A 30 AÑOS DE LA ÚLTIMA BATALLA DE BILARDO: “¿QUIEREN QUE NO TENGA LA CONCIENCIA LIMPIA? ¡SI ME MATÉ POR LA SELECCIÓN!”

A un toque

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-Quedate, Carlos, hasta el 2000 si es necesario.
-No, Julio, muchas gracias. No puedo seguir al mando de la Selección. Ya dije que me iba, está decidido. No soy de volverme atrás.

En los cimientos del estadio de San Paolo, Bilardo festejaba el triunfo contra Italia por penales. Ni siquiera la propuesta irresistible de Grondona lograba sacarlo de foco. Sólo quería cristalizar sus palabras y, después de la segunda final al hilo ante Alemania, decir adiós. Y así lo hizo, nomás: el 8 de julio de 1990, hace hoy 30 años, dirigió por última vez al seleccionado argentino.

Fue el cierre de un ciclo iniciado en mayo de 1983. La edición definitiva de un libro que había sido best seller en México ’86 y mantenido su mística al defender el título en Italia ’90. Todo, pese a las críticas feroces de un sector del periodismo. Luego del partido, en una entrevista con El Gráfico, Bilardo recorrió su etapa en la Selección y los sacrificios realizados junto a su cuerpo técnico. La emoción de la victoria contra Italia y el orgullo por sus jugadores, más allá de la derrota ante Alemania en la final. Y de paso, se animó a proponer el nombre de su reemplazante en la Selección. Aquí, las principales frases de aquella nota…

“Mi mayor virtud es la coherencia. Hace 30 años que creo en lo mismo. Por suerte, los resultados indican que éste es el camino correcto”.

“¿Qué sentí la noche del triunfo contra Italia? Algo increíble. Jugamos bien, mejor que ellos, pero esa definición por penales fue una locura. Nunca sufrí tanto, nunca gocé tanto”.

“Me gustó la hidalguía de los muchachos. A pesar del dolor que sentían en ese momento, se quedaron para aplaudir a los alemanes. Eso me hizo sentir orgulloso”.

“Debe reemplazarme alguien que siga esta línea, porque es la indicada y la que podemos imponer para siempre. Nadie como Pachamé para interpretarla. Sabe todo. Creo que él debe ser la cabeza de un cuerpo técnico integrado por hombres consustanciados con nosotros”.

“Yo firmé con la Selección en enero de 1983 por menos plata de la que ganaba en Estudiantes, me importaba dirigir a Argentina. Pero eso no fue nada. Pusimos una indexación del 70% cada tres meses; o sea, un poco más del 20% mensual. ¿Sabés que inflación hubo? El primer mes, 100%; el segundo, 120%; y el tercero, 140%. A los dos años, la AFA me dijo: ‘Bilardo, con lo que usted gana no puede ni comer’. ¿Y sabés lo que contesté? Que no me interesaba, que ése era el acuerdo y que si me tocaba perder, perdía. Para peor, arrastré conmigo a Pachamé, al profe Echeverría y a Madero”.

“Lo que tengo está a la vista. Vivo en una casa de barrio, no en una mansión en las Lomas de San Isidro; tengo dos autos más o menos, una quinta en Moreno, ¿qué más? ¿Eso es ser millonario? Hay gente que se confunde”.

“En estos cuatro años dejé todo, todo, todo… La familia, los amigos, todo para armar un equipo más o menos competitivo. Armé un grupo, lo vendieron; armé otro, también lo vendieron… Entonces agarré un bolso y empecé a andar por el mundo con los videocasetes. En Italia, en Alemania, en Francia, en todas partes… Con un jugador, con otro, en la casa de éste, en la casa de aquel, trepado a trenes, bajando y subiendo… ¿Quieren que no tenga la conciencia limpia? Si me maté”.

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