PANZERI Y EL MUNDIAL ’78: “ES UN ACTO DE ROBO A NOSOTROS MISMOS”

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[dropcap]Q[/dropcap]uedaban 45 días para el comienzo del Mundial en la Argentina. Un país que, en el silencio de su noche más oscura, fantaseaba con ovaciones y gritos de gol. Veinticinco millones de cuerpos, decía la banda de sonido oficial, estaban preparados para mover la pelota y apoyar el torneo. Salvo uno, que había rechazado la idea desde el principio. Y aquel 14 de abril de 1978, decía adiós. Era Dante Panzeri, la única voz pública que se opuso a la organización de la Copa del Mundo. El personaje que cuestionó los gastos millonarios en los estadios y advirtió sobre los efectos sociales y culturales que generaría el título de la Selección. A 40 años de su muerte, va el recuerdo de la carta que escribió allá por 1975, en la revista Chaupinela, con sus argumentos contra el torneo global. Un texto que retrata a la leyenda del periodismo deportivo.

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Por Dante Panzeri

El Mundial 78 no se debiera realizar en Argentina por las mismas razones que un tipo que no tiene guita para ponerle nafta a un Ford T no debe comprarse un Torino. Si lo hace, es porque a alguien está robando.

Los argentinos nos hemos acostumbrado a vivir afanándonos unos a los otros. De mil maneras. Con precios subvencionados y con empleos públicos para todos (hay 250 ingresos diarios a la administración nacional, sin contar las provinciales y municipales, según se supo recientemente). El Mundial de fútbol es una variante de aquel acostumbramiento. Es un acto de robo a nosotros mismos. Consentido por la institucionalización del afano entre nosotros mismos.

La magnitud de ese robo será considerablemente menor, desde que destituidos López Rega– Villones quedó atrás la “obligatoria” implementación de la Tv color, que no era obligatoria. Pero con cuya implementación alguien se habría enriquecido. Igualmente el costo de aquella orgía sigue siendo representativo de que los argentinos vivimos afanándonos los unos a los otros. El deporte es un medio para hacerlo. Basta reflexionar sobre las transferencias al exterior de futbolistas por los que se cobran millares de dólares, que muy rara vez ingresan al caudal nacional de divisas. De allí que sean necesarios tantos intermediarios y empresarios para vender un jugador. Porque vivimos esquivando leyes. Afanándonos entre nosotros mismos.

Panzeri fue director de El Gráfico y también se destacó en otros medios, entre ellos La Opinión, La Prensa y la revista Goles.

Borges dice que el nuestro es un país venal. Se lo nota de mil maneras. Algunas muy simples, infantiles. Se lo nota en la predisposición que tenemos para hacer “cadenas de la felicidad” como la del cheque a la del dólar. Se lo nota en la apología del delito que hacemos a través de la prensa. Se lo nota “en el no demasiado” enojo que nos produce Alonso exigiendo 250 millones extras por jugar un campeonato que está incluido en su contrato o 300 dólares por partido perdido. Las dos cosas proceden del acostumbramiento, hacemos del Mundial de fútbol una hipoteca pública.

Allá por 1952 se realizó una aventura parecida a ésta del Mundial 78. Una empresa comercial del negocio deportivo, integrada por Renato Cesarini y Walter Navarra, embarcó al país, al gobierno, a todos los argentinos, en una “Vuelta Ciclista a la Nueva Argentina” con una enorme troupe de profesionales europeos. A mí me echaron de Radio Nacional y me llamaron antiargentino por adelantarme a los hechos y anunciar que iba a ser una gran estafa y un gran daño moral para el país. Lo fue tal cual. Irónicamente, a mí me tocó, años después, gestionar el perdón del tendal de acreedores nacionales y extranjeros que dejó aquella aventura supuestamente “patriótica” de estos dos italianos. Esta persistente consigna de hacer el Mundial 78 como desafío y promoción del país, me recuerda muchísimo a aquella otra. Su costo es sideralmente mayor. Pero la esencia es la misma. Estamos ante otra de las diarias muestras de nuestra venalidad ya casi étnica entre nosotros.

En 40 años de trayectoria, Panzeri no se contradice nunca, no se traiciona ni una vez a sí mismo. Puede variar la valoración sobre el aporte de un jugador, pero jamás negocia sus principios”, destacó alguna vez Matías Bauso, que compiló la obra periodística de Panzeri en el libro Dirigentes, decencia y wines.

Con mucha frecuencia, ahora desde la oposición, Francisco Manrique postula moral argentina. Pide reconstrucción moral del país. Señala contrasentidos económicos y sociales que agudizan aquellas crisis. Pero, de pronto, se suma a los factores que las producen diciendo, como hace pocas semanas, en un comunicado de prensa: “Argentina debe mostrar al mundo que es capaz de organizar una competencia de la magnitud del desafío. El prestigio nacional está en juego”. ¿Desafío? ¿Prestigio nacional en juego?

No sé de dónde. El desafío nunca existió. Es tan inexistente como el deseo del pueblo de que se haga el Mundial con su dinero. El pueblo nunca fue consultado ni votó. Nadie nos desafió. Nos desafiamos solos. Nadie se juega su prestigio en el fútbol, si todos lo están perdiendo como país. Ya se lo jugó al prestigio (…)

Publicado en 1967, es el libro antológico de Dante Panzeri.

El fútbol ha tomado un rol d estafador confeso para de ese modo ser estafador impune en la sociedad argentina. Diciendo que estafa, puede seguir estafando. Armando dijo una vez (ante la justicia): “Yo tengo derecho a cometer delitos…”

Por allí se ha dicho que la financiación se producirá con el aporte de divisas que vendrá a depositar en la Argentina el turismo extranjero que, según aquellos cálculos, llegaría a Ezeiza en centenares de aviones cargados de visitantes ávidos de conocer Buenos Aires y el resto del país. En julio de 1970, ya en pleno “operativo extorsionista y exorcista”, de ese trauma nacional que es el Mundial 78, un ex interventor de la AFA encaramado en la familia cientificista-empresarial del fútbol (Ferrari) decía que el Mundial Traerá 15.000 turistas a la Argentina. Y hacía cálculos de la inundación de dólares resultantes de esas visitas.

Un cálculo no empresario, ni científico, de semejante posibilidad indicaba que se necesitaban 429 aviones de 350 pasajeros cada uno aterrizando en Ezeiza durante siete a diez días; 100 hoteles para 1.500 personas totalmente vacíos y que todos los argentinos renunciarán a ir al estadio de River para que su cupo de 100.000 personas fuera totalmente absorbido por aquellos turistas de los cuales un tercio tendría que conformarse con haber viajado a la Argentina para ver el Mundial en su hotel por televisión. Acertadamente Justo Piernes decía en Clarín del 23 de febrero de 1971, que el Mundial 78 es un nuevo surmenage argentino. El surmenage parece corroborado por los hechos. Limitado el Mundial a los 16 participantes tradicionales que con cuatro estadios se bastarían perfectamente, nosotros decidimos preparar cinco estadios. Tres nuevos que nos costarán 203.000 millones (por ahora) de pesos viejos. Y dos viejos, a ser reacondicionados a costos que dudosamente tendrá njustificación durante 25 días de 1978. Para la actividad local, todos esos estadios serán de un mantenimiento mayor a sus beneficios. El costo de mantenimiento de uno de esos estadios es al presente (1975) de no menos de 3 millones de pesos diarios.

Lo que no se comprende es que luego de decidirse la construcción de tres nuevos estadios para 60.000 personas en Córdoba, 50.000 en Mendoza y Mar del Plata, se anuncia oficialmente que los cálculos de aprovechamiento de los mismos durante los 38 partidos previstos son de 80.000 personas promedio en nueve partidos a jugarse en River, y 30.000 personas promedio en los otros 29 encuentros. ¿No bastaban para esos cálculos los estadios ya existentes? Aquellos cálculos están hechos sobre la base de que el Mundial es un campeonato de la FIFA y no de la Argentina. FIFA establece los precios necesarios para llegar a una recaudación, también prevista en términos prefijos, pues el 75 % de los beneficios deben repartirse en dólares entre FIFA y los 15 países visitantes. El precio-promedio de las entradas será de 7 dólares por partido.

En estos momentos, eso significa que el pueblo argentino deberá pagar esa entrada a 87.500 pesos viejos con la cotización de hoy, que al ritmo de devaluación de nuestra moneda serán seguramente muchos más en 1978. No creo que a la solvencia económica del pueblo argentino permita esos cálculos. Lo más probable es que la mayoría de los partidos se hagan con estadios semivacíos, como es habitual en todos los campeonatos mundiales de fútbol. Pero a la hora de repartir recaudaciones, Argentina tendrá que aportar en dólares de cotización verdadera (no financiera, ni comercial, ni turista) el 75 % de lo que hayan pagado los argentinos y los pocos extranjeros que comparativamente a los anunciado estarán aquí presentes. La obligación de las transmisiones por televisión color no es un mero capricho sino la fuente mayor de ingresos del campeonato. Se hace verdaderamente difícil imaginar cuantos argentinos de Rosario, Córdoba, Mar del Plata y Mendoza estarán dispuestos a pagar 87.500 pesos por ver a Zaire, Israel, Bulgaria, Marruecos, Haiti, Paraguay y los muchos partenaires que vendrán entre los 15 visitantes. Argentina no saldrá de River.

Parecen suficientes razones de por qué no debería hacerse el Mundial 78, surmenage nacional

 

 

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