LLUVIA NEGRA

A un toque

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Por Gabriel Tuñez (@gabtunez)

En México, tres días antes del Mundial de 1970, dos jugadores del seleccionado local frustraron para siempre sus carreras. Una tarde de tormenta, en el último entrenamiento antes del debut, Alberto Onofre, figura de las Chivas de Guadalajara, resbaló en el césped en plena carrera, chocó su pierna contra la de Juan Manuel Alejándrez, defensor de Cruz Azul, y sufrió la fractura de la tibia y el peroné. “No llovió mucho durante la Copa del Mundo; tenía que llover antes para perfeccionar la tragedia”, escribió el genial Juan Villoro sobre aquella jugada.

A los 22 años, Onofre era considerado uno de los mejores jugadores mexicanos pero, según el periodista Arturo Páramo, tenía “mala estrella”. En 1966, cuando los directivos de Chivas le habían ofrecido firmar su primer contrato con el club, padeció la fractura de la mano derecha. Aquella lesión ni siquiera quedaba en el recuerdo de los hinchas aztecas, que ocupaban su mente con las últimas jugadas de un volante hábil. Onofre, hijo de un torero, había conducido al Tri hacia la medalla dorada en los Juegos Panamericanos de Winnipg realizados en 1967.

“Fue un golpe durísimo. Incluso por unos segundos se me fue la respiración y perdí el conocimiento. Cuando lo recuperé, sólo sentía un dolor muy fuerte en la pierna izquierda. Ahí supe que me había lesionado”, recordó Onofre tiempo después, en su taller de tornería. La fractura se escuchó en todo el campo de juego y en un país entero. Una ambulancia, escoltada por varias motos de policías, llevó al futbolista hasta la sala de operaciones. “Me pidieron que me quitara la camiseta del seleccionado y que me pusiera una bata. Yo no acepté. Les pedí que me operaran así, con la camiseta puesta”.

En 2003, el periodista Agustín del Moral Tejeda escribió Un crak mexicano: Alberto Onofre, novela que, según Villoro, recupera “la jugada que definió una época del fútbol mexicano”. La pierna derecha de Onofre y su calidad no volvieron a ser los mismos. El volante regresó a las canchas meses después, pero a tres años de aquella jugada se retiró del fútbol tras un paso por la liga de EE.UU.

Juan Manuel Alejándrez, que murió a los 62 años en enero de 2007, nunca se repuso de la culpa que significó causar, aunque sin quererlo, la lesión más temida en aquella época. Ambos futbolistas, sin embargo, vivieron en Guadalajara y, de cuando en cuando, jugaron algún partido amistoso entre veteranos. Eso sí, ninguno volvió a hablar de la tarde lluviosa del 28 de mayo de 1970.

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