Cuando el sistema falla…

Al ángulo

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Por Geoff Hernández (@geoffhernandez)

No existe a priori un ‘Plan B’ que enrumbe estos dos meses dolorosos que vivirá el Barcelona sin Messi. El equipo se acostumbró a su sistema. A su 10. A ese free-winger superdotado que navega libre desde afuera hacia adentro y que asentó su poderío en el alley-oop y en los balonazos cruzados. Perderlo va más allá de una reubicación de talento o de esfuerzos. Es el riesgo que se asume cuando colocás las partituras y los guiones del equipo en un hombre. Y no es que esté mal. En lo absoluto. Haberlo dudado, casi le cuesta la reputación, el contrato y el futuro como técnico a un Luis Enrique que sabe lo importante que es una idea. Pero cuando tenés a Messi, los parámetros exigidos en la formación de un equipo son otros.

Hay que ser humilde para entender que no hay idea que someta eternamente al talento. Luis Enrique lo asimiló, y encaminó su estadía en el banquillo del Camp Nou, manteniendo la premisa de que a partir de la comodidad y la implicación de Messi en el campo, su alrededor se potenciaría. Los resultados y las formas le dieron la razón.

Hoy Luis Enrique está en una encrucijada, o para ser más específicos, en una turbulencia a 12 mil metros de altura. Careciendo de recursos tácticos y futbolísticos para emular el ritmo de trabajo del primer curso, donde su sistema se mantuvo sano y la máquina trituradora – la MSN – llegó compacta a enero. La perfección. Sin embargo, es necesario recordar que cuando alguno de los tres tenores estuvo desafinado, toda la orquesta se estremecía.

Cualquier cambio táctico mayor significará tiempo de cohesión, y posibles resultados desfavorables. Y no hay que ser proflorentinista y promarca para saber que en una institución como la azulgrana, no hay tiempos para cambios drásticos, y menos cuando en dos meses, el sistema regresará.

¿Cuál es entonces el camino para competir? Ir tirando de los partidos, como quien maneja una marioneta mientras camina por la cuerda floja. Ir reaccionando en función al rival. Neymar no está en su mejor momento. La continua ausencia de su mejor aliado (Jordi Alba), la psicología y los oscuros episodios de sus representantes económicos –el embargo de bienes por 48 millones de dólares– lo ha llevado a perder la lucidez que irradió en el año del Triplete. Y esto no es sensacionalismo. Es plasmar lo que se ve en el campo. Y ahí es donde pudiese aparecer el verdadero protector del Sistema: Luis Suárez.

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Messi es Einstein y Suárez, Bolívar. Uno es el genio que maneja a placer la relatividad y el otro, el guerrero sudamericano que enfrenta sin resquemor a los imperios del mundo. ¿El mejor 9 de todos? No lo sé, pero sin dudas es el mejor 9 para el Sistema. Para Messi. Para el Barcelona. Su olfato de la ubicación y el romance con las redes puede sustituir la estética que transmite el 10.

Los problemas en defensa se mantendrán. Mascherano está – sin dudas – en el peor inicio de temporada desde que firmó por el Barcelona. Los laterales siguen en una pugna que probablemente culmine con la definitiva confirmación de Sergi Roberto por la derecha –mientras llega Vidal-, y de la nueva versión de Alves el mediocampista. Piqué deberá lidiar con este desastre promovido desde la gerencia deportiva, y remendado por Luis Enrique. Gerard es el alma de una línea defensiva que se está reinventando. Grimaldo quiere asomarse, pero no lo dejan. Vermaelen demostró su calidad y su maldición. Si regresa aportará en el momento donde se pelean los títulos. Y Bartra es una moneda al aire.

Cuando el sistema falla los problemas se multiplican, y las soluciones se reducen. Estos dos meses exigirán al máximo el talento del cuerpo técnico que preside Luis Enrique. El cronómetro ya está en marcha, y el Rey del Mundo, deberá reinventarse para no ceder espacios a las bestias blancas y de colores que esperan quitarle el cetro.

luisenrique

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