Embriague táctico en Madrid

A un toque

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Por Geoff Israel Hernández

Llegar es mejor que estar. La vida y el fútbol se tratan de eso; de olfatear el territorio específico donde manará la gloria y esperar sólo el viento recio de la grandeza para atraparlo, darle de volea con la derecha, y recoger el balón de las redes igual como lo hizo David Villa. El hombre de los 327 goles, el mismo que vale humillantes cinco millones de euros. El Atlético es un equipo distinto. No común. Una maquinaria perfectamente orquestada cuya principal característica es conocer al detalle todas sus virtudes, y explotarlas al máximo sin sacar del anaquel mental las falencias y los errores. Simeone reta de forma constante a la esencia del fútbol actual, diciendo que no es necesario tener la pelota para ganar y tiene una razón que asusta. Cierto. No ganó el Atlético en el marcador, pero la idea del técnico colchonero estremeció al Barcelona y lo arrojó al embudo de la incapacidad. Lo tiró contra las cuerdas y supo eclipsar a los gerentes de la zona media, obligándolos a alejarse de los finalizadores.

AtleticoBarcelona

Tata tiene trabajo por delante. Barcelona pintó un flashback de la era Vilanova, ese conjunto de magos peleando con la varita esférica que no consiguen el modo ni la forma para martillar los edificios defensivos plantados por rivales inteligentes. Un sistema táctico de 4-5-1, ese fue el regalo de bienvenida de Simeone. Un triángulo defensivo que rotaba al ritmo de las posesiones estériles y eternas del Barcelona. Iniesta no existió, Xavi cayó en las redes tejidas por el trivote y Alexis se partía el alma haciendo el trabajo de desmarques de ruptura y asociación, cual llanero solitario. Partido enorme del chileno. La ineficiencia en desmarque de los interiores blaugranas facilitaba el trabajo sucio del Atleti. Alves corrió como loco. Alba también. Diego Costa sonreía y se aprovechaba de esto, secuestrándole las espaldas y marcando diagonales filosas que metían en aprieto a Masche y a Piqué. Él solo fue un huracán.
Apelar al plan que Simeone ideó para este partido en agosto es todo un reto. Algunos aún siguen bostezando aires de pretemporada. Jugar al encierro rítmico de líneas y al despliegue zonal perfecto conlleva mucho sacrificio y desgaste. Desgate que pagó carísimo el Atleti a partir del minuto 60. Cesc entró y revolucionó, y aunque sufrió de lapsus definitorius frente al arcus, bastó su lucidez en zona de gestación como llave que desestructuró el cerrojo colchonero.

 

El gol del empate culé llevó un mensaje codificado y el ingreso de Alex Song por Xavi también. Martino dotado de sabiduría y genética bielsista sabe inyectar su filosofía en dosis diminutas, de forma indolora. Pocos entendieron que, a partir de la llegada del argentino, el estandarte será “Obturación de todos los caminos necesarios para alcanzar el gol” y “Sacar el resultado bajo cualquier circunstancia”. El Can Barca creció tras el gol de Neymar. ¿La razón? La inclusión como interior de Alves y el centro al más puro estilo del fútbol alemán antiguo. Un nuevo camino para el gol, es el orgasmo de cualquier cuerpo técnico.
Difícil más no imposible. El muro fortificado colchonero se trasladará al Camp Nou bajo otra premisa. Atacar defendiendo. De nada servirá frisar el arco sin anotar un gol. Siete son los partidos oficiales que tiene el Barcelona sin perder como local frente al Atlético. Es un saco histórico que pueda pesar a los madridistas. Pero si de algo se ha cansando Simeone en este ciclo pluripolar es de romper paradigmas y regurgitarlos al hades. En 7 días las vitrinas de alguno de los dos recibirá el primer trofeo del año.

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