 75% de los votos.

El 31 de enero de 2018 se inauguró el predio con la presencia del presidente del club, del vice Jorge Brito, del intendente de Hurlingham, Juan Zabaleta, de Francescoli, Grossi y, por supuesto, de Marcelo Gallardo. El Muñeco acababa de firmar la renovación de su contrato por cuatro años, con el compromiso de involucrarse aún más en el proyecto Infanto-Juvenil. Y eso mismo estaba haciendo. Después de saludar a los chicos del club que fueron a la inauguración, Gallardo se reunió en el auditorio del Monumental, durante cuatro horas, con los entrenadores y los profes de todas las categorías juveniles e infantiles del club para bajarles su idea y lineamiento general. Y presentó a Hernán Díaz como nuevo nexo con las juveniles.

La tapa del nuevo libro de Gallardo, escrito por el periodista Diego Borinsky.

Mientras se trabajaba para tener la infraestructura, se dio un vuelco gigante en la captación, que estaba adormecida. “Había que rediseñar todo, rastrillar el país de punta a punta. Marcelo pretende que todo talento que haya en el país no deje de ser visto por River como punto de partida”, ejemplifica Grossi.

El encargado de la captación es Daniel Brizuela. Además de mirar en las ligas del Baby del conurbano, durante todo el año se organizan viajes al interior del país. Son recorridas de dos semanas por determinada zona, se toman pruebas en 14 ciudades de ese lugar, una por día durante todo el día. Los mejores que pasan ese filtro van a la prueba final del último día, y allí viaja Grossi, además de los dos captadores asignados originariamente. Los que superan esa prueba final son convocados para que se entrenen ya en Buenos Aires un par de veces más. River tiene el país dividido en seis regiones, hay 20 captadores -antes había tres, recalcamos-, incluidos un par en Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile y Colombia. En total, hoy River ve unos 70.000 chicos por año de 120 ciudades diferentes. Grossi también viaje tres veces por año a ver juveniles a ligas de Sudamérica.

En 2018, por otra parte, River organizó después de 37 años un Mundialito en Hurlingham, con 100 equipos del conurbano durante una semana. Es una vidriera única. Y mientras tanto no se olvidó de la pensión del club, que remodeló y pasó a llamarse Casa River “Adolfo Pedernera”. Allí viven 85 chicos (…)

Captación, infraestructura y metodología de entrenamiento. Esas eran las tres patas plantadas para este proyecto. Ya encaminadas las dos primeras, llegó el tiempo de la tercera. Y aquí entra a pisar fuerte fuerte, en el día a día, Marcelo Gallardo. Así lo explica Grossi.

  • “Marcelo pretende la profesionalización absoluta de las infantiles y juveniles, desde que entran chiquititos al club hasta la Reserva, en todos los rubros. Área médica, psicológica, entrenamientos y alimentación. Hoy, todos los chicos reciben desayuno y merienda, algo que antes no tenían. Quiere que cada categoría sea la Primera en miniatura. Supervisa mucho el estilo de juego y la forma de priorizar la técnica. Conmigo se reúne cada tres semanas para controlar que todas las áreas estén en lo que él pretende”.
  • “El objetivo es que en todas la categorías se respete el mismo estilo de juego que en la Primera. Esa es la línea que baja Marcelo. Más que de táctica, él habla de idea de juego: defensa de cuatro con laterales que pasen mucho al ataque, posesión con intención de ataque, la mayor cantidad de volantes creativos, técnicos y rápidos en mitad de la cancha, defensores que jueguen lejos de su arco y estén aptos para el mano a mano y dos puntas. Aunque los sistemas tácticos madre son el 4-3-1-2 y el 4-2-2-2, se hace hincapié en la idea de juego, en las intenciones y no tanto en los esquemas”.
  • “Cada tres meses analizamos con Marcelo la línea de sucesión de la Primera. ¿Qué es eso? Puesto por puesto, qué futbolistas de cada categoría tienen proyección y en cuánto tiempo pueden llegar a Primera. Manejamos tres colores para diferenciarlos: 1) jugadores en observación o evaluación; 2) jugadores con proyección para que sean sparrings; 3) jugadores con nivel de Selección para su edad. Cada tres meses yo le doy mi línea de sucesión, y él después puede seguir analizándola por software. Esto sirve, por ejemplo, para contratar jugadores cuando a corto plazo no se una sucesión de alto nivel”.


Fragmento del libro Gallardo Recargado, tres años inolvidables y una final soñada. Editorial Aguilar, mayo de 2019.

 

 

 

 

 

 

 

 

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