Cabeza de acero

A un toque

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Tevez festeja el primero de sus dos goles contra Malmö en la Champions League. Foto de  Valerio Pennicino/Getty Images Europe / Vía Zimbio

Tevez festeja el primero de sus dos goles contra Malmö en la Champions. Foto de Valerio Pennicino/Getty Images Europe / Vía Zimbio

Por Santiago Tuñez

Anochece en Fuerte Apache. La melodía de una cumbia musicaliza el primer piso de la Torre 1. Una familia se acerca a la mesa y comparte el menú austero. El final del día parece traer relax, hasta que la banda de sonido cambia de ritmo. Se oyen corridas, gritos desesperados, disparos… Segundo Tevez y Adriana Martínez toman de la mano a sus hijos y uno de sus sobrinos. Escapan a una de las habitaciones del departamento, mientras el fogonazo de las balas relampaguea en la oscuridad. Al rato, el temor se disuelve y la rutina vuelve a galopar con tranquilidad. La escena queda alojada en uno de los chicos. Templa su carácter para siempre.

“La vida era así en el Fuerte. Aunque supieras que no era normal, ni estaba bien, te acostumbrabas a eso”. Carlos Tevez recuerda, años después, esa fotografía de la infancia junto a sus tíos maternos. No hay casualidad en la elección. Las dificultades, como aquellos días en el complejo habitacional, inflan su ánimo. Ya no tiene los pies descalzos, ni patea piedras en una cancha sin pasto, pero su esencia mantiene aquella pureza. Nada lo hunde en los momentos turbulentos. El delantero se fortalece hasta llegar al triunfo personal. Es, en efecto, un corazón rebelde.

Con la 10 de Juventus, aquella que usò Del Piero. Tevez asumió el desafío y salió ganador. Foto de Valerio Pennicino/Getty Images Europe. Vía Zimbio

Con la 10 de Juventus, aquella que usó Del Piero. Tevez asumió el desafío y salió ganador. Foto de Valerio Pennicino/Getty Images Europe. Vía Zimbio

Hay una saga de ejemplos que demuestra el temple de Tevez en la adversidad. El último puede ubicarse en su presentación como nueva cara de Juventus. Lo reciben con la camiseta número de Alessandro Del Piero y le recuerdan sus goles, los títulos, el legado en el club. “Es un placer usar su camiseta y asumo la responsabilidad, pero yo me puse la 10 que Maradona usó en Boca”, devuelve Carlitos. Hoy, en el comienzo de su segunda temporada en Turín, luce un Scudetto (con 19 goles) y el fin de una racha de cinco años sin convertir en Champions League, gracias a sus dos festejos días atrás contra Malmö. El fantasma de Del Piero sobrevuela lejos de su mente.

A cada desafío, una respuesta. “No sé de qué juega Tevez”, lo aguijonea Carlos Bianchi, al comenzar su segundo ciclo como DT de Boca. Es más, no lo incluye en el plantel que juega la primera fase de la Libertadores 2003. La réplica del delantero es furiosa. Le convierte un gol a Cobreloa en cuartos de final, tres a América de Cali en las semis y uno a Santos en la definición. Cinco gritos en duelos de alto voltaje. Un sprint que lo retrata abrazado a Bianchi, con la Copa en sus manos. Nada más. Nada menos.

Para los que se ilusionan con que mi ciclo en la Selección está terminado, no se olviden que vengo de un lugar donde decían que triunfar era imposible”, escribió en Twitter después de quedar fuera del Mundial de Brasil. En la esencia de esa frase, está la razón de sus éxitos en el fútbol.

Lo espera, a principios de 2005, el aterrizaje en el fútbol brasileño. Corinthians, un plantel dividido por los millones de dólares de su contrato y la presión mediática del presidente Lula Da Silva prometen croquetearle la cabeza y dañar su ánimo. Nada de eso, sin embargo, deja en terapia a Tevez. El cartel de la película vuelve a tenerlo como protagonista principal. Se queda con la capitanía, gana el Brasileirao y la bandera celeste y blanca ondea en manos de la torcida. Sí, en la tierra de Pelé, Ronaldo y Ronaldinho, un argentino lleva la corona futbolera.

Después de un duro cruce con Roberto Mancini, volvió a ser titular y fue campeón con Manchester City en la Premier League. Foto de Alex Livesey/Getty Images Europe / Vía Zimbio.

Después de un duro cruce con Roberto Mancini, volvió a ser titular y fue campeón con Manchester City en la Premier League. Foto de Alex Livesey/Getty Images Europe / Vía Zimbio.

A la conquista del torneo brasileño, le sigue la llegada a la Premier League tras el Mundial 2006. Primero evita el descenso con West Ham, Alex Ferguson lo observa de cerca y pide su contratación. Ni las seis fechas sin goles bloquean el ánimo de Tevez. De a poco, suma rodaje, festeja la Champions contra Chelsea y cierra 2008 con la vuelta en el Mundial de Clubes. Eso no frena su impulso por seguir entre los titulares y la contratación del búlgaro Berbatov lo enfrenta al mito: “Me sentí triste y menospreciado después de darlo todo por el equipo y ver cómo el DT no era capaz de decirme nada. Ferguson me engañó”.

Es una factura verbal. El puñal llega más tarde y se cristaliza con su llegada al Manchester City. La rivalidad, con críticas e insultos incluidos, encienden el motor de Tevez. Entra en combustión con dos goles al United y festejos desafiantes ante Ferguson. Y desplanta, también, a Roberto Mancini, su DT de turno, tras negarse a entrar ante Bayern Munich. “Conmigo no juega más”, avisa el italiano. A su mesa lo llaman y, meses después, el argentino termina entre los titulares que le dan el City el título de la Premier League después de 44 años.

Aquella escena de Fuerte Apache lo impulsa en la vida diaria. Hoy disfruta de su convocatoria a la Selección, después de tres años de ausencia. “Si tengo que decir dónde lo imagino, por la forma en que me gusta jugar; únicamente de número 9”, avisó Tata Martino. El avión rumbo a Inglaterra, donde la Argentina jugará un amistoso ante Croacia y otro frente a Portugal, está lejos del despegue. Y en la puerta de embarque, luego de no haber jugado el Mundial, asoma Tevez. El futbolista con barro en el rostro y bisturí en los botines. El hombre con cabeza de acero. Y corazón rebelde.

 

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