Hambre de gloria

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Por Santiago Tuñez (@defutbolsomos)

Final del primer tiempo en el Levi’s Stadium, de Santa Clara. Ever Banega busca la ruta hacia el vestuario. Necesita darle reset a su juego. Olvidar las seis pelotas perdidas y el 50% de los pases fallados. Y en la segunda parte, emerge una versión distinta del rosarino. Mueve los hilos de Argentina, factura los espacios y suelta asistencias para Di María. No se conforma. Va por más. Y con una llegada por la izquierda, convierte el segundo gol de la Selección y firma el triunfo contra Chile en el estreno de la Copa América.

Banega entiende de resistir y cambiar escenarios con matices difíciles. «Hasta que empecé a jugar como profesional a mi familia no le alcanzaba el dinero para comer y había que adaptarse a cualquier cosa. Sólo nos faltó comer barro mojado. ¡Si nos queríamos comer entre nosotros», relató al diario El País, en abril de 2009, durante sus tiempos en Atlético de Madrid. Y avanzó otro paso en aquel retrato familiar: «Incluso, compartía los botines con mis hermanos mayores. Luciano jugaba a la una de la tarde; César, a las tres; y luego iba yo».

Banega lucha con el chileno Aranguiz para llevarse la pelota en el debut de la Copa América. Foto de : Thearon W. Henderson / Getty Images North America.

Banega lucha con el chileno Aranguiz para llevarse la pelota en el debut de la Copa América. Foto de : Thearon W. Henderson / Getty Images North America.

Poco quedan de aquellas carencias en la vida de Banega. Sí permanece la esencia del volante que debutó en Boca en febrero de 2007 y, menos de un año después, con 44 partidos y una Copa Libertadores en su currículum, fue vendido al Valencia en 18 millones de dólares. Antes de viajar a la Copa América, le puso el broche a un ciclo extraordinario en el Sevilla, que incluyó tres títulos. Escribió el diario Marca: «Deja dos años maravillosos con la camiseta del club que lo ha vuelto a descubrir para el fútbol, modelando un jugador por el que vale la pena pagar una entrada».

Ya sabe que su próximo destino será el Inter. Antes, de todos modos, quiere pagar su deuda personal. Devorarse el plato que termine con otro tipo de hambre. Más aún, después de haber quedado fuera del Mundial 2014 y fallado un penal contra China, en la definición de la última Copa América: «Si ganamos este título, sería un sueño. Mis papás estarían orgullosos de esta situación».

 

 

 

 

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