Epitafio

A un toque

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Sábado por la noche, 25 de octubre de 1997. El lado futbolero de la luna se apaga en el Monumental. Es definitivo. Esta vez, no volverá a iluminar con el look colectivero, tal como se lo vio durante su regreso en Sevilla. Tampoco con su mechón en repudio, esa marca que llevó en su vuelta a Boca. Sin saberlo, Diego Maradona se desata los botines y los archiva para siempre. El primer tiempo del clásico contra River es el punto aparte de su recorrido futbolero. La leyenda no continúa. Se marcha con el cuerpo gastado de lesiones y excesos. Con las sospechas ajenas ante cada resultado de su control antidoping. Y con una frase pintada de fanatismo. Palabras de despedida inolvidables. Eternas.

“Boca ganó a lo Boca y River perdió a lo River. En el segundo tiempo se les cayó la bombacha”.

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