Literatura hecha pelota

Literatura hecha pelota

Por Jordi Urbea y Gabriel García de Oro

Cuenta el periodista Guillem Balagué dentro del reportaje Informe Robinson, palabra de Mourinho, que cuando el portugués era entrenador del Chelsea, en una fiesta, el de Setúbal se acercó a Terry, capitán del equipo en aquel momento, y le dijo que Lampard decía que no estaba fuerte, que debía trabajar más, que se le veía flojo. A su vez, Mou se acercó a Lampard y le dijo exactamente lo mismo que supuestamente le había dicho Terry. Continue Reading

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Ya había jugado algunos partidos en las inferiores de Universitario, el club con el que pintó su corazón y del que es socio honorario. Incluso, se había dado el gusto de patear algunas pelotas en el Estadio Nacional. Pero sólo una noche de 2010, en el estadio Santiago Bernabéu, Mario Vargas Llosa sintió en sus vísceras el miedo escénico de un futbolista. “Es una experiencia exaltante y terrorífica. Estar en el centro del estadio del Madrid, con las tribunas abarrotadas, exaltadas, te da la impresión de lo que debieron de ser los circos romanos. El jugador, que es aplaudido o vilipendiado por esa multitud gigantesca, vive esa psicología de masas… ¡Debe de ser estremecedor!”, aseguró el escritor peruano. Continue Reading

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Será siempre el hombre que hilvanó palabras y escenas para darle forma a El Nombre de la Rosa, uno de los libros más vendidos en el último siglo. También, el que exploró la irracionalidad de los grupos terroristas y las mafias económicas en El Péndulo de Foucault. Y el que en su último libro, Número Cero, describió la redacción imaginaria de un diario creado en 1992 -año de la investigación Mani Pulite en Italia- para desinformar, difamar adversarios, chantajear, manipular, elaborar dossieres y documentación secreta. Continue Reading

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Son 14 personalidades de distintos ámbitos culturales. Y cada una, con el mismo sonido en su inconsciente. El sonido del cuero redondo que va de acá para allá y diagrama momentos trascendentales de su vida. Ahí está Eduardo Sacheri, a quien el fútbol le dio una bocanada de satisfacción en medio de la tristeza por la muerte de su padre. También el filósofo Tomás Abraham, que dice transformarse y quedarse en un rincón de su casa cuando la Selección juega un partido importante. Y la Mona Giménez, símbolo del cuarteto cordobés, que pone stop a la música y habla de su pasión por Belgrano. Continue Reading

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Desde los primeros tiempos de este blog, Leer el Juego abre las mejores páginas de la literatura futbolera. Los cuentos de Eduardo Galeano, Juan Sasturain y el Negro Fontanarrosa, entre otros cracks de la pluma y la pelota, le dan vuelo a cada cambio de frente. La bola gira de la mejor manera con la inspiración de estos escritores. Atrevimiento de por medio, hoy comparto con ustedes un cuento que escribí tiempo atrás. Su título es El Impresentable y tomó forma durante las clases en el taller literario de Sandra Russo. Aquella mañana, recuerdo, hubo críticas positivas en la clase. Ojalá ocurra lo mismo en esta presentación en la sociedad blogger. Que lo disfruten.

Por Santiago Tuñez

Entro a Acatraz y los veo a los tres, sentados ahí, en la mesa del medio. Son Richard, el Pelado y el Gurú. Los conocí hace un año, cuando me cortaron el cable por estar colgado a la jubilada del 1° B, y salí por el barrio a buscar un lugar donde ver los partidos del Atlético. De entrada, caí en el bar del Enano, al lado de casa, pero ese domingo se perdió contra el Sport. No era conveniente ver otro partido ahí, según mi manual cabulero, por lo que al otro fin de semana probé en Acatraz para cambiar la racha. Esa tarde se ganó contra Mitre. Y de poco, se hizo un hábito ver los partidos del Atlético en este bar. Continue Reading

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Por Gabriel Tuñez (@gabtunez)

En 1995, Osvaldo Soriano se convirtió en el escritor mejor pago de la Argentina, cuando la editorial Norma compró los derechos de sus libros publicados, y las próximas tres obras, por 500 mil pesos/dólares del menemismo que tanto despreciaba. Sentado en un estudio de televisión, un raro escenario para su admitida timidez, el escritor recibió como pregunta si luego del acuerdo contractual se sentía Gabriel Batistuta, el delantero que había sido máximo capocannoniere del Calcio en aquella temporada con 26 goles, varios de ellos marcados en 11 partidos seguidos.

La comparación futbolera fue recibida con gusto por el autor. “Yo hubiera querido ser como Batistuta: centrofóbal”, respondió con el cigarro apagado entre los dedos. En su adolescencia, Soriano fue un centrodelantero zurdo que jugó torneos de la liga de la Patagonia cuando vivió junto a su familia en Cipolletti. Años después, la fotografía, el periodismo y la pelota lo llevaron a Tandil, donde sufrió una lesión en la rodilla mientras jugaba para Independiente, uno de los principales equipos de la ciudad.

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La obra cumbre

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“A los seis años yo sabía que el lenguaje servía para que me regañaran o para tener un pretexto por no haber hecho la tarea. En fin, una comunicación utilitaria. Pero las narraciones de fútbol de Ángel Fernández me dieron el convencimiento que la narración es una realidad en sí misma”. Aquellos relatos desde algún estadio mexicano dejaron marcas en Juan Villoro. Suelta palabras y su discurso tiene ruido de pelota. Su libro Dios es redondo, editado en 2006, retrata la pasión por este juego. “El sistema de referencias del fútbol está tan codificado e involucra de manera tan eficaz a las emociones que contiene en sí mismo su propia épica, su propia tragedia y su propia comedia”, define el novelista. Y con esa claridad, elige también el gol más hermoso de la historia en una entrevista con el diario Página 12: “El mejor gol que he visto y que tuve la suerte de ver por estar en el estadio es el mejor gol legal de la historia de los mundiales: el gol que Maradona le anotó a Inglaterra en 1986 sorteando prácticamente a media selección británica. En ese mismo partido anotó también el mejor gol ilegal, el famoso gol de la Mano de Dios. Destaco la capacidad de Maradona para darle una significación especial a su gol ilegal. Decir que alguien anota un gol con maña, sin que lo vea el árbitro, eso es una picardía, es robarle algo a la fortuna. Pero declarar después que fue la Mano de Dios es crear un mito”.

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Te volví a ver, vieja

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Por Marcos Javier Villalobo (@mjvillalobo)

Recuerdo ese instante. Parecía tan decadente, me sentía afligido, y ahora no puedo comprender haberme sentido de tal forma. Para mi es una añeja anécdota.

Aunque el desenlace fue tan raro que me dolió.

Se coronó con lágrimas, sí, fue así; y también con dos vasos de vino tinto puro. No tengo remordimientos, es por eso que lo cuento. Aunque no cometí un delito.

Me sentí un infeliz. Muchas veces me sentí así, pero en ese momento creí que era el tipo más desdichado.

Interrogué a los sentimientos, litigué con mis creencias e imaginé figuras cadavéricas. Hoy lo recuerdo y me asombro. Tal vez transgredí mis emociones y me culpé demasiado. Pero es que estaba enajenado, y el encierro, en mi habitación, con mis demonios, delató ese instante, que fue justamente un instante pero repugnante para ese entonces. No es un grato recuerdo. Ahora lo cuento para descargarme y por el desenlace.

pelota

Había dormido gran parte de la tarde. La siesta en los pueblos es sagrada, pero ese día descarrilé y dormí de más. Me levanté desorientado, como dice mi hermano “más desorientado que perro en cancha de bochas”. Y salí a caminar sin ni siquiera haberme lavado la cara. Caminé. Hasta que vi esa imagen. Fue un accidente. No debí haber estado en ese lugar, pero estaba.

Y la vi, la volví a ver. A ella, a quien había “extraviado” de pequeño. La recuerdo por sus marcas. Estaba diferente. Yo también estaba distinto. Todos cambiamos con el paso del tiempo. La vi en la vereda de la antigua casa del barrio. Apoyada sobre un cantero adornado con piedritas blancas y negras. El sentimiento que se me cruzó fue deshonesto, lo admito. Pero era ella; sí, ella. Desgastada por los años, pero ella al fin. Continue Reading

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