La obra cumbre

No te olvidés

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Diez años después, el Kun Agüero está distinto de aquel, pero casi igual. Ya no tiene el rostro de adolescente, ni los músculos en pleno desarrollo. Ahora se lo ve con el cuerpo macizo y el semblante de un hombre que empieza a bordear las tres décadas. Aunque el contenido de su envase sigue intacto. Pleno de talento como aquella de mañana de septiembre de 2004. La mañana de su obra cumbre con el cuerpo pintado de rojo.

Después de haber logrado el Mundial Sub 20 en Holanda y conectado con Lionel Messi, Agüero se había hecho un espacio definitivo entre los 11 titulares de Independiente. Falcioni apostaba sus fichas al delantero en cada partido. Y en aquel derby contra Racing, el Kun llevó el infierno al grado más encantador. Su gol fue una pintura artística que aún celebran los hinchas  de Independiente. El broche para un triunfo que dejó nocaut a Racing.

A esa altura de la mañana, Independiente ganaba 3 a 0 por el triplete de Nicolás Frutos. Y cuando la pelota llegó a la mitad de la cancha, Agüero tomó los colores, el pincel y dejó los mejores trazos en el lienzo. Enfocó hacia el arco y, en el cara a cara con Diego Crosa, le hizo perder el sentido de la ubicación. Enganchó para la izquierda, después la derecha y, finalmente, otra vez hacia la izquierda. Y ahí, le dio destino de red a la pelota. Delirio total en el cemento del estadio. Un estallido inolvidable para los hinchas del Rojo.

¿Cómo lo explicó Agüero? Como si hubiera sido un gol sencillo. Uno más de su vida futbolera. “Cuando la agarré en la mitad de la cancha se la iba a tirar a Nico (Frutos), pero como se le vino la marca encima, decidí entrar gambeteando y bueno gracias a Dios se dio”. Entró gambeteando, sí. Y en Independiente, diez años después, sigue el goce de sus hinchas.

 

 

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