Literatura hecha pelota

Literatura hecha pelota

Por Gabriel Tuñez (@gabtunez)

En 1995, Osvaldo Soriano se convirtió en el escritor mejor pago de la Argentina, cuando la editorial Norma compró los derechos de sus libros publicados, y las próximas tres obras, por 500 mil pesos/dólares del menemismo que tanto despreciaba. Sentado en un estudio de televisión, un raro escenario para su admitida timidez, el escritor recibió como pregunta si luego del acuerdo contractual se sentía Gabriel Batistuta, el delantero que había sido máximo capocannoniere del Calcio en aquella temporada con 26 goles, varios de ellos marcados en 11 partidos seguidos.

La comparación futbolera fue recibida con gusto por el autor. “Yo hubiera querido ser como Batistuta: centrofóbal”, respondió con el cigarro apagado entre los dedos. En su adolescencia, Soriano fue un centrodelantero zurdo que jugó torneos de la liga de la Patagonia cuando vivió junto a su familia en Cipolletti. Años después, la fotografía, el periodismo y la pelota lo llevaron a Tandil, donde sufrió una lesión en la rodilla mientras jugaba para Independiente, uno de los principales equipos de la ciudad.

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La obra cumbre

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«A los seis años yo sabía que el lenguaje servía para que me regañaran o para tener un pretexto por no haber hecho la tarea. En fin, una comunicación utilitaria. Pero las narraciones de fútbol de Ángel Fernández me dieron el convencimiento que la narración es una realidad en sí misma». Aquellos relatos desde algún estadio mexicano dejaron marcas en Juan Villoro. Suelta palabras y su discurso tiene ruido de pelota. Su libro Dios es redondo, editado en 2006, retrata la pasión por este juego. «El sistema de referencias del fútbol está tan codificado e involucra de manera tan eficaz a las emociones que contiene en sí mismo su propia épica, su propia tragedia y su propia comedia», define el novelista. Y con esa claridad, elige también el gol más hermoso de la historia en una entrevista con el diario Página 12: «El mejor gol que he visto y que tuve la suerte de ver por estar en el estadio es el mejor gol legal de la historia de los mundiales: el gol que Maradona le anotó a Inglaterra en 1986 sorteando prácticamente a media selección británica. En ese mismo partido anotó también el mejor gol ilegal, el famoso gol de la Mano de Dios. Destaco la capacidad de Maradona para darle una significación especial a su gol ilegal. Decir que alguien anota un gol con maña, sin que lo vea el árbitro, eso es una picardía, es robarle algo a la fortuna. Pero declarar después que fue la Mano de Dios es crear un mito».

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Desde el cielo te voy a alentar

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Inmortal. Como las letras de sus cuentos y los remates de sus dibujos. Eterno. Como sus observaciones lúcidas y su olfato para percibir lo popular en el contacto con el hombre común. Infinito. Como su sentimiento por Rosario Central. El Negro Fontanarrosa murió allá por el invierno de 2007. Se despidió en cuerpo y alma. No en las historias ingeniosas de sus libros. Tampoco en los recuerdos del inconsciente colectivo. En el diario de hoy se habla de su mito, al cumplirse 70 años de su nacimiento. Y más aún, cuando Central recorre la sala de espera para jugar una final. Será contra Huracán, por la Copa Argentina. Y entre los cuerpos con el corazón azul y amarillo, el aliento del Negro sonará desde el cielo. Habrá pasión en cada uno de sus cantos, de sus movimientos de brazos, de sus gritos. Y el fanatismo se entenderá, sobre todo, por aquella descripción que hizo en un cuento dedicado a su vida junto al Canalla. Va un extracto de Mi historia con Rosario Central. A la memoria de Fontanarrosa y su sentimiento futbolero. Ahora y siempre. Qué lo parió. Continue Reading

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Se dice de ti

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En su libro El largo viaje de Pep, el español Martí Perarnau suelta conceptos sobre el Barcelona horneado por Guardiola y concluye, además, que «el fútbol es un deporte de palabras y adjetivos». Alejandro Sabella, DT de la Argentina, coincide con ese análisis, pero pone un freno y propone mirar más lejos en el mundo de las letras. Y todo, por un habitante de su plantel. Dice el técnico de la Selección: «A propósito de que Messi está en España, la Real Academia debe inventar una palabra que lo defina con exactitud». Nada se sabe aún sobre esa tarea de la institución académica, pero varios escritores eligieron pisar el tablero verde de la literatura. Jugaron con los análisis y tocaron de primera sobre la Pulga. Aquí, un repaso por cinco visiones sobre el crack argentino. El chico que no podía crecer, pero dio el gran salto. Y ahora, fantasea con mostrar la Copa del Mundo al sueño de Brasil.

Las jugadas de Messi son comparables a las sonatas de Arturo Benedetti Michelangeli, a los rostros de Rafael, a la trompeta de Chet Baker, a las fórmulas matemáticas de la teoría de los juegos de John Nash, a todo lo que deja de ser sonido, materia, color, y se convierte en algo que pertenece a todos los elementos, a la vida misma” (Roberto Saviano, escritor italiano).

“Si ya superó la etapa de creerse Maradona, no tendrá problemas en superar la de creerse Messi y entonces sí, va a ser glorioso: sin creerse, sólo creando, puede llegar a ser un jugador de fútbol como nunca se ha visto, uno tan grande que ni siquiera necesite nombre» (Martín Caparrós, escritor argentino).

Foto de Jamie McDonald/Getty Images Europe Vía Zimbio.com

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Conociéndote

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Se abre el cajón del Mundial ’90 y los recuerdos gratos dominan el archivo del seleccionado argentino. Hay fotografías, audios y escenas eternas. El corazón vuelve a galopar con el slalom maradoniano contra Brasil y la gambeta deliciosa de Caniggia. Las lágrimas abren un surco de emoción con su cabezazo goleador ante Italia y las manos de acero de Goycochea en los penales. La boca vuelve a soltar insultos con el Diez en los silbidos al himno y el penal dudoso para Alemania. Y detrás de esos recuerdos, asoma un momento más íntimo. Un instante lejos de un state italiano. El encuentro de la literatura y la pelota. En la concentración de Trigoria, Osvaldo Soriano tuvo su primer cara a cara con Maradona. Quiso mirarlo de costado, pero el talento del capitán fue más fuerte. Con un balón en sus plantas y los dedos sobre un teclado, el Gordo le puso títulos y letras a ese mano a mano. Es la hora de leer Cuando te conocí. Un relato delicioso, tierno, brillante…
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Héroe por primera vez

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Los obreros de la tinta y el papel tecleaban los nombres de la Selección y, de a poco, le hacían espacio a una cara nueva. Ya no sólo mencionaban a Passarella, Kempes y Bertoni, entre otros protagonistas de peso. También describían los trazos de Maradona en las crónicas de cada día. Sus producciones deslumbraban en las prácticas. Y por ese encantamiento, el Flaco Menotti le abrió las puertas del equipo con apenas 11 partidos de rodaje en Primera. “Cuando le salga de acá, vaya al hotel a concentrarse. Lo único que le pido es que no se le diga a nadie. Si quiere, coménteselo a sus padres, pero evite que se entere el periodismo. No me gustaría que se pusiera nervioso», le confió el DT, el 26 de febrero de 1977, en el cierre del ensayo. Y el día después, cristalizó su estreno en celeste y blanco. El futbolista de 16 años y cuatro meses entró por Luque en el segundo tiempo y, con el número 19 tatuado en su espalda, fue testigo del 5-1 contra Hungría en la Bombonera. Al anochecer, contó años después en su autobiografía, no soñó nada. Durmió como nunca.

 

Las letras de aquel rival quedaron unidas su biografía por duplicado. Más de cinco años después, Maradona volvió a encontrar a Hungría en su camino. ¿La fecha? 18 de junio de 1982. ¿El motivo? Segundo partido de la Selección en el Mundial de España. Después de la derrota inesperada ante Bélgica en el debut, el Diez se hizo cargo de la pelota, tomó los hilos del equipo y convirtió dos goles. Sus primeros gritos en una Copa del Mundo. Aquellos disparan una pieza de colección: desde el palco de prensa, Mario Vargas Llosa siguió la producción del futbolista argentino y lo retrató en una crónica maravillosa. “Maradona y los héroes”, tituló aquel texto. Va el recuerdo a 35 años de ese día. Pasen y lean. Continue Reading

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Leer el juego (por Juan Villoro)

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Se oye ruido de pelota en la cabeza de Juan Villoro. El escritor mexicano es conocido en el planeta por sus novelas y, también, sus crónicas de fútbol. «El juego que no sólo sucede en la cancha, sino también en la mente de los aficionados», según opinó tiempo atrás en una entrevista con el diario El Siglo de Torreón. Su sentimiento por el balón y las letras lo impulsaron a publicar dos obras recomendables: Los once de la tribu (1995) y Dios es redondo (2006). Y entre sus cuentos de alto vuelo, emerge Yo soy Fontanarrosa, el elegido de esta sección en De Fútbol Somos. Un texto en el que la imaginación de Villoro une a Tolstoi, Joyce y Kafka en un equipo de fútbol. El encuentro literario y pelotero, en principio, puede parecer insólito. Al cabo, resulta brillante. Pasen y lean.

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El Impresentable

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Desde hace más de un año, Leer el Juego abre las mejores páginas de la literatura futbolera. Los cuentos de Eduardo Galeano, Juan Sasturain y el Negro Fontanarrosa, entre otros cracks de la pluma y la pelota, le dan vuelo a los domingos. La bola gira de la mejor manera con la inspiración de estos escritores. Atrevimiento de por medio, hoy comparto con ustedes un cuento que escribí tiempo atrás. Su título es El Impresentable y tomó forma durante las clases en el taller literario de Sandra Russo. Aquella mañana, recuerdo, hubo críticas positivas en la clase. Ojalá ocurra lo mismo en esta presentación en la sociedad blogger. Que lo disfruten.

Por Santiago Tuñez

Entro a Acatraz y los veo a los tres, sentados ahí, en la mesa del medio. Son Richard, el Pelado y el Gurú. Los conocí hace un año, cuando me cortaron el cable por estar colgado a la jubilada del 1° B, y salí por el barrio a buscar un lugar donde ver los partidos del Atlético. De entrada, caí en el bar del Enano, al lado de casa, pero ese domingo se perdió contra el Sport. No era conveniente ver otro partido ahí, según mi manual cabulero, por lo que al otro fin de semana probé en Acatraz para cambiar la racha. Esa tarde se ganó contra Mitre. Y de poco, se hizo un hábito ver los partidos del Atlético en este bar. Continue Reading

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